Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestiones 111-120

Cuestión 111[1]

Pregunta: ¿Con qué criterio debe moderar la facultad de la distribución aquél a quien se encomienda el cuidado de la despensa[2]?

Respuesta: 1Respecto de aquél que le encomendó esta distribución, debe acordarse del Señor que dice: No puedo hacer nada por mí mismo (Jn 5,30). 2Pero respecto a los otros, debe conocer solícitamente lo que cada uno necesita, para cumplir aquello que está escrito: Se repartía a cada uno según era necesario (Hch 4,35). 3La misma norma deben observar todos aquellos a quienes se les ha encomendado un cargo de servicio o distribución.

 

Cuestión 112[3]

Pregunta: ¿Qué castigo hay que infligir al despensero si hace algo con acepción de personas o por espíritu de rivalidad[4]?

Respuesta: 1El Apóstol prescribe una vez: No hagas nada por simpatía o inclinándote a la otra parte (1 Tm 5,21); 2y otra vez dice: Si alguno quiere discutir, nosotros no tenemos esa costumbre, ni tampoco la Iglesia de Dios (1 Co 11,16). Si uno hace esto, sea reprendido hasta que se corrija[5]. 3Pero es necesario examinar y considerar con suma diligencia y después de una prueba[6], para qué trabajo cada uno es apto u oportuno, y encomendarle aquella ocupación u oficio (indicado), 4de modo que ni los que mandan sean condenados porque no dieron a alguien un oficio apto, y sean hallados malos dispensadores tanto respecto de las almas, como de los mandamientos de Dios, 5ni parezca que aquellos a quienes se les manda puedan encontrar en esto ocasión de pecado.

 

Cuestión 113[7]

Pregunta: ¿Y si descuida dar al hermano lo que necesita?

Respuesta: 1La respuesta acerca de esto es clara por las mismas palabras del Señor que dice: Apártense de mí, malditos, (vayan) al fuego eterno que fue preparado para el diablo y sus ángeles. Tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber (Mt 25,41-42), y lo que sigue. 2Porque: Maldito todo el que hace las obras de Dios con negligencia (Jr 48 [31 LXX],10).

 

Cuestión 114[8]

Pregunta: En el progreso respecto a los mandamientos de Dios, ¿hay una sola medida para todos? ¿O bien, uno tendrá más y otro menos?

Respuesta: 1Que no hay una sola medida para todos porque a uno se le confía más, a otro menos, es manifiesto por las mismas palabras del Señor que ahora dice: 2Otra semilla cayó en tierra buena, y éste es el que escucha mis palabras y las comprende, y da mucho fruto, uno cien, otro sesenta y otro treinta (Lc 8,8; Mt 13,23). 3Esto mismo también se encuentra en los que recibieron dinero, pues se dice que a uno le fueron dados cinco talentos, a otro dos, a otro uno[9].

 

Cuestión 115[10]

Pregunta: ¿Se debe considerar de la misma manera a los que progresan más y a los que (progresan) menos?

Respuesta: 1En esto hay que observar lo que el Señor estableció acerca del perdón de los pecados diciendo: Le han sido perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho, pues al que se le perdona poco, ama poco (Lc 7,47). 2Y asimismo lo que estableció el Apóstol acerca de los presbíteros, diciendo: Los presbíteros que presiden bien han de ser honrados con doble honor, principalmente los que trabajan en la palabra y en la doctrina (1 Tm 5,17). 3Considero que hay que observar esto en todas las circunstancias semejantes[11].

 

Cuestión 116[12]

Pregunta: ¿Cómo comportarse con el que se contrista porque recibe menos honra viendo que se prefiere a quien lo precede en el temor del Señor?

Respuesta: 1El que actúa así ciertamente no está libre del vicio de la malicia, según la parábola del Evangelio, 2en la que el Señor dice a los que se contristaron porque los otros fueron igualmente honrados que ellos: ¿Por qué es malo tu ojo, porque yo soy bueno? (Mt 20,15). 3Y es manifiesta la sentencia de Dios sobre esos tales cuando dice por el Profeta: El malvado, en su presencia, es reducido a la nada, pero exalta a los que temen al Señor (Sal 14 [15],4 LXX).

 

Cuestión 117[13]

Pregunta: El alma después de muchos pecados y después de muchas miserias de la vida, ¿con qué temor y con qué lágrimas debe apartarse del pecado, y con qué esperanza y afecto debe acercarse al Señor?

Respuesta: 1Primero debe odiar su anterior vida reprensible, y su mismo recuerdo debe inspirarle horror y execración; 2porque está escrito; He odiado y detestado la iniquidad; pero he amado tu ley (Sal 118 [119],163 LXX). 3Luego, para tener mayor temor, tenga como maestro el temor del fuego eterno y de la pena perpetua. Y reconozca por la penitencia el tiempo de las lágrimas, 4como enseñó David en el salmo sexto: la purificación de los pecadores puede hacerse por la abundancia de las lágrimas en la sangre de Cristo, por el poder de su misericordia y por la grandeza de la piedad de Dios[14], 5que dijo: Si sus pecados fueran como la grana, los volveré blancos como la nieve: si fueran rojos como la púrpura, los haré como lana blanca (Is 1,18). 6Y después de esto, habiendo recibido la fuerza y el poder de agradar a Dios, dice: Convertiste mi llanto en gozo, rompiste mi sayal y me has ceñido de alegría, para que te cante a ti, gloria mía (Sal 29 [30],12-13)[15]. 7Y así, acercándose, cante Salmos y diga: Te ensalzaré, Señor, porque me has recibido y no se burlaron mis enemigos de mí (Sal 29 [30],2).

 

Cuestión 118[16]

Pregunta: Está escrito: La redención del alma de un hombre son sus riquezas (Pr 13,8). ¿Qué haremos nosotros, que no tenemos ocasión de distribuir riquezas para la redención del alma?

Respuesta: 1Si realmente queremos y no podemos, acordémonos de la respuesta del Señor a Pedro, 2cuando éste estaba solícito por esas cosas y dijo: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos tocará a nosotros? (Mt 19,27). El Señor le respondió diciendo: 3Todo el que haya dejado casa , o hermanos, o hermanas, padre o madre, mujer o hijos, o campos por mí y por el Evangelio, recibirá el céntuplo y obtendrá la vida eterna (Mt 19,29)[17]. 4Pero si sucede que uno hubiera descuidado las riquezas por negligencia, ahora ponga mayor empeño para que dando con largueza del fruto del trabajo de sus manos, repare la tarea descuidada. 5Pero si ahora no nos queda tiempo para ello, o carecemos de fuerza para tal ministerio, el Apóstol nos consuela diciendo: No busco sus bienes, sino a ustedes (2 Co 12,14)[18].

 

Cuestión 119[19]

Pregunta: Si uno oyendo la palabra del Señor que dice: Un servidor que conoció la voluntad de su Señor y no obró conforme a ella, recibirá muchos azotes. El que no la conoció y no obró de modo digno, recibirá pocos azotes (Lc 12,47-48), obra negligentemente y finge no conocer la voluntad del Señor, ¿tiene alguna excusa?

Respuesta: 1Es manifiesto que quien obra así, a saber, que simula ignorancia, de ningún modo escapará a la sentencia por el pecado: 2Si no hubiese venido, dice el Señor, y no les hubiese hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado (Jn 15,22). 3Así, pues, la sagrada Escritura anuncia a todos y en todas partes la voluntad de Dios, para que este tal no sea juzgado entre los ignorantes, 4sino más bien entre aquellos de los que está escrito: Como víboras sordas que cierran el oído para no oír la voz del encantador, y sean curadas con la medicina que es preparada por un sabio (Sal 57 [58],5-6 LXX). 5Sin embargo, el que preside y ejerce el ministerio de la palabra de Dios, si hubiera descuidado anunciarla a cada uno e inculcarla en particular, será juzgado como homicida de las almas, según las Escrituras[20].

 

Cuestión 120[21]

Pregunta: El que hace la voluntad de otro, ¿es también cooperador y cómplice de aquél del que hace la voluntad?

Respuesta: 1Si creemos al Señor que dice: El que comete pecado es esclavo del pecado (Jn 8,34). Y de nuevo: Ustedes tienen por padre al diablo, y quieren hacer los deseos de su padre (Jn 8,44), 2sabemos que no solo se hace su socio y cómplice, sino que elige por su señor y amo a aquél cuya obra hace. 3También atestigua sobre esto el Apóstol diciendo: No saben que se hicieron esclavos de aquél a quien se ofrecieron para obedecerle, sea del pecado para la muerte, sea de la justicia, para la obediencia (Rm 6,16)[22].

 


[1] Cf. PR 148 (col. 1180 BC).

[2] ¿Con qué criterio debe moderar…?”: “Qua mensura temperare debet…”. Cf. RB 30,3. 5 (Rule, 111, nota 118).

[3] Cf. PR 149 (cols. 1180 C-1181 A).

[4] Cf. Dt 10,17; Mt 22,16; Rm 2,11; Ef 6,9. “¿Qué castigo?”: “Quae sententia observabitur”; “espíritu de rivalidad” es la traducción de “per contentionem”; ver 2 Co 12,20; Ga 5,20.

[5] El texto griego de la PR es más duro: “Sea considerado extraño a la Iglesia de Dios, hasta que se enmiende”. Se trata, pues, de una excomunión temporal. Basilio en la PR ha desarrollado, por tanto, su reflexión sobre la correspondencia entre comunidad de creyentes y comunidad monástica (Neri, p. 411, nota 450).

[6] “Después de una prueba”: “et probatione”.

[7] Cf. PR 150 (col. 1181 AB).

[8] Cf. PR 203 (cols. 1216 D-1217 A).

[9] Ver Mt 25,15; Lc 19,18. “Dinero”: el latín dice: mnas (= peso de cien dracmas).

[10] Cf. PR 170 (col. 1193 BC).

[11] Es decir, sostiene Neri, quien ama mucho, y los que presiden bien y trabajan, merecen ser tratados de forma distinta a los que hacen menos (p. 421, nota 506).

[12] Cf. PR 171 (cols. 1193 C-1196 A).

[13] Cf. PR 10 (cols. 1088 B-1089 A).

[14] Ver Sal 6,7; Mor. 1,2 (PG 31,701 A): “Los que hacen penitencia deben llorar amargamente”. Es claro que san Basilio considera el Sal 6, como salmo penitencial (Neri, p. 342, nota 44).

[15] Cf. De bapt. I,2 (p. 194): “… El gran e indescriptible amor de Dios por los hombres, en el don de la remisión de los pecados, y el poder y la fuerza de realizar obras para gloria de Dios y de su Cristo…”.

[16] Cf. PR 89 (cols. 1144 C-1145 A).

[17] Mc 10,29 (de Vogüé); cf. Lc 18,29 (Rule, 118, v. 3). Es llamativa la interpretación que da Basilio del pasaje del evangelio: Pedro estaba “solícito” por no poder disponer de sus bienes en favor de los pobres, lo cual -según la palabra del Señor- procura “un tesoro en el cielo” (Neri, p. 384, nota 299).

[18] En la PR 92 (col. 1145 BD), se lee lo siguiente: “¿Por qué el Señor ha ordenado vender los propios bienes (ver Lc 12,33), por qué motivo es necesario hacer esto? ¿Por qué los bienes son por su misma naturaleza nocivos, o causa de las preocupaciones que provocan en el alma? Respuesta: A la primera pregunta se puede responder que si algún bien fuese malo, no habría sido creado por Dios: Todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable (1 Tm 4, 4; cf. GR 18; PG 31,965 B). Además, el mandamiento del Señor no dice que deben rechazar los bienes por ser malos, sino que hay que distribuirlos. Y se es condenado no por el hecho simple de haber tenido, sino por los malos sentimientos experimentados ante tales bienes o por haberlos usado mal. Una disposición de ánimo sana y no pasional, frente a los bienes y a su distribución, según el mandamiento, nos ayuda por varios motivos de mucha importancia: para la purificación de nuestros pecados, como está escrito: Den en limosna lo que tengan, y todo será puro para ustedes (Lc 11,41); y para obtener la herencia del reino de los cielos y la posesión del tesoro que no se deteriora, conforme a lo que se dice en otro lugar: No temas, pequeño rebaño, porque el Padre del cielo ha querido darte el reino. Vendan sus bienes y denlos en limosna. Háganse bolsas que no envejecen y un tesoro que no se deteriora en los cielos (Lc 12,32-33)”.

[19] Cf. PR 45 (cols. 1109 C-1112 A).

[20] Cf. Ez 33,8.

[21] Cf. PR 283 (col. 1281 BC).

[22] Mor. 22 (PG 31,741 AC): “Cometer pecado nos hace extraños al Señor y familiares del diablo (Jn 8,34. 44; Rm 6,20). La pertenencia a la familia del Señor no se define por el parentesco según la carne, sino que se hace efectiva en la solicitud por los deseos de Dios” (Jn 8,47; Lc 8,20-21; Jn 15,4; Rm 8,14).