Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestión 2 (continuación)

Segunda parte de la respuesta: el amor al prójimo[1]

58Corresponde ahora tratar acerca del mandamiento que es el segundo en orden e importancia, según dijimos. 59También dijimos antes que la ley cultiva y nutre[2] las virtudes que han sido insertadas en el alma por el Creador. 60Por tanto, ya que se nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22,39), veamos si existe en nosotros el poder y la facultad para cumplir también este mandamiento. 61¿Quién ignora que el hombre es un animal capaz de bondad[3] y comunicación, y no salvaje y feroz? 62Nada es tan propio de nuestra naturaleza como tener necesidad los unos de los otros y buscarnos mutuamente y amar lo que buscamos. 63Ya que el Señor infundió en nosotros las semillas de estas virtudes, sin duda busca también el fruto de las mismas y recibe el amor a nuestros prójimos como testimonio de nuestra dilección hacia él. 64En esto, dice, conocerán todos que son mis discípulos, si se aman unos a otros (Jn 13,35). 65Y de tal modo unió estos dos mandamientos en todas las cosas que también refiere a sí mismo las obras de misericordia que se hacen al prójimo. Tuve hambre, dice, y me dieron de comer (Mt 25,35). 66Y dice que se le hacen a Él mismo todas las otras cosas hechas al prójimo, porque, agrega: Cuando lo hicieron al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron (Mt 25,40). 67Por tanto, cumpliendo el primero (se cumple) también el segundo; y por el segundo se sube y se vuelve al primero, de modo que quien ama al Señor, sin duda ama al prójimo, 68pues dice el Señor: El que me ama, guarda mis mandamientos; este es mi mandamiento, que se amen unos a otros (cf. Jn 14,15. 21. 23; 15,12; 13,34-35). 69Así el que ama al prójimo cumple el amor para con Dios, porque él mismo recibe como hecho a sí mismo lo que damos al prójimo.

A partir del v. 70, puede advertirse el pasaje a un nuevo tema; se trata ahora de indicar cómo debe vivir quien observa los dos primeros mandamientos. Estamos ante el inicio de un “plan” de formación cristiana y monástica, cuyos primeros pasos son:

- el temor de Dios, como principio de la sabiduría;

- la custodia del corazón (cuidarlo) y la memoria-deseo de Dios;

- obediencia a la voluntad de Dios, que se manifiesta ante todo en la memoria Dei;

- la necesidad de la separación del mundo, que obstaculiza el seguimiento del Cristo pascual.

Sobre el temor de Dios[4]

70Justamente a los que se inician en el temor de Dios y dan los primeros pasos de la religión, es más útil formarlos primero en el temor, según la sentencia del sapientísimo Salomón que dice: El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Sal 110 [111],10)[5]. 71Ustedes, (hermanos), que ya dejaron de ser niños en Cristo y no necesitan más la leche, busquen alimentos sólidos tomados de la firmeza de los dogmas, para nutrir y alimentar al hombre interior[6], 72para que por los mandamientos más eminentes lleguen a lo perfecto y sean confirmados en toda la verdad que está en Cristo[7]. 73Ciertamente hay que estar atentos para que el peso de una gracia tan copiosa no sea para nosotros causa de una condena más grave, si somos hallados ingratos con el dador de (esos) dones[8].

La custodia del corazón y la “memoria Dei”[9]

74Ante todo hay que considerar que nadie podrá cumplir lo que se prescribe acerca del amor de Dios y del prójimo ni ningún otro mandamiento, si el espíritu vaga entre varias y diversas ocupaciones, 75ni pueden alcanzar ninguna habilidad ni una disciplina de trabajo los que frecuentemente pasan de una a otra cosa. 76Debemos, pues, custodiar nuestro corazón con todo cuidado[10], para que los malos deseos y los pensamientos sórdidos no aparten ni arrojen de nuestra alma el deseo de Dios; 77sino que, al contrario, por el asiduo recuerdo y memoria de Dios[11] grabemos, por así decir, en nuestra alma como con un sello su forma y su figura, de modo que no pueda ser destruida por ninguna perturbación. 78Así, pues, se enciende también en nosotros el deseo de la divina caridad: cuando su frecuente recuerdo ilustra la mente y el espíritu, y somos elevados e impulsados a la práctica de los mandamientos de Dios, 79y, a su vez, por las mismas obras de caridad el amor de Dios se conserva y aumenta en nosotros[12]. 80Y pienso que el Señor quiere mostrar esto cuando dice: Si me aman, y guardan mis mandamientos (Jn 14,15), 81y en otro lugar: Si hacen lo que yo les digo, permanecerán en mi amor, como yo guardé los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor (Jn 15,10).

Agradar a Dios haciendo su voluntad

82Con lo cual nos enseña que el objetivo de nuestra obra debe pender de su voluntad, para que teniéndolo como a un espejo, y mirándolo siempre, orientemos nuestra obra fijando en él el ojo de nuestro corazón. 83Así como las artes que hay en esta vida realizan cierto proyecto del espíritu, y de este modo en sus obras se sirven de las manos según lo que ha concebido el espíritu, 84así también en nuestra obra permanece este único proyecto y uno (solo) es el término fijo con el cual debemos agradar a Dios; por tanto, dirijamos la observancia de los mandamientos según este proyecto[13]. 85De otro modo es imposible que pueda mantenerse la forma de nuestra obra, si no se tiene siempre en la memoria la voluntad de quien ordenó hacer la obra; 86para que una vez guardada y cumplida su voluntad con la ejecución diligente y competente de la obra, estemos siempre unidos a Dios, mientras de continuo nos acordamos de él.

87Así como, por ejemplo, el artesano que hace un hacha o una hoz se acuerda siempre del que encargó la obra y retiene en su corazón de qué tamaño, calidad y forma se mandó hacer el hacha, 88y atento siempre a lo que recuerda le fue mandado por el que le encargó la obra, dirige a esto el trabajo de las manos, de modo que el resultado de su trabajo concuerde con el espíritu y la voluntad del que lo ordenó; 89pues si olvida qué o cómo es lo que le fue ordenado, sin duda hará algo diferente de lo que se le mandó; 90así también el cristiano[14] debe poner todo su empeño y esfuerzo en realizar sus actos 91de modo que la voluntad de Dios, que ordenó esa obra, también dirija su obra para que sus acciones sean hermosas y pueda cumplir la voluntad de aquel que se la mandó[15].

92Podrá entonces cumplir también aquello que está escrito: Ya coman, ya beban, o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios (1 Co 10,31). 93Pero si alguien se aparta de la regla[16] y corrompe la observancia de lo ordenado, esto demostrará que no guarda memoria de Dios.

La anacoresis[17]

94Mucho ayuda, por otra parte, a conservar el recuerdo de Dios, habitar en un lugar oculto y apartado, porque vivir mezclado con los que descuidan el temor de Dios y desprecian sus mandatos es muy perjudicial, 95como atestigua la palabra de Salomón que dice: No habites con el hombre irascible, no sea que aprendas sus costumbres y pongas una trampa a tu alma (Pr 22,24-25); 96y también cuando dice: Salgan de en medio de ellos y apártense de ellos, dice el Señor (2 Co 6,17)[18], se refiere a esto mismo. 97No aceptemos, por lo tanto, ni a través de los ojos ni a través de los oídos, estímulos para pecar, y paulatinamente, por un prolongado ejercicio adhiramos a una pésima costumbre; y, lo repito, para que podamos dedicarnos a la oración, es necesario ante todo habitar separados[19]. 98De este modo romperemos con los viejos hábitos, con los cuales actuábamos contra los mandamientos de Dios. 99No es poco trabajo dejar atrás y alejarse del pésimo hábito[20] (de vida) anterior, ya que un modo de vivir largo tiempo practicado adquiere casi la fuerza de la naturaleza; 100es necesario, por tanto, que ante todo nos neguemos a nosotros mismos, carguemos con la cruz de Cristo y así lo sigamos[21].

101Nos negamos a nosotros mismos de este modo: si olvidando totalmente las costumbres anteriores renunciamos a nuestras propias voluntades; de este modo no sólo nos apartamos de los hombres que no obran rectamente, sino también de nuestras propias costumbres desarregladas y desordenadas. 102Es muy difícil para quien permanece en las costumbres y conducta precedentes poder enmendarse y corregirse; más aún, para decirlo con más verdad es absolutamente imposible. 103Pero esto de que alguien tome su cruz y siga a Cristo (Mt 16,24), se lo impide ordinariamente la convivencia y la compañía de los que viven de modo diferente[22]. 104Pues estar preparado a morir por Cristo, mortificar los miembros que están sobre la tierra y soportar de buen grado todo peligro por el nombre de Cristo[23], esto es cargar su cruz[24]; 105vemos qué gran obstáculo puede surgir para nosotros de parte de aquellos que llevan una vida y costumbres diferentes.

106Y a las demás dificultades, que son muchas, se agrega también esta: que el alma, mirando a la multitud de los que viven mal, se ve completamente imposibilitada e impedida, 107no puede ocuparse de sus propios males, ni puede expiar sus pecados por la penitencia, ni destruir por la enmienda de los vicios las causas de la culpa; 108comparándose con los peores, estima que ya ha hecho algo grande. 109Entonces, a causa de los obstáculos, perturbaciones y ocupaciones que suele tener en la vida común de los hombres, no puede conservar lo que es lo más grande y lo más valioso de todo: la memoria de Dios; 110cuando ésta es expulsada y excluida del alma, ella no sólo se ve privada de toda alegría y todo gozo divinos, sufriendo la pérdida de la delectación del Señor, sino que también deja de experimentar 111la dulzura de la palabra divina, como para decir: ¡Qué dulces a mi paladar tus palabras, más que la miel y el panal en mi boca!(Sal 118 [119],103 LXX)[25]. 112Y, más aún, llega a descuidar y olvidar los juicios de Dios y cae en un desprecio habitual. Nadie podría sufrir un mal más grande y más pernicioso que éste.

 


[1] Para los vv. 58-69, cf. GR 3 (col. 917 AD).

[2] “Nutre”: el latín dice elimet, que también podría traducirse por “purifica”; sin embargo, no parece que este sea el sentido que tiene en griego el vocablo tropheys; (col. 917 A). Ver la traducción en Neri, p. 231: “la ley cultiva y nutre”. De hecho, según Basilio, la ley ha sido dada al hombre como ayuda: “En cuanto a la economía establecida para el hombre por nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús (Tt 2,13)... Que se considere el pasado: las bendiciones de los Patriarcas, la ayuda dada por la ley...” (De Spir. Sanct. XVI, 39). Cf. Is 8,20 (LXX) y la Epístola 261,1 de Basilio (tomo III, p. 116); y el v. 46 de esta misma Cuestión 2.

[3] “Capaz de bondad”: humanum dice el texto latino; otra traducción posible podría ser: apacible, afable, benigno. Para este tema del hombre como un animal humanum et comunicabile, ver ARISTÓTELES, Ethica eudemia VII,10,1242a: “Los hombres se han reunido, porque no podían bastarse a sí mismos en el aislamiento... El hombre es un ser formado para asociarse con todos aquellos que la naturaleza ha creado de la misma familia que él...” (trad. castellana en ARISTÓTELES, Obras completas, Buenos Aires, Ed. Bibliográfica Argentina, 1967, t. I, pp. 487-488). Para “solitario” es interesante notar que Basilio usa el adjetivo monastikós (ver GR 7; col. 932 C), que no tenía para él, al menos en un primer momento, un significado técnico; ver Hom. sobre el Hexamerón IX,3: “El león nace con su coraje, su modo de vida solitario (monastikón)” (ed. S. GIET, SCh 26bis, Paris, Eds. du Cerf, 1968, p. 490; cf. Neri, p. 232, nota 122).

[4] Para los vv. 70-73, cf. GR 4 (col. 920 AB).

[5] Cf. Pr 1,7; 9,10; 15,33; Jb 28,28; Si 1,14 (Vulgata 1,16); RB 7,10. La frase: “lo mismo se lee en los Salmos” (id ipsum etiam in psalmis legitur) era una adición de Holstenius, que Zelzer manda al aparato crítico.

[6] Cf. Hb 5,12 (Rule, 2,71); 1 Co 3,1 (de Vogüé); 5, 12 (de Vogüé); 2 Co 4,16 (el hombre interior), y Ef 3,16 (Rule, 2,71).

[7] Cf. Ef 4,13; Jn 16,13 (Rule, 2,72). En el texto de las GR 4 aparece con mayor claridad la contraposición entre el temor, propio del principiante, y el amor de aquellos que ya han salido de la infancia (Neri, p. 234, nota 135).

[8] En las GR 4 (col. 920 B), Basilio concluye con la cita de Lc 12,48: A quien mucho se le ha confiado, se le exigirá aún más. Este es un pasaje muy apreciado por el santo obispo, quien considera básico el principio y el deber de la gratitud, de forma que la ingratitud es un pecado esencial, especialmente allí donde mayores han sido los beneficios recibidos; ver GR 37 (col. 1012 B); PR 58 (col. 1121 B) y 236 (col. 1241 A) (Neri, p. 234, nota 136).

[9] Para los vv. 74-93, ver GR 5 (cols. 920 B-924).

[10] Cf. Pr 4,23 (de Vogüé). La custodia cordis es un tema muy querido a san Basilio; ver Mor. 1 (col. 701 A); Ep. 57: “Lo que desborda de un buen corazón es bueno” (tomo 1, p. 144) (Neri, p. 106, nota 4).

[11] La memoria Dei es algo propio del cristiano; ver Ep. 2,4: “En esto consiste la inhabitación de Dios: por el recuerdo (o memoria) tener instalado en sí mismo a Dios” (trad. castellana en Cuadernos Monásticos n. 84 [1988], p. 84); ver también Mor. 22 (col. 869 BC); GR 5 (col. 920 B). La mente no disipada es igualmente una categoría capital en el pensamiento de Basilio; ver PR 202 (col. 1216 CD), donde se aclara que el ameteoriston se realiza cuando “no se le da al alma ningún espacio de tiempo en el cual deje de pensar en Dios, en las obras de Dios y en sus dones”, y cuando ella “por todo celebre al Señor y dé gracias”. Ver asimismo Mor. 56,3 (col. 785 B), donde se cita Lc 12,29-30 (Neri, pp. 631, nota 29 y 234, nota 137).

[12] El amor de Dios es innato en nosotros, como una potencia del alma; crece, se desarrolla y da fruto cuando se piensa en los beneficios que del Señor hemos recibido; por tanto, mediante la memoria de Dios (Neri, p. 236, nota 150).

[13] El fin de toda la vida del cristiano es agradar a Dios. Quien ama de verdad al Señor, se apresura a complacerlo. Cf PR 34 (col. 1105 A). Lo contrario de complacer a Dios es el deseo de agradar a los hombres; ver Ef 6,6 (Neri, pp. 234-235, nota 138). “La observancia de los mandamientos”: el latín dice “opus mandatorum”.

[14] El cristiano: es un aspecto saliente de la enseñanza de San Basilio su insistencia en la unicidad de la vocación cristiana; ver al respecto Saint Basile, pp. XII-XIII.

[15] Cf. GR 5 (col. 924 A), donde se cita el Sal 15 (16),8, que es el texto bíblico que define la ausencia de distracción u olvido de Dios por parte del hombre (Neri, p. 237, nota 156). Como ya lo hacía notar GRIBOMONT (Histoire, p. 242), Rufino ha omitido citar dicho Salmo.

[16] El vocablo regla, como en la versión de Rufino (regula), debe entenderse aquí desprovisto de su sentido técnico; regla sería, en este caso, un sinónimo de modelo.

[17] Para los vv. 94-112, cf. GR 6 (cols. 925-928 B).

[18] Cf. Is 52,11; Jr 51,45; Ap 18,4. Para Basilio la separación fundamental se produce en el bautismo, y así lo expone, citando el mismo texto bíblico, en el De bapt. 1,2, p. 268; ver pp. 276-278 (Neri, p. 239, nota 167).

[19] El contacto con la Palabra de Dios imprime su forma en el alma, mientras que el contacto con el mundo, entendido en sentido negativo, imprime formas e imágenes extrañas al Evangelio de Jesucristo; ver Mor. 80,1 (col. 860 C); De bapt. I,2, pp. 204-206 (Neri, p. 239, nota 169).

[20] La utilización de “costumbre” o “hábito” y “disposición natural” juntos y en oposición es frecuente en Aristóteles, sobre todo en la Ética a Nicómaco; citamos un pasaje como ejemplo: «Entre los intemperantes, los que lo son por hábito curan más fácilmente que los que lo son por temperamento; porque el hábito es más fácil de mudar que la naturaleza. Pero también es cierto, que por esto mismo es muy difícil perder el hábito, porque se parece a la naturaleza, como decía Eveno: “El gusto, mi querido amigo, cuando dura mucho tiempo, puede muy bien concluir por ser nuestra naturaleza”» (VII,9,1152a; trad. cit, p. 208). Es conocido además el proverbio utilizado con frecuencia en la antigüedad griega: “El hábito es una segunda naturaleza”. Para Basilio, cf. GR 6 (col. 925 B) (Neri, p. 239, nota 169).

[21] Cf. Mt 16,24; Lc 9,23.

[22] Cf. Mt 16,24; Lc 9,23. Dissimilis (diferente) es un término que aparece solo dos veces en la traducción de Rufino, y ambas en esta Cuestión (vv. 103 y 105). Ver el Index verborum de la ed. de Zelzer, p. 263. En el texto griego de las GR 6 (col. 925 C) se utiliza el término adiaphoro (indiferencia), que caracteriza a quienes no se esmeran por cumplir la voluntad de Dios, cometiendo faltas con ligereza; siendo lo propio de la vida mundana esa ausencia de temor y temblor, esa falta de seriedad espiritual; ver Mor. 46,2 (col. 765 C); PR 81 (col. 1140 AD) (Neri, p. 240, nota 173).

[23] Cf. Lc 22,23 (morir por Cristo); Col 3,5 (mortificar los propios miembros); Rm 8,35-37 (soportar todo peligro por Cristo), Rule, 2,104.

[24] Cf. Mt 16,24 (Rule, 2,104). “Los miembros que están sobre la tierra” significan para Basilio cada uno de los pecados y de las contaminaciones del hombre viejo; cf. De bapt. I,1, pp. 136-138.

[25] Cf. Sal 18 (19),11. El objetivo de la separación del mundo es positivo para san Basilio: cambiar una costumbre o hábito humano para encontrarse con Dios, separarse del mundo para convivir con los hermanos, silenciar los discursos vanos para escuchar la Palabra, renunciar a los placeres para encontrar la verdadera alegría. Estos temas están muy bien desarrollados en la primera parte de la Ep. 2 del Santo (párrafos l-4; trad. castellana en Cuadernos Monásticos n. 84 [1988], pp. 82-85). Ver GR 1 (col. 933 B) (NERI, p. 241, nota 177).