Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestión 3

Cuestión 3[1]

La respuesta de Basilio es una gran alabanza en favor de los beneficios de la vida comunitaria.

La argumentación sigue las reglas de la retórica, que exigen la alabanza del tema que se quiere proponer, aunque conlleve el detrimento de la opción contraria, en el caso presente la vida solitaria.

De una forma mucho más sucinta, pero en una tónica semejante, Benito advertirá sobre las exigencias de la vida anacorética (RB 1,3-5).

La enumeración de las ventajas de la vida comunitaria se puede sintetizar en los puntos siguientes:

a) no busca el propio interés (vv. 1-5);

b) se comparten las cargas (vv. 6-12);

c) también se comparten los dones recibidos del Espíritu Santo (vv. 13-19);

d) resulta más fácil enfrentar las insidias del enemigo (v. 24);

e) la oración en común (v. 25).

En cambio, la vida solitaria presenta al menos dos inconvenientes relevantes:

a) el peligro de la autocomplacencia (v. 26);

b) la dificultad de medir los progresos y retrocesos (vv. 27-33).

Conclusión: la grandeza del servicio mutuo, a imitación de lo hecho por el Señor Jesús; y de la vida en común según el testimonio de la primitiva comunidad apostólica (vv. 34-39).

Pregunta: Puesto que tu palabra nos demuestra que es peligroso convivir con los que desprecian los mandamientos, ahora queremos aprender si es necesario que quien se ha apartado de tal compañía viva separado y solitario, o si debe juntarse con hermanos que tienen el mismo propósito y los mismos ideales[2].

Respuesta: 1Considero por muchas razones que es útil llevar vida en común con los que tienen la misma voluntad y el mismo propósito, 2en primer lugar, porque también para las necesidades materiales y el servicio de los alimentos ninguno de nosotros se basta solo, a sí mismo, y por tanto en lo que se refiere a los servicios mutuos, que son indispensables en nuestra vida, necesitamos unos de otros para nuestros trabajos[3]. 3Así como el pie del hombre en ciertos casos utiliza sus propias fuerzas, y en cambio en otros necesita las ajenas, y sin la ayuda de los otros miembros no puede cumplir su obra ni bastarse con sus propias fuerzas, 4así también me parece que en la vida solitaria se padece[4] (el hecho) de que ni lo que hay en ella puede ser útil (a otros), ni puede adquirirse (de otros) lo que falta, 5Además el orden de la caridad no permite a nadie buscar su propio interés, como dice el Apóstol: La caridad no busca su propio interés (1 Co 13,5).

6Finalmente, nadie puede discernir con facilidad sus culpas y vicios, pues no hay quien se los reproche; 7con facilidad le puede suceder a este hombre lo que está escrito: Pobre del que está solo, pues si cae, no hay nadie que lo ayude a levantarse (Qo 4,10). 8Pero también los mandamientos se cumplen más fácilmente entre muchos, en cambio el que está solo, cuando parece que cumple (un mandamiento), no puede cumplir otro: piensa, por ejemplo, ¿cómo visitará a un enfermo quien está solo?, ¿o cómo recibirá a un peregrino[5]? 9Si verdaderamente todos somos el cuerpo de Cristo, y somos los unos miembros de los otros, debemos adaptarnos y unirnos los unos a los otros por un trabajo armónico, en el Espíritu Santo, como en un solo cuerpo[6]. 10Pero si cada uno de nosotros eligiera la vida solitaria, no por una causa o un motivo agradables a Dios o que congregase a todos en una común generosidad, sino para satisfacer las propias voluntades y pasiones, 11¿cómo podremos, separados y divididos, alcanzar la recíproca concordia de los miembros? 12Este tal no se alegra con los que se alegran, ni llora con los que lloran, ya que, separado y dividido de los demás, ni siquiera podrá conocer las necesidades de sus prójimos[7].

13Es imposible que uno solo pueda recibir todos los dones del Espíritu Santo, ya que la distribución de los dones espirituales se hace según la medida de la fe de cada uno[8], 14de modo que lo que se distribuye parcialmente a cada uno, se una de nuevo y coopere, como miembros, a la edificación de un único cuerpo. 15A uno se le dan palabras de sabiduría, a otro palabras de ciencia, a otro de fe, a otro la profecía, a otro el don de curación (cf. 1 Co 12,8-9), y lo que sigue; todos estos dones cada uno los recibe del Espíritu Santo, no tanto para sí cuanto para los otros. 16Por eso es necesario que la gracia que cada uno recibió del Espíritu de Dios sea de provecho para todos. 17Puede suceder que quien vive alejado y separado reciba alguna gracia, y esto mismo le será inútil porque no la hace producir, sino que la entierra en sí mismo. 18Y cuán peligroso sea hacer esto lo saben todos los que han leído el Evangelio[9]. 19Por el contrario, si comunica la gracia recibida a los demás, mientras él la aprovecha verdaderamente -y ella se multiplica en él al comunicarla a los demás- él mismo saca beneficio de la gracia de los otros[10].

20Esta vida en común de los cristianos[11] tiene además muchísimos otros beneficios, que no es posible ahora enumerarlos a todos. 21Por de pronto, como ya dijimos, es más favorable vivir en comunidad que vivir en soledad para conservar los dones del Espíritu Santo. 22Pero también contra las insidias del enemigo provenientes del exterior es mucho más segura y útil la compañía de muchos, 23para que más fácilmente despierte del sueño quien tal vez se hubiese adormecido con aquel sueño que conduce a la muerte[12]. 24Asimismo su delito le será más patente al delincuente al serle echado en cara o reprochado por muchos, según lo que dice el Apóstol: Bástele a ése que así (actúa) la corrección hecha por varios (2 Co 2,6)[13]. 25Pero también se deriva por la oración de muchos no poco provecho cuando oran unánimes y en concordia, de modo que muchos den gracias a Dios en virtud de la gracia que hay en nosotros[14].

26La vida solitaria, en cambio, está expuesta a un peligro intrínseco: el primer peligro, que ciertamente es gravísimo, consiste en la autocomplacencia[15], y no teniendo a nadie que pueda juzgar su obra, le parecerá que (ya) ha llegado a la perfección máxima; 27entonces, viviendo sin ninguna observancia, no caerá en la cuenta de cuál es su vicio principal ni en qué cosas falta a la virtud; 28tampoco podrá juzgar acerca de la cualidad de sus obras, pues ha eliminado toda ocasión de poner (las virtudes) por obra[16]. 29¿Cómo comprobará su humildad, si no tiene a nadie con quien mostrarse humilde? ¿Cómo demostrará su misericordia el que es ajeno a toda compañía y convivencia? 30¿Cómo se ejercitará a sí mismo en la paciencia si no tiene a nadie que ponga obstáculos a sus voluntades? 31Y si alguno dijera que le basta la doctrina de la Escritura y los preceptos de los Apóstoles para la enmienda de sus costumbres y para la formación (espiritual) de (su) vida, 32me parece que hace algo semejante a los que siempre están aprendiendo el oficio de fabricar, pero nunca fabrican nada; 33o bien a los que siempre son instruidos en el arte de los constructores, pero nunca se dedicarán a construir una casa.

34Tampoco el Señor estimó que le bastaba la sola doctrina de la palabra, sino que quiso darnos ejemplos de humildad también con las obras mismas, cuando ceñido con una toalla lavó los pies a sus discípulos (Jn 13,5). 35Tú, pues, ¿a quién lavarás los pies?, ¿a quién prestarás tus servicios?, ¿de quién serás súbdito y (cómo podrás ser) el último si vives solo[17]? 36¿Y cómo se cumplirá en una vida solitaria aquella palabra que dice: (Es) bueno y dulce que los hermanos vivan unidos (Sal 132 [133],1), que el Espíritu Santo comparó con el ungüento del pontífice, que desciende de la cabeza a la barba[18]? 37Ciertamente hay un estadio en el cual se avanza por el ejercicio de las virtudes, en el cual brilla y resplandece siempre más la meditación de los mandamientos divinos[19], y éste es la convivencia en común de los hermanos que habitan unánimes entre sí[20], 38a ejemplo y semejanza de lo que en los Hechos de los Apóstoles narra la Escritura divina sobre los santos diciendo: 39Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común (Hch 2,44; cf. 4,32)[21].

 


[1] Cf. GR 7 (cols. 928 C-933 D).

[2] “Los mismos ideales” es traducción del latín “et eiusdem animi vitam suam”.

[3] El texto latino dice: “et ideo pro his quae ad ministerium (servicios mutuos) vitae nostrae necessaria sunt invicem nostra egemus”.

[4] Se padece (pati): es sufrir la ausencia de, o la falta de.

[5] Cf. Mt 25,35-36 (Rule, 3,8).

[6] Cf. Rm 12,5. “Por un trabajo armónico”, traducción de “per consonantiam compagem”.

[7] Cf. Rm 12,15.

[8] Cf. Rm 12,4 ss.; 1 Co 12,12.

[9] Cf. Mt 25,18-25 (Rule, 3,18).

[10] Cf. Mt 25,25 ss.

[11] Cristianos: en latín “sanctorum”.

[12] Cf. Sal 12 (13),4.

[13] La traducción de pluribus por muchos parece ser la más acertada, como lo demostrarían las PR 3 (col. 1084 AB); 57 (col. 1121 AB); cf. RBas 16 y 175.

[14] 2 Co 1,11 (de Vogüé). Sin embargo, se debe tener en cuenta que Basilio argumenta, en última instancia, a partir de Mt 18,19-20, que es como el telón de fondo sobre el cual se inscribe la cita del apóstol Pablo.

[15] Autocomplacencia (“sibi placet”; aytareskeia): es la forma más sutil e insidiosa del deseo de agradar a los hombres (anthropareskeia), lo cual se opone directamente al auténtico fin de la vida cristiana: agradar a Dios (eyarestesis pros Theon). Ver Mor. 18,2 (col. 729 B); Neri, p. 244, nota 196.

[16] Traducción de “pro eo quod operandi materia omnis exclusa sit”.

[17] Cf. Mc 9,35 (Rule, 3,35).

[18] Cf. Sal 132 (133),2. Así como la separación de la convivencia mundana, tumultuosa e indiferente, es una condición necesaria para alegrarse en Dios, gozar del Señor y sentir la dulzura de sus palabras (ver GR 6; col. 928 AB), así también la convivencia con los hermanos que tienen un mismo sentir es una condición para gustar la belleza y la suavidad de la comunión en el Espíritu Santo. Incluso la ascesis misma tiene, entonces, una dimensión esencialmente eclesial: sin el apoyo sacramental y espiritual de la comunidad no se puede lograr la perfección personal, ni tampoco expresar y vivir en plenitud el don y el mandamiento del Señor (Neri, pp. 243, nota 184, y 245-246, nota 200). Cf. Turbessi, p. 134.

[19] Stadium (estadio) debe entenderse aquí como el lugar donde los atletas se ejercitan y entrenan. Una traducción más libre podría ser: gimnasio. Zelzer pasa al aparato crítico la frase: “a fin de alcanzar la enmienda de las costumbres y la formación (espiritual) de la vida” (ad emendationem morum vitamque formandam).

[20] Cf. Sal 132 (133),1 (Rule, 3,37).

[21] La idea central de Basilio, en tanto que gran reformador no solo de la vida ascética sino también de la misma Iglesia, es el retorno a las fuentes puras del Evangelio y la Palabra de Dios no adulterada y recibida íntegramente; y la vuelta a la forma primitiva de la Iglesia. En este sentido los textos de Hch citados son esenciales (Neri, p. 246, nota 204).