Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestiones 5 y 6

Cuestión 5[1]

San Basilio aborda un tema candente en nuestros días: la renuncia a los bienes. Esto exige discernimiento. Es decir, proceder reflexivamente y con cuidado, sin dejarse dominar por requerimientos inapropiados de los parientes o incluso de los padres.

Pregunta: ¿Es conveniente que quien quiere unirse a los siervos de Dios deje indiscriminadamente a sus parientes parte de sus bienes?

Respuesta: 1El Señor dice: Vende todos tus bienes y dalos a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme; y también: Vendan todo lo que tengan y den limosna (Mt 19,21; Lc 12,33). 2Considero que quien se entrega al servicio de Dios no debe despreciar irreflexivamente los bienes que le corresponden[2], 3sino que ha de buscar, por todos los medios, distribuirlos con todo cuidado, en la medida de lo posible, pues se trata de bienes que ya están dedicados al Señor, sabiendo que no deja de ser peligroso actuar negligentemente en las cosas de Dios[3]. 4Pero si sus parientes o sus padres obraran contra la fe, debe asimismo recordar lo que dice el Señor: 5Nadie que deje casa, hermanos, madre, mujer, hijos o campos a causa de mí y del Evangelio, dejará de recibir el céntuplo en el tiempo presente y en el futuro la vida eterna (Mc 10,29-30; cf. Mt 19,29). 6Por lo tanto él debe protestar y denunciar a aquellos que le niegan lo suyo y lo obstaculizan en su obrar[4], 7ya que incurren en pecado de sacrilegio, según el mandato del Señor que dice: Si tu hermano peca contra ti, corrígelo (Mt 18,15), y lo que sigue[5]. 8Pero la dignidad de la piedad prohíbe entablar juicio acerca de estas cosas ante los jueces civiles por aquello que dice el Apóstol: ¿Se atreve alguno de ustedes que tiene conflicto con otro, a ser juzgado por los injustos y no por los justos? (1 Co 6,1)[6]. 9Y otra vez: Es ya un delito el que haya litigio entre ustedes (1 Co 6,7).

 

Cuestión 6[7]

La recepción de los candidatos a la vida monástica requiere ante todo responsabilidad, es una acción no exenta de peligro. Lo importante es observar la disponibilidad, en el sentido más amplio del término.

Pregunta: ¿Se debe recibir a todos los que vienen a nosotros, o hay que probarlos?; y ¿cuál debe ser esta prueba?

Respuesta: 1Puesto que la clemencia de Dios llama a todos, según aquellas palabras: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré (Mt 11,28), no está exento de responsabilidad[8] el rechazar a cualquiera que viene a nosotros. 2Pero no hay que ser demasiado indulgente a punto de hacer entrar a alguno en la santa doctrina con los pies sucios[9]. 3Sino que, así como nuestro Señor Jesucristo interrogó a aquel joven que se había presentado a él, acerca de su vida anterior, y cuando oyó que ésta había sido recta, le mandó cumplir lo que le faltaba, y después lo invitó a seguirlo[10], 4lo mismo también nosotros debemos averiguar acerca de la vida y conducta anteriores, no sea que alguno venga a nosotros con simulaciones ocultas y con ánimo falso. 5Esto se reconoce fácilmente si acepta cualquier trabajo que se le mande hacer y está dispuesto a cambiar hacia una vida de sacrificio; 6o también si interrogado acerca de un delito suyo no se avergüenza en modo alguno de confesarlo y recibe con gratitud el remedio que se le aplica para curarlo, 7sometiéndose sin vergüenza alguna a cualquier humillación, y si hay razones de utilidad no recibe con desprecio el ser destinado a los oficios más viles y abyectos. 8Por tanto, una vez que se haya comprobado, mediante cada una de estas pruebas, que tiene una intención firme y un propósito estable, y un ánimo pronto, entonces conviene recibirlo. 9Pero antes de que sea incorporado a la comunidad[11] es necesario imponerle algunas tareas difíciles y que los hombres del mundo consideran humillantes[12], 10y hay que observar también si las cumple de buen grado, con libertad y fielmente, y no le resulta gravoso soportar la vergüenza; 11y también, si se lo encuentra dispuesto y no perezoso para el trabajo.

 


[1] Cf. GR 9 (cols. 941 B-944 B).

[2] “Se entrega”: traducción de “accedit”.

[3] “Actuar negligentemente”: ver Jr 48,10. La traducción castellana no pone de relieve suficientemente todos los matices que tiene el texto latino de este versículo: “sed temptet omnia, si fieri potest, cum summa diligentia, assumpta tamquam ea quae iam domino consecrata sunt, quantum fieri potest rationabiliter dispensare, sciens quia non est absque periculo in opere Dei agere neglegenter”.

[4] “Y lo obstaculizan en su obrar”: “et resistunt et de fide faciunt”.

[5] Aquello a lo que se renuncia por el Señor con la profesión monástica deviene res sacra: “cosas consagradas al Señor”; “cosas dedicadas al Señor”; GR 9, col. 941 B (Neri, p. 253, nota 249). Parece claro, pues, que aquel que se abraza a la vida perfecta conserva el cuidado de administrar sus bienes, hasta que estos sean distribuidos a los pobres. Pero en la GR 9, Basilio modifica esta posición y aconseja renunciar a esa administración (col. 941 B). Él mismo, en su correspondencia, nos lo confirma: había hecho la experiencia personal de los problemas legales que implicaba el sistema que presenta en esta cuestión. Más tarde, en su Carta 150 hará que esa renuncia a los bienes sea obligatoria. Rápidamente se avanza hacia las formas estructuradas de la pobreza religiosa (Histoire, p. 246).

[6] “La dignidad de la piedad” es traducción de “religionis auctoritatis”.

[7] GR 10 (cols. 944 C-948 A).

[8] Si se considera el término griego akindynon (exento de peligro o riesgo) de la GR 10 (944 C), sería más adecuado traducir: no está exento de peligro (cf. Rule, 6,1, nota 37).

[9] Cf. Jn 13,8 (Rule, 6,2). Aquí se trata de aquellos que desean unirse a la comunidad de ascetas. Por tanto, si desean vivir íntegramente una vida evangélica, se les deben exigir condiciones semejantes a las que se les piden a quienes piden concluir su catecumenado, para así recibir el bautismo. Al igual que estos, los que vienen a una comunidad ascética necesitan ser liberados de la opresión del diablo y ser instruidos (ver De bapt. I,1, pp. 150-154). Así, los que ya han recibido el baño bautismal deben también lavarse los pies (cf. Jn 13,10), antes de acceder a una enseñanza superior (la santa doctrina); Neri, pp. 254-255, nota 258.

[10] Cf. Mt 19,16-22; Mc 10,17-22; Lc 18,18-23. Ver también De bapt. II,8 (pp. 378 ss.); Neri, p. 255, nota 259.

[11] Cf. RB 61,6 (Rule, 6,9, nota 38).

[12] Cf. RB 58,7-8.