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6.4. Juan Casiano (+ 435)

Para una “biografía” de Juan Casiano[1]

Casiano habría nacido entre 360 y 368 en la provincia romana de Scythia minor, actual Rumania, región de conjunción de las culturas griega y latina[2].

Según parece sus padres eran cristianos y, sin duda, recibió una buena formación humanística, como él mismo lo atestigua:

«Sobre las miserias que son patrimonio común de las almas y que no dudo combaten desde fuera a los espíritus débiles, hay en mí una en particular que se opone al desarrollo de mi vida espiritual. Es el mediocre conocimiento que me parece tener de la literatura. Ya sea por el interés que se tomó en mí el pedagogo, ya sea por mi afición de discípulo a la lectura, me impregné de ella hasta el fondo. En mi espíritu se fijaron tan al vivo las obras de los poetas, las fábulas frívolas, las historias bélicas de que fui imbuido en mi infancia y mis primeros ensayos en los estudios, que su memoria me ocupa inclusive a la hora de la oración»[3].

Su conocimiento del griego era bastante bueno y durante su estadía en Oriente llegó a perfeccionarlo[4].

Joven todavía, hacia 380, Casiano abandonó su patria y junto con su amigo Germán se dirigió a Palestina: «viaje que habíamos emprendido para formarnos en la milicia espiritual, como así también en los santos ejercicios del monasterio» (Conf 16,1).

Cuando llegó a Jerusalén, se detuvo poco tiempo en la ciudad, y con Germán se dirigió a un monasterio de Belén «situado no lejos de la cueva donde nuestro Señor Jesucristo se dignó nacer de la Virgen» (Inst 4,31); allí se hicieron monjes y recibieron los rudimentos de la vida cenobítica.

En Belén pasó un tiempo que es difícil determinar con precisión[5]. Y fue estando allí que el abad Pinufio, habiendo dejado Egipto, se dirigió a Palestina con el deseo de «permanecer oculto si se trasladaba a aquellos países donde la fama de su nombre no había llegado todavía» (Inst 4,31), y habitó en el monasterio betlemita, por poco tiempo. Probablemente influido por esta visita, Casiano solicitó permiso para emprender un viaje por los desiertos egipcios.

En Egipto recorrió primero el desierto de Panéphysis (ver Conf 11,2), trasladándose después a Diolcos, «junto a una de las siete bocas del delta del Nilo» (Conf 18,1). Casiano expresaba así el objetivo de su recorrido:

«Nos dirigimos allá no tanto impulsados por la necesidad del camino cuanto movidos por el deseo de contemplar de cerca a los santos varones que moraban en estos parajes. Sabíamos por referencias que había allí muchos monasterios establecidos por los más antiguos Padres. Al modo de codiciosos mercaderes ebrios de riquezas, y con la esperanza de una ganancia pingüe, nos decidimos a embarcar como quien se lanza en pos de una fortuna incierta» (Conf 18,1).

Después de visitar Diolcos, Casiano y Germán regresaron a Panéphysis, pero finalmente optaron por dirigirse al desierto de Escete donde se instalaron por largo tiempo junto a algunos ancianos célebres.

Visitó asimismo Nitria y Las Celdas. Después de siete años de permanencia en Escete, Casiano volvió a Palestina por un breve lapso para visitar a sus antiguos hermanos del monasterio de Belén, y retornó a Egipto hacia 386.

En el año 399, se produjeron las controversias origenistas, una verdadera polémica entre Teófilo, arzobispo de Alejandría, y los monjes, suscitada por una carta de aquél contra los antropomorfitas:

«Según costumbre, llegaron de Alejandría las cartas oficiales del obispo Teófilo. Pero, no satisfecho éste con anunciar la Pascua, compuso también un tratado dogmático contra la absurda herejía de los antropomorfitas, refutándola con abundancia de argumentos. Esto provocó un general descontento entre los monjes, cuya simplicidad les había inducido con la mayor buena fe a aquel error. Muy pronto, un gran número de ancianos recibieron estas letras de tan mal talante, que opusieron resistencia al obispo, declarando que era reo de grave herejía. Decidieron que toda la comunidad de los monjes debía considerarle como a excomulgado, puesto que contradecía abiertamente a la Sagrada Escritura, negando que el Dios todopoderoso tenía figura humana, cuando el Génesis dice formalmente que Adán fue creado a su imagen. En una palabra: los monjes que moraban en el desierto de Escete, y eran considerados tanto en ciencia como en santidad superiores a los de los monasterios egipcios, rechazaron de común acuerdo la carta episcopal. Entre los sacerdotes hubo una sola excepción: nuestro presbítero, el abad Pafnucio. De los demás que presidían las otras tres iglesias del yermo, ninguno en absoluto permitió leerla o recitarla en las asambleas» (Conf 10,2).

Dicha controversia, que agitó sobremanera los ambientes monásticos, terminó con la expulsión de los origenistas (partidarios y seguidores de las doctrinas de Orígenes de Alejandría). Casiano entonces abandonó Escete junto a varios de los discípulos de Evagrio Póntico, de quien mucho había aprendido y que, a pesar de que nunca lo menciona en sus obras, sin duda ejerció en él una influencia considerable.

Atraído por la fama de Juan Crisóstomo, Casiano se instaló en Constantinopla, donde aquel había recibido a los «origenistas» que se vieron obligados a abandonar Escete.

En 404, fue ordenado diácono por el Crisóstomo: «Fui admitido al sagrado ministerio por el Obispo Juan, de feliz memoria, y consagrado a Dios...»[6].

Dos pasajes de las Instituciones[7] dejan entender que Casiano aceptó la ordenación con muy poco entusiasmo de su parte:

«Por todo lo dicho se comprenderá el valor de una máxima de los antiguos Padres, que ha conservado hasta nosotros toda su vigencia: “El monje debe huir a ultranza de las mujeres y de los obispos”. No puedo mentar estas palabras sin gran confusión mía, pues no he sabido evitar el trato de mi hermana ni escapar de las manos del obispo. Cuando el monje ha trabado relación o familiaridad con unas o con otros, deja de gozar de su libertad. Ya no le es posible consagrarse al silencio de su celda ni entregarse con ojos puros a la contemplación de las cosas santas» (Inst 11,18).

Tal vez por eso recuerda su ordenación sacerdotal con cierto aire de pesar:

«Conozco un hermano (se refiere a él mismo) -y pluguiera al cielo que no lo hubiera conocido, pues luego de lo que voy a contar consintió en ser investido del sacerdocio, esta carga con la que yo he sido honrado-...» (Inst 12,20).

Las noticias que poseemos sobre Casiano hasta 415 son escasas. En Constantinopla se dedicó al servicio de la Iglesia de la ciudad[8], y es posible que en 404 haya partido hacia Roma, llevando una carta del clero de Constantinopla dirigida al Papa Inocencio I, alertándolo sobre las intrigas que se tejían contra el Crisóstomo. Durante este período recibió la ordenación sacerdotal y se relacionó con el futuro papa León Magno, quien era a la sazón archidiácono de la Iglesia de Roma[9]. Todo esto nos indica que Casiano pasó entre diez y quince años inmerso en las cuestiones eclesiales de su tiempo. Con toda probabilidad en este mismo año (404) su amigo Germán, quien lo había acompañado desde que comenzó su peregrinar monástico, moría en Roma.

La última etapa de la vida de Casiano se desarrolla en la Galia. Entre 415-417, llegó a la Provenza, y lo encontramos en Marsella donde se establece y funda dos monasterios: uno masculino y otro femenino. Se los suele identificar como los de San Víctor y San Salvador, respectivamente.

En esa región ya existían otras fundaciones, como es el caso del monasterio de Menerbes, fundado por el obispo Cástor, de la diócesis de Apt, a quien Casiano dedicó las Instituciones.

La preocupación de Casiano en estos tiempos consistía en la organización del monacato occidental que ya el gran cenobio de Lerins había implantado. Haciendo uso de su amplia experiencia monástica adquirida en el Oriente, intentó integrar los elementos esenciales del anacoretismo en el estilo de vida cenobítico de Occidente.

Toda su producción literaria es obra de madurez. Animado por el obispo Cástor compuso entre los años 418-420 las Instituciones Cenobíticas; entre 420 y 430 las Conferencias Espirituales (o Colaciones). Finalmente, en 430, a pedido de su amigo León, futuro obispo de Roma (san León el Grande), redactó su tratado De la Encarnación del Señor contra Nestorio.

Juan Casiano falleció en Marsella hacia 434 o 435.

 


[1] En esta introducción se presentan datos esenciales sobre la vida y obra de Juan Casiano. Se trata de una gran simplificación, sobre todo teniendo en cuenta la amplitud de las publicaciones sobre Casiano en los últimos decenios. Debo agradecer a los PP. Bernard Guillaume Jedrzejczak, ocso, y Mark Sheridan, osb, que me han ayudado con el envío de sus trabajos. Una visión sintética de los estudios que se han dedicado a nuestro Autor en los últimos años la ofrecen Roberto Alciati, “Quarant’anni di studi cassianei (1968-2008)”, en Rivista di Storia del Cristianesimo 7 (2010), pp. 229-248; y M. Sheridan, Toward a comprehensive bibliography en https://www.academia.edu/34769940/Cassian_biblio_2017_pdf.

[2] Ver Genadio (+ 495/505), De viris illustribus 62 (61). Genadio compuso esta obra hacia el 470. Teniendo en cuenta las diversas posibilidades sobre el lugar de nacimiento de Casiano, Scythia minor sigue siendo la opción más probable.

[3] Conferencias (= Conf) 14,12; trad. en: Juan Casiano. Colaciones I, Madrid, Eds. Rialp, 1958 (Neblí, Clásicos de espiritualidad, 19). Y Juan Casiano. Colaciones II, Madrid, Eds. Rialp, 1961 (Neblí, Clásicos de espiritualidad, 20).

[4] Casiano no solo tenía una gran dominio de las técnicas de la retórica, sino igualmente un conocimiento muy amplio de los conceptos filosóficos, tanto en griego como en latín.

[5] La fecha de su llegada y el tiempo que permaneció en Palestina son datos difíciles de fijar con exactitud; los años 380-386, parecieran la opción más plausible.

[6] Sobre la Encarnación del Señor, 7,31,1.

[7] Abreviamos Inst; trad. en: Juan Casiano. Instituciones Cenobíticas, Zamora, Eds. ECUAM-Monte Casino, 2000.

[8] Cf. Sobre la Encarnación del Señor 7,31,4-5.

[9] Cf. Sobre la Encarnación del Señor, Prefacio, 1.