Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (99)

Capítulo sexagésimo quinto: El prior del monasterio (primera parte)

Al que Benito llama praepositus (prepósito) es el segundo luego del abad, hoy en día es llamado prior. Necesario por razones obvias, este lugarteniente del abad aparece ya en los inicios mismos del monacato. Entre los pacomianos, había segundos, no solamente en los monasterios, sino también en todas las casas. Los superiores de los monasterios y de las casas a su vez eran nombrados por el superior general del la congregación. San Basilio quiere que se designe un reemplazante del superior de la fraternidad, para suplirlo en caso de ausencia (Grandes Reglas 45,1).

A pesar de este uso generalizado, el Maestro se opone a la nominación de un segundo, por el temor de que su dignidad lo torne autosuficiente y negligente. Es solo por accidente que el puesto podrá ser ocupado: cuando un nuevo abad haya sido ordenado para suceder al anterior y que este último, en vez de morir, siga con vida. Entonces ese abad segundo, por así llamarlo, debe permanecer humilde, sumiso y observante, bajo pena de ser destituido y devuelto a su rango anterior (RM 93,43-90).

Incluso compartiendo la desconfianza del Maestro por la función del prior, Benito no asume la legislación de su predecesor. Volviendo, aunque con reticencias, a la práctica común, admite la creación de un prior, pero aclarando que sea nombrado por el abad y permanezca enteramente bajo su dependencia. Con toda claridad, al inicio del capítulo señala los graves inconvenientes de otro procedimiento, muy difundido en el monacato de su tiempo:

Sucede a menudo que, con ocasión de la ordenación del prior, se originan graves escándalos en los monasterios. En efecto, algunos, hinchados por el maligno espíritu de soberbia, se imaginan que son segundos abades, y atribuyéndose un poder absoluto, fomentan escándalos y causan disensiones en las comunidades. Esto sucede sobre todo en aquellos lugares, donde el mismo obispo o los mismos abades que ordenaron al abad, instituyen también al prior. Se advierte fácilmente cuán absurdo sea este modo de obrar, pues ya desde el comienzo le da pretexto para que se engría, sugiriéndole el pensamiento de que está exento de la jurisdicción del abad: “porque tú también has sido ordenado por los mismos que ordenaron al abad”.

De aquí nacen envidias, riñas, detracciones, rivalidades, disensiones y desórdenes. Mientras el abad y el prior tengan contrarios pareceres, necesariamente han de peligrar sus propias almas, y sus subordinados, adulando cada uno a su propia parte, van a la perdición. La responsabilidad del mal que se sigue de este peligro, pesa sobre aquellos que fueron autores de este desorden (Capítulo 65, versículos 1-10).

Que se producen tensiones entre los abades y sus priores, es algo de lo que hay muchas pruebas. Estos conflictos de personas no son sorprendentes, están en la naturaleza misma de los seres humanos. Pero la RB les asigna una causa particular, que procede de un vicio institucional. Ya en el capítulo anterior dejaba entrever el papel que jugaban el obispo y los abades vecinos en la ordenación de un nuevo abad. En el presente, aprendemos que esas autoridades en ocasiones le imponen al abad un prior. Hay que recordar que Pacomio y sus sucesores nombraban al mismo tiempo a los superiores de los monasterios o de las casas y a sus segundos. En el siglo VI, Gregorio el Grande testimonia esas nominaciones asociadas en su correspondencia epistolar y, hecho curioso, en su Vida de san Benito dice que al fundar el monasterio de Terracita, el santo habría ordenado simultáneamente al abad y al prior (Diálogos II,22,1).

En el cuadro lamentable de la querella entre el prior y el abad, Benito parece recordar dos pasajes de san Pablo: envidias, maledicencias, divisiones figuran entre los desórdenes que amenazaban a la Iglesia de Corinto (cf. 2 Co 12,20); y envidias, riñas, celos, divisiones entre las obras de la carne enumeradas en Ga 5,20-21. Para estas heridas no hay otro remedio que el Espíritu y sus frutos: caridad, gozo, paz y lo demás.