Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [89]

6.5. Las Reglas Monásticas de Cesáreo y Aureliano de Arlés

 

Cesáreo de Arlés: Regla para las vírgenes[1]

Proemio

1.1. Cesáreo, obispo, a las santas y muy venerables hermanas en Cristo, establecidas en el monasterio, que, gracias a la divina inspiración y ayuda, hemos fundado.

1.2. Ya que el Señor, por su misericordia, se ha dignado inspirarnos y ayudarnos a fundar un monasterio, hemos preparado para ustedes santas y espirituales enseñanzas sobre el modo en el cual deben vivir en el mismo monasterio según los estatutos de los antiguos Padres.

1.3. Para poder observar, con la ayuda de Dios, tales admoniciones, permaneciendo continuamente en la pequeña morada del monasterio, e implorar con asiduas plegarias la visita del Hijo de Dios.

1.4. Y así poder decir luego con confianza: Hemos encontrado a Aquél que nuestro corazón buscaba (Ct 3,4).

1.5. Les ruego, pues, sagradas vírgenes y almas consagradas a Dios, que esperen con las lámparas encendidas y con conciencia segura la llegada del Señor.

1.6. y que pidan con santas oraciones que pueda acompañarlas en su viaje, puesto que saben bien cuánto he trabajado para construir el monasterio.

1.7. De modo que, cuando entren felizmente en el reino con las santas vírgenes sabias me tengan también a mí, por sus oraciones, y no quede fuera con las necias.

1.8. Rece, pues, su santidad por mí, y resplandezcan como las gemas más preciosas de la Iglesia; las colme el divino favor de los bienes presentes y las haga dignas de los eternos.

 

Regla

2.1 Dado que en los monasterios femeninos muchas disposiciones parecen diferentes de las de los monjes, hemos elegido algunas pocas, entre las numerosas que disponemos, que puedan sernos útiles a fin de regular la vida conjunta de ancianas y jóvenes.

2.2 Hacemos, por lo tanto, con vistas a la verdad espiritual aquello que se adapta particularmente a su sexo.

2.3. En primer lugar, aquello que conviene a sus almas[2]: si alguna quiere abandonar su familia, renunciar al mundo y entrar al santo redil de las ovejas, para poder escapar con la ayuda de Dios de las fauces de los lobos espirituales, no salga hasta la muerte del monasterio;

2.4. ni siquiera para acceder a la Basílica, con la que se comunica a través de una puerta.

3.1. Se prestará atención a fin de evitar todo juramento y las habladurías malévolas como veneno del demonio.

4.1. A aquellas que Dios inspira para llevar una vida monástica no les será lícito usar inmediatamente el hábito religioso antes que su decisión no sea aprobada a través de numerosas pruebas[3].

4.2. Pero, confiada a una anciana, permanecerá por un año entero con la vestimenta con la cual ha llegado.

4.3. Sin embargo, este cambio de hábito o el serle permitido tener la cama en el dormitorio común depende de la superiora.

4.4. Ella tendrá cuidado de regular bien la cuestión; más tarde o más temprano, según llegue a conocer a la persona y la seriedad de su actitud[4].

5.1. Aquellas que hayan llegado al monasterio como viudas, o habiendo dejado a su marido o con el hábito ya cambiado no serán recibidas hasta tanto no hayan hecho, a modo de protección de su patrimonio, incluso si es modesto, un testamento, 5.2. actos de donación o de venta de modo tal que no conserve en su poder nada que pueda ser administrado o poseído personalmente.

5.3. En nombre de estas palabras del Señor: si quieres ser perfecto ve y vende todo lo que tienes[5];

5.4. y: si alguno no deja todo y me sigue no puede ser mi discípulo[6].

5.5. Les digo esto, hijas venerables, porque las monjas que poseen algo no podrán alcanzar la perfección.

5.6. Incluso aquellas que se presentan a la vida monástica desde solteras, si no cumplen con esta obligación no serán aceptadas,

5.7. o al menos no se les permitirá recibir el hábito religioso hasta que no se hayan liberado de todos los lazos con este mundo.

6.1. Aquellas que, teniendo aún vivos a sus padres, no disponen enteramente de sí mismas, o aún son menores de edad,

6.2. están obligadas a hacer el testamento cuando tengan a su disposición el patrimonio de sus padres o hayan alcanzado la edad legal.

6.3. Prescribimos esto a sus almas santas, atemorizados por el ejemplo de Ananías y Safira que, incluso habiéndole dicho a los Apóstoles que lo habían entregado todo, retuvieron una parte para sí mismos[7]; 6.4. cosa que no está bien hacer, ni está permitido, ni es útil.

7.1. A ninguna le es lícito, tampoco a la abadesa, tener una criada propia a su servicio[8], pero si se tiene necesidad de ello, pueden recibir en ayuda a una de las más jóvenes.

7.2. Y, en tanto y en cuanto sea posible, no se recibirán jamás en el monasterio, o difícilmente, niños pequeños,

7.3. sino solamente cuando tengan seis o siete años y estén en condiciones de aprender a leer y a escribir y a practicar la obediencia.

7.4. No se admitirán absolutamente hijos, sean o no de la nobleza, a fin de educarlos e instruirlos.

8.1. Ninguna podrá ejercitar a su gusto un trabajo o un arte, sino que dependerá del juicio de la anciana que dará la orden que encontrará más útil.

9.1. A ninguna le está permitido tener una habitación aparte ni un pequeño armario u otro mueble del mismo tipo que se pueda cerrar o de uso personal, sino que todas utilizarán un único ambiente, con camas separadas.

9.2. Aquellas que están enfermas o son ancianas, es necesario tenerlas en cuenta y disponer no ya que cada una tenga su propia celda, sino que se agrupen todas en una sola y allí vivan[9].

9.3. No hablarán nunca en voz alta, conforme al dicho del Apóstol: Se suprime entre vosotros todo grito[10].

9.4. No es conveniente en absoluto, ni útil hacerlo.

10.1. De modo semejante, mientras se recitan los salmos, no es lícito en absoluto ni hablar ni trabajar.

11.1. A ninguna se le permitirá ser madrina de los hijos sea de un rico o un pobre, pues aquellos que, por amor, han renunciado libremente a tener hijos propios no deben buscar asumirse como padres de los hijos de los demás; 11.2. a fin de que pueda servir plenamente a Dios sin ningún impedimento.

12.1. Aquella que, dado el llamado, llegue tarde al oficio divino o al trabajo sufrirá una reprimenda, como es justo.

12.2. Y si, habiendo sido amonestada una segunda o una tercera vez no se hubiera corregido, no será tenida en cuenta, o será excluida del comedor común.

13.1. Quien haya sido por cualquier motivo amonestada, castigada o reprobada, no ose responder a quien la reprende[11],

13.2. y que, si llegase a rechazar algunas de las órdenes recibidas, será excluida de la oración común o del comedor, según el tipo de falta cometida.

14.1. A aquéllas que trabajan en la cocina, se les otorgará un vaso de vino de más a cada una, para mitigar su fatiga.

14.2. Para cada servicio material sea tanto en la cocina como en cualquier tarea desarrollada a lo largo del día, deben relevarse en turnos, a excepción de la madre superiora y la priora[12].

15.1. Durante las Vigilias, con el objeto de que ninguna sea sorprendida por el sueño, se hará un trabajo que no impida escuchar la lectura.

15.2. Si alguna es vencida por el sueño, se le ordenará permanecer de pie, mientras las otras están sentadas, para que pueda sacudirse el torpor del sueño y no sea tibia ni negligente en la Obra de Dios.

16.1. Para el hilado de la lana reciban con humildad la cantidad cotidianamente asignada a cada una y hagan una carrera de presteza y alegría para terminar la tarea.

 


[1] Cuadernos Monásticos n. 184 (2013), pp. 73 ss. La edición crítica utilizada, con su correspondiente numeración, es la de G. Morin (Maredsous). Los 73 capítulos coinciden con la edición de Sources Chrétiennes (de Vogüé) pero la numeración interna de cada capítulo puede tener alguna diferencia de versículo. Traducción de la Prof. M. R. Di Risio. Ofrecemos solo los primeros capítulos de este texto.

[2] Cf. Regla IV Padres 4,20.

[3] Cf. Casiano, Instituciones (Inst.). 4,3,1.

[4] Cf. Casiano, Inst. 4,7.

[5] Mt 19,21 y ss.

[6] Lc 14,26-33 y ss.; cf. Visio Pauli 40.

[7] Cf. Hch 5,1 ss.

[8] Cf. Regla IV Padres 2,35.

[9] Cf. Pacomio, Praecepta 107.

[10] Ef 4,31

[11] Cf. 2 Regla de los Padres 40.

[12] Cf. 2 Regla de los Padres 3,22.