Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestiones 161-170

Cuestión 161[1]

Pregunta: ¿Cómo podemos convertirnos y volvernos como niños (cf. Mt 18,3)?

Respuesta: 1La misma lección del Evangelio nos enseña todo acerca de este tema; nos muestra que no debemos buscar la arrogancia ni la exaltación, sino reconocer la igualdad de naturaleza y seguir a los que parecen inferiores. 2Pues esto es propio de los niños: ser iguales a aquellos con quienes se juntan no por nobleza, sino por edad; hasta que por el transcurso del tiempo y la maldad de los consejeros sean corrompidos por el veneno de la soberbia[2].

 

Cuestión 162[3]

Pregunta: ¿Qué significa ser prudente como la serpiente y sencillo como la paloma (cf. Mt 10,16)?

Respuesta: 1Es prudente como la serpiente el que previendo circunspecta y consideradamente las cosas que son posibles, honestas y útiles, dispensa su doctrina y la adapta con arte para que pueda persuadir a sus oyentes a la obediencia. 2Es sencillo como la paloma quien no recibe en absoluto en su corazón el pensamiento de vengarse de los que le hacen daño, sino que permanece haciendo el bien según lo que dice el Apóstol: Pero ustedes no se cansen de hacer el bien (2 Ts 3,13). 3Cuando el Señor envió a sus discípulos a predicar, les mandaba esto; 4allí sin duda se necesitaba la sabiduría para persuadir a aquellos a quienes enseñaban y la paciencia frente a los que acechaban. 5Para que, así como la serpiente por la prudencia entendió a qué persona debía dirigirse para persuadirla, 6a saber, aquella que parecía más débil para ser persuadida, a fin de que, separándola de Dios, se uniera al pecado[4]; 7así también nosotros debemos considerar y elegir la persona, la manera y el tiempo, y en todo ordenar nuestras palabras juiciosamente, para poder separar a los hombres del pecado y unirlos a Dios[5].

 

Cuestión 163[6]

Pregunta: ¿De qué modo debemos recibir el Reino de Dios como niños (cf. Mt 18,3)?

Respuesta: 1Si actuamos respecto a la doctrina del Señor como un niño que está aprendiendo, 2que no contradice a sus maestros ni les resiste oponiéndoles razones y palabras; sino que recibe confiadamente lo que se le enseña, obedece con temor y da su consentimiento.

 

Cuestión 164[7]

Pregunta: El Señor dice: Todo el que se ensalza será humillado (Lc 14,11; 18,4), y el Apóstol prescribe: No tengan sentimientos de soberbia (Rm 11,20); y en otro lugar: Arrogantes, hinchados de soberbia (2 Tm 3,2); y otra vez: La caridad no se hincha (1 Co 13,4). ¿Quién es el que se ensalza, quién es el jactancioso y arrogante, quién es el soberbio, quién es el hinchado y engreído[8]?

Respuesta: 1Se ensalza aquel que se alaba a sí mismo por cosas que, tal vez, han sido realizadas recta y prósperamente, y por ello se considera grande y ensalzado, como aquel fariseo, que también puede ser llamado hinchado[9]; 2el Apóstol reprende a los Corintios diciéndoles: También ustedes se han hinchado (1 Co 5,2). 3Jactancioso y arrogante es el que no está de acuerdo con lo que ha sido establecido por los padres, para la utilidad común, 4ni está de acuerdo con las palabras del Apóstol que dice: Tengan los mismos sentimientos y los mismos pensamientos (Flp 2,2), sino que busca la propia vía de justicia y santidad. 5Es soberbio quien no teniendo en sí ni virtud ni obras buenas, se ensalza y se muestra altivo y quiere ser considerado más de lo que es[10]. 6Semejante a éste puede considerarse al que es llamado hinchado y engreído, conforme a lo que dice el Apóstol: Se hinchó, aunque no sabía nada (1 Tm 6,4).

 

Cuestión 165[11]

Pregunta: Qué significa: ¿La caridad no es deshonesta (cf. 1 Co 13,5)?

Respuesta: 1Es como si alguien dijera que no se deja engañar sobre el estado de su honestidad. Hay una cierta honestidad que es propia de la caridad, su vestido y su ornato; 2sin duda, aquella que el Apóstol enunció por medio de cada atributo de la caridad, y cada una de estas honestidades son también como su adorno.

 

Cuestión 166[12]

Pregunta: Dice la Escritura: No se gloríen ni hablen con soberbia (1 S 2,3), y el Apóstol afirma: Lo que digo no lo digo según Dios sino como un necio, como teniendo algo de qué gloriarme (2 Co 11,17). Y de nuevo: Me he hecho necio al gloriarme (2 Co 12,11). Y otra vez dice: El que se gloría, que se gloríe en el Señor (1 Co 1,31; 2 Co 10,17; cf. Jr 9,23). ¿Qué es gloriarse en el Señor y qué glorificación es culpable?

Respuesta: 1Es manifiesto el propósito del Apóstol, que hablaba contra los vicios. 2No decía esto para recomendarse a sí mismo, sino para reprimir la insolencia y la arrogancia de algunos. 3Gloriarse en el Señor significa atribuir al Señor, no a sí mismo, cuando uno hace algo rectamente, diciendo: Todo lo puedo, pero en aquél que me conforta, Cristo (Flp 4,13). 4La glorificación culpable se conoce de dos modos: bien según lo que se dice: El pecador se jacta por los deseos de su alma (Sal 9 [10],24 [3] LXX), y: ¿Por qué te glorías en la maldad, tú que eres poderoso para obrar la iniquidad? (Sal 51 [52],3 LXX) 5o bien según aquello: Hacen algunas obras buenas para ser vistos por los hombres (Mt 6,5), y por esto mismo que quieren ser alabados, se glorían en lo que hicieron. 6Pero tales hombres también son llamados sacrílegos, porque se apropian de la gracia que les fue dada por Dios, y procuran dirigir hacia sí mismos la gloria debida a Dios.

 

Cuestión 167[13]

Pregunta: ¿Qué inteligencia y qué prudencia debemos pedir a Dios, y cómo podemos merecerla[14]?

Respuesta: 1Aprendemos cuál es esta inteligencia del mismo Señor que dice por el Profeta: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el fuerte en su fortaleza, ni se gloríe el rico en sus riquezas; sino que el que se gloría, gloríese en comprender y conocer al Señor (Jr 9,23-24). 2Y otra vez, dice por el Apóstol: Comprendiendo cuál es la voluntad del Señor (Ef 5,17)[15]. 3Y podemos merecer esto si hacemos lo que está escrito: Reposen y reconozcan que Yo soy el Señor (Sal 45 [46],11), 4y si creemos que toda palabra de Dios es verdadera, si no creen, dice, no comprenderán (Is 7,9 LXX)[16].

 

Cuestión 168[17]

Pregunta: Si el Señor da la sabiduría y de su rostro proviene la ciencia y la inteligencia (Pr 2,6), y si verdaderamente por medio del Espíritu a uno le es dada la palabra de sabiduría, a otro la palabra de ciencia (1 Co 12,8), ¿cómo es que el Señor reprende a sus discípulos diciendo: También ustedes son insensatos y no comprenden (Mt 15,16-17)? ¿Y el Apóstol acusa a los Gálatas de insensatos (cf. Ga 3,1)?

Respuesta: 1Si alguien conoce la bondad del Señor, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4), y ha aprendido la solicitud del Espíritu Santo, 2éste reconoce que la lentitud de su inteligencia no es culpa que viene del que distribuye los dones, sino de quienes por su desidia e infidelidad no merecen recibirlos. 3Por eso, con razón es acusado de necio e insensato el que ante el sol resplandeciente cierra sus ojos para no ver, y que camina en tinieblas[18].

 

Cuestión 169[19]

Pregunta: Si recibimos un beneficio de alguien, ¿cómo podremos agradecer digna e íntegramente al Señor y a aquél que nos hizo el beneficio? ¿Qué medida debemos emplear en uno y otro caso?

Respuesta: 1Si creemos que Dios es el autor y consumador de todos los bienes; reconozcamos a aquél por medio del cual hemos obtenido algún bien como ministro de la gracia y del don de Dios[20].

 

Cuestión 170[21]

Pregunta: ¿Qué significa digno y santo que los griegos llaman osion, y qué es justo[22]?

Respuesta: 1Pienso que osion, es decir santo o digno, es lo que conviene que los inferiores ofrezcan a los superiores, por la misma razón de que parecen más eminentes. 2Justo es lo que se concede a cada uno por el mérito de su obra. 3En aquello se indica el servicio de los mejores; en esto se designa la retribución tanto del bueno como del malo.

 


[1] Cf. PR 216 (col 1225 B).

[2] Cf. Mor 45,1; PG 31,764 CD (Rule, 161, nota 143).

[3] Cf. PR 245 (col. 1245 BD).

[4] Cf. Gn 3,1 ss.

[5] Cf. Sal 111 (112),5.

[6] Cf. PR 217 (col. 1225 BC).

[7] Cf. PR 56 (cols. 1120 C‑1121 A).

[8] Ver RBas 61.

[9] Cf. Lc 18,10 ss.

[10] Cf. 1 Tm 6,4.

[11] Cf. PR 246 (col. 1248 A).

[12] Cf. PR 247 (col. 1248 A).

[13] Cf. PR 218 (cols. 1225 B‑1228 A).

[14] Ver Sal 118 (119),34 (de Vogüé).

[15] La cita de Rm 8,6, Zelzer la coloca en el aparato crítico: “Y otra vez dice: La prudencia de la carne es muerte, pero la prudencia del espíritu es vida y paz” [qui rursus ait: “Prudentia carnis mors est, prudentia autem spiritus, vita est et pax”].

[16] “El itinerario para llegar a la inteligencia espiritual se inicia, pues, en la escucha de la palabra de Dios (dejar toda actividad para ocuparse de la meditación), y pasa a través de la fe; tal inteligencia consiste en conocer al Señor y su voluntad” (Neri, p. 446, nota 671). Ver. Hom. in Psal. 33,3 (PG 29,357 B); ibid., 45,8 (PG 29, 428 C-429 C); De bapt. I,2 (pp. 182-185. 198).

[17] Cf. PR 248 (cols. 1248 C‑1249 A).

[18] Ver RBas 167; PR 218 (cols. 1225 C-1228 A). Neri. p. 462, nota 788: Dios concede el don de la fe a todos, pues quiere que los hombres se salven.

[19] Cf. PR 219 (col. 1228 AB).

[20] Ver Hb 12,2.

[21] Cf. PR 249 (col. 1249 A).

[22] Ver 1 Ts 2,10 (de Vogüé); Tt 1,8 (Rule, 170, pregunta).