Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Introducción

Presentación

San Benito en el Epilogo de su Regla nos da a conocer las fuentes principales de su obra. Estas son, ante todo y como no podía ser de otra forma, la Sagrada Escritura; y, en segundo término, las obras de los Padres de la Iglesia. Respecto de estas últimas, a cuatro de ellas las señala por sus nombres:

“… Las Colaciones de los Padres, las Instituciones y sus Vidas, como también la Regla de nuestro Padre san Basilio…” (capítulo 73, versículo 5).

Parece, por tanto, conveniente y casi necesario, luego de haber ofrecido un comentario al texto completo de la Regla de san Benito (RB), dar este nuevo paso, consistente en presentar digitalizados estos escritos. Siguiendo para ello no el orden propuesto por la RB, sino el cronológico. Corresponde, entonces, comenzar con la Regla de san Basilio (RBas), conforme a la versión latina de Rufino de Aquileya; que fue la que conoció nuestro Padre san Benito.

La RBas fue traducida a nuestra lengua por las Hnas. Bernarda Bianchi di Cárcano (+), osb, y María Eugenia Suárez, con la colaboración del P. Pedro Max Alexander (+), osb. La primera edición se publicó en Cuadernos Monásticos; y más tarde se imprimió en un volumen de Ediciones Cuadernos Monásticos (ECUAM).

Al ofrecer el texto completo de la RBas seguiremos sustancialmente dicha traducción. Hasta el presente no se conoce ninguna nueva versión, ni tampoco aparece disponible en la web.

 

Introducción

1. El traductor: Rufino de Aquileya[1]

En Pinetum, monasterio próximo a Terracina (Italia), Rufino realizó la versión de lo que él mismo denominó: Instituciones de los monjes de san Basilio. En su Prefacio (v. 6) nos dice: “Transcribiré, de san Basilio, obispo de Capadocia, hombre famoso por la fe, las obras y la gran santidad, las instituciones de los monjes. Las escribió a modo de respuestas -como de cierto derecho santo-, dirigidas a los monjes que lo interrogaban”.

La traducción de estas Instituciones fue una de las primeras versiones que publicó Rufino de Aquileya a su retorno de Oriente. En Pinetum se detuvo hacia el año 397, y en la Cuaresma del 398 ya lo encontramos en Roma.

 

2. El “Pequeño Asceticón”

Esta denominación fue definitivamente consagrada por el recordado P. Jean Gribomont, osb. Citamos sus propias palabras: “El aporte más importante de las antiguas versiones se debe al latín de Rufino y al siríaco, que dependen de una recensión corta, el Pequeño Asceticón... La versión latina se compone de 203 Cuestiones; de ella conozco 60 manuscritos, uno del siglo VI…”[2]. No es extraño el hecho de que el Pequeño Asceticón (PA) no se haya conservado en griego: “Fue eliminado por la competencia de las recensiones (griegas) completas; lo hallamos solo en las antiguas versiones latina y siríaca”[3].

No hay dudas sobre el hecho de que la traducción latina del PA sea obra de Rufino de Aquileya. Su trabajo como traductor en este caso es muy bueno. Ha logrado una versión inteligente y fiel, que constituye el mejor testimonio del PA[4].

 

3. Fecha de composición y contexto en el que surgió el PA

“Ya que el Señor nos ha reunido, para que separados de las molestias causadas por las multitudes, nos dediquemos un poco al silencio y al reposo, ni ocupemos nuestro espíritu en otras tareas, ni nos entreguemos de nuevo al sueño o la restauración del cuerpo en el tiempo que queda, sino que consagremos este (tiempo) que queda de la noche a la investigación y a la solicitud de las cosas mejores, cumpliendo lo que dice el bienaventurado David del que medita en la ley del Señor día y noche” (Sal 1,2; RBas Prólogo 9-11).

A partir de estas palabras del mismo Basilio es posible afirmar, al menos a modo de hipótesis, que el PA surge en un contexto de diálogos espirituales en torno a la vida ascético-monástica.

Sabemos que en la conversión de Basilio tuvo mucha importancia la influencia de su familia[5]. Esta, por su parte, reconocía en el polémico Eustacio de Sebaste un guía espiritual. Basilio no ignoraba las críticas y sospechas que despertaba la conducta de Eustacio, pero no dejó de considerarse su discípulo mientras no se suscitó la controversia en torno a la divinidad del Espíritu Santo. Fue entonces cuando se separaron definitivamente[6]. Con anterioridad a esta disputa Basilio participó bastante activamente en la vida de las diversas comunidades ascéticas sobre las que Eustacio ejercía una indiscutible influencia. No se puede pensar que en una relación que duró más de quince años, Basilio haya evitado sistemáticamente toda idea que procediese de Eustacio. Sin embargo, seguramente sí efectuó una notable evolución personal, que lo llevó a dejar de lado los excesos que observaba en ciertos discípulos de Eustacio. Por otra parte, como el mismo Basilio lo afirma en su carta 223, su propia formación teológica no había experimentado las influencias nocivas que marcaron a Eustacio[7].

Basilio comenzó por vivir él mismo la vida ascética[8], luego visitó las comunidades de ascetas que tenían a Eustacio como maestro. Fue seguramente en el transcurso de tales visitas, y notando las exageraciones peligrosas en que se incurría, cuando decidió publicar lo que inicialmente sólo había querido ser un diálogo informal, conservado para uso interno de las comunidades. El Santo compartía con sus hermanos el común anhelo de una vida ascética seria y exigente, pero no la debilidad de las bases doctrinales y bíblicas sobre las que se asentaban sus motivaciones, y que los conducía a desviaciones que nada tenían que ver con el verdadero seguimiento de Cristo.

El contexto en que surge el PA es el de las comunidades ascéticas, en las cuales era relevante al -menos inicialmente- la influencia de Eustacio. Sería exagerado hablar de un contexto polémico, pero sí hay en el PA editado por Basilio una finalidad catequética y didáctica. El orden bastante sistemático que dio a las primeras Cuestiones (1 a 11 especialmente) indica cuál era su finalidad: dotar a esas comunidades de sólidas bases bíblico-doctrinales; mostrar que la principal norma de vida para todo cristiano debe ser el Evangelio de Jesucristo. Lejos de él no hay verdadero ascetismo cristiano. Es en el NT, en la enseñanza de Jesús, donde deben buscarse los fundamentos de toda vocación peculiar en la Iglesia: “A los que quieran buscar y preguntar acerca de la fe y la verdad del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y de la vida perfecta, debemos proporcionarles de nuestra abundancia y riqueza, para que alguno de estos llegue a ser perfecto y consumado hombre de Dios” (Prólogo 5-6). Basilio busca así poner el cimiento: la Sagrada Escritura, más específicamente el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, mostrando, al mismo tiempo, cuál es su recta interpretación en relación con la fe del cristiano y su opción por la vida ascética.

La fecha de composición del PA, o mejor de publicación, tiene que ser anterior al episcopado de Basilio (año 370). Sin duda fue Basilio mismo quien cuidó esta primera edición del Asceticón. Por lo menos así parece desprenderse de la sistematización dada a las primeras 11 o 15 Cuestiones[9]. Por el contrario, arribar a una fecha precisa para el Gran Asceticón resulta difícil, tanto más cuanto que “el autor no busca apoyo en su autoridad episcopal; y es más que probable que no haya dejado de ser interrogado y de ayudar a los hermanos hasta el final de su vida”[10]. Es, en cambio, evidente que la segunda edición del Asceticón fue objeto de una cuidadosa preparación, debiendo por ende datarse durante el episcopado de Basilio, sobre todo porque representa un estadio bastante más evolucionado en lo que se refiere al modo de vida y a las instituciones de las comunidades visitadas por el santo obispo[11].

 

4. Obras ascéticas de Basilio de Cesárea[12]

Es bastante probable que después de la ruptura con Eustacio (año 375), Basilio se decidiese a editar sus obras ascéticas de una forma conjunta. Para ello eligió como título: Hypotyposis de la ascesis (Boceto o exposición sumaria de la ascesis). Basilio deseaba no solamente proveer a la edificación espiritual de las distintas comunidades de ascetas de su diócesis, sino también erradicar de ellas toda nefasta influencia que todavía pudiese ejercer Eustacio y poner fin a las peligrosas desviaciones mesalianas. Estamos, por lo tanto, ante un verdadero tratado de ascesis cristiana, inspirado todo él en el firme propósito de eliminar las desviaciones antievangélicas, asentando la vida de ascesis sobre el sólido cimiento de la Palabra de Dios y la sana doctrina de la Iglesia.

La Exposición sumaria de la ascesis, tal como nos la presenta el mismo Basilio en la “carta de envío” (o Prólogo VI, o prooemium Hypotyposis, PG 31, 1509-1513), comprendía los siguientes escritos:

1) un tratado sobre el juicio de Dios (Prólogo VII, o Regulis moralibus praemissus, PG 31, 653-6 76);

2) una confesión de fe (Prólogo VIII, o Regulis moralibus praemissus, PG 31, 676-691);

3) una “descripción del cristiano, breve y resumida, en forma de regla” (las Regulae morales, PG 31, 691-869);

4) “todas las respuestas que di a las cuestiones sobre la ascesis en común que prepara a la vida según Dios” (son las llamadas Grandes y Pequeñas Reglas; PG 31, 901-1305).

Esta verdadera Biblioteca Ascética tiene que ser la obra de un Basilio ya maduro, que ha revisado con atención sus anteriores ediciones, ha efectuado las necesarias correcciones y ha añadido una conveniente “carta de envío” o prefacio[13].

Respecto al Juicio de Dios, que Basilio había puesto como introducción en una precedente edición de las Reglas Morales, dice en su “carta de envío”:

“Voy, por tanto, a describir el juicio de Dios. En primer lugar, la causa y el peligro de un tal desacuerdo y disensión entre las Iglesias de Dios, y de una contra otra. En segundo lugar, probaré por la Escritura inspirada, que toda transgresión del mandamiento de Dios está condenada con fuerza y de un modo temible. Al punto que, si uno piensa haber cumplido la mayor parte de los mandamientos, no descuidando -tal vez- sino algunos, o incluso uno solo, o simplemente tolerando al pecador con indiferencia, sin manifestar un celo virtuoso según el juicio de Dios, incurre lo mismo en las penas. Será por ignorancia que soporta tal cosa, pero igualmente no escapará al castigo”.

A ese duro tratado sobre el juicio de Dios sigue el De fide que, por cierto, se relaciona mal con el texto anterior. Debe haber surgido independientemente, y sólo en un segundo momento Basilio lo habría agregado como parte de la introducción a las Reglas Morales, tal vez movido por las disputas doctrinales con Eustacio de Sebaste: “(Después del juicio de Dios) -dice en la ‘carta de envío’- la obra incluirá la confesión recta de Dios, el Padre, de su Hijo único, Dios también él, y del Espíritu Santo”.

En su segunda parte el De fide es ya una preparación a las Reglas Morales, lo que prueba la fragilidad de la unidad de estos textos: el de la confesión de la recta fe, el tratado acerca del juicio de Dios y las Regulae Morales.

Sobre las Reglas Morales, Basilio dice en su “carta de envío” lo siguiente:

“Expondrán el conocimiento de las cosas que nos prescribe la Escritura, aquellas de las que hay que abstenerse, y en las que es necesario mostrar mayor celo si se quiere llegar a la vida eterna y al reino de Dios; y también, en detalle, los deberes particulares de cada categoría o grado de personas”.

Las Reglas Morales[14] son como un fichero de textos del NT. Probablemente fue un trabajo realizado en la juventud, pero que el Santo editó más de una vez con las correspondientes correcciones. La intención de la obra es clara: mostrar dónde se apoya la verdadera vida ascética cristiana. En el terreno de la ascesis es la obra fundamental de Basilio: el corazón de su enseñanza en la materia, y por eso siempre la presenta con gran cuidado en sus diversos prólogos; además, es la única a la que denomina Reglas (oroi). Para San Basilio únicamente las Escrituras divinamente inspiradas pueden ofrecer la verdadera y auténtica regla de vida, en el sentido más preciso y literal de la expresión.

Las mal llamadas Grandes y Pequeñas Reglas probablemente también fueron objeto de más de una edición por parte de Basilio mismo. Es claro que su autor evitó darles el nombre de reglas, que reservaba con exclusividad para los textos de la Sagrada Escritura. El vocablo que les correspondería es el de Cuestiones, es decir una “pregunta que se hace o propone para averiguar la verdad de una cosa controvirtiéndola”, según la definición que da el Diccionario de la Real Academia Española de la palabra “cuestión”. En las Grandes Reglas (GR) esto es una ficción literaria, ya que estamos ante una exposición sistemática camuflada bajo el ropaje de Cuestiones. Por el contrario, en las Pequeñas Reglas (PR) se trata de verdaderas preguntas que, en ocasiones, exigen de Basilio una corrección o una rectificación por haber sido mal formuladas o ser incorrectas en su planteamiento. Es de esta sección de la Hypotyposis, las de las GR y PR, de la que el PA representa el primer estadio.

Para san Benito, la de Basilio es una verdadera Regla, a pesar de que Rufino en su Prefacio afirma que Basilio estableció las instituciones monásticas “a modo de respuestas -como de cierto derecho santo-, dirigidas a los monjes que lo interrogaban” (v. 6). A partir de la Regla de san Benito, las Cuestiones basilianas serán siempre consideradas como una regla por los monjes de Occidente[15].

De la producción ascética de Basilio de Cesárea, el PA puede considerarse la pieza más importante para el monacato occidental. Por eso le asignamos una importancia del todo particular, acrecentada además por el hecho de que es un testigo eminente del primer estadio de las Cuestiones de san Basilio[16].

 

5. La presente versión castellana

La traducción que ahora ofrecemos de la Regula Basilii, en lo esencial, corresponde a la ya publicada primero en Cuadernos Monásticos[17], y después, sin cambios, por ECUAM[18].

El texto latino de la RBas es el editado por Klaus Zelzer. Pero se ha procedido a revisar la versión castellana a la luz de las modificaciones señaladas por la Profesora Anna M. Silvas (ver la bibliografía), a quien agradezco su amabilidad y atenta disponibilidad.

 

6. Bibliografía

Obras de San Basilio (citadas de forma abreviada en las notas al texto).

De bapt. = De baptismo; PG 31,1513-1628; ed. (con trad. italiana) de Umberto Neri, Brescia, Paideia Editrice, 1976 (Testi e ricerche di Scienze religiose, 12). Nuestras referencias remiten a las pp. de esta edición.

De ieiun = De ieiunio, homiliae I-II; PG 31,164-197.

De spir. sanct. = De Spiritu Sancto; ed. Benoit Pruche, Sources Chrétiennes (= SCh) 17bis, Paris, Eds. du Cerf, 1968.

Ep. = Epistulae; PG 32,220-1112; ed. Yves Courtonne, 3 vols., Paris, Les Belles Lettres, 1957-1966; nuestras referencias remiten a esta edición.

GR = Regulae fusius tractatae; PG 31,889-1052.

Mor. = Moralia; PG 31,692-896.

PR = Regulae brevius tractatae; PG 31,1052-1305.

RBas = Regula Basilii; ed. K. Zelzer, Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum 86, Wien, Hölder-Pichler-Tempsky, 1986.

Rule = The Rule of St Basil in Latin and English. A Revised Critical Edition. Translated by Anna M. Silvas, Collegeville, Minnesota (USA), Liturgical Press, 2013.

Otras obras y estudios (también citadas de forma abreviada en las notas al texto)

Histoire = Jean GRIBOMONT, Histoire du texte des Ascétiques de S. Basile, Louvain, Publications Universitaires, 1953 (Bibliothéque du Muséon, 32).

Saint Basile = Jean GRIBOMONT, Saint Basile, Évangile et Église. Mélanges. Présentation par E. Bianchi, Bellefontaine, Abbaye de Bellefontaine, 1984, 2 vols. (Spiritualité Oriéntale, 36-37).

Neri = Opere Ascetiche di Basilio di Cesarea. A cura di Umberto Neri; traduzione di M. B. Artioli. (Neri), Torino, UTET, 1980 (Classici delle Religioni).

RB = Regula Benedicti; ed. Adalbert de Vogüé - Jean Neufville, Paris, Eds. du Cerf, 1972 (SCh 181-183).

Turbessi = Giuseppe TURBESSI, Regole monastiche antiche, Roma, Ed. Studium, 1974.

Vogüé = Adalbert de VOGÜÉ, La Règle de saint Basile et l’Écriture sainte. Notes pour le bon usage de la nouvelle édition, en Collectanea Cisterciensia 49, 1987, pp. 151-155.

San Eusebio de Samosata (+ 379), San Basilio el Grande y el Bienaventurado Rufino de Aquileya:

icono de estilo del siglo XV de Novgorod, por Michael Galovic, 2014 (www.michaelgalovic.com)[19].

 

Texto

REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino

Prefacio

Carta de Rufino a Ursacio de Pinetum

1Queridísimo hermano Ursacio, habiendo regresado de las regiones de Oriente y deseando ya la acostumbrada compañía de los hermanos, con mucho gusto entramos a tu monasterio que, situado en lo alto de una estrecha franja arenosa, es bañado a derecha e izquierda por las olas del mar serpenteante y movedizo; 2solo uno que otro pino señala desde lejos estos ocultos lugares, por lo cual en los siglos (pasados) le dieron el célebre nombre de Pinar[20]. 3Sobre todo nos alegra el que no te informaste curiosamente -como acostumbran algunos- acerca de los lugares y de las riquezas de Oriente, 4sino que averiguaste cuál era la observancia de los siervos de Dios que allí había, cuál su fuerza de espíritu, qué instituciones se observaban en los monasterios. 5En lo que a esto se refiere, para no exponerte de una manera menos digna, no digo lo que se hace, sino lo que se debe hacer, 6transcribiré de san Basilio, obispo de Capadocia, hombre famoso por la fe, las obras y la gran santidad, las instituciones de los monjes. Las escribió a modo de respuestas -como por cierto derecho santo-, dirigidas a los monjes que lo interrogaban. 7Tú, admirado por sus definiciones y sentencias, me pediste encarecidamente que tradujera esta obra al latín, 8prometiéndome que, si las instituciones de este hombre santo y espiritual llegaran a ser reconocidas como santas y espirituales en todos los monasterios de la región occidental, 9todo el progreso de los siervos de Dios que naciera de estas instituciones me obtendría, por los méritos y oraciones de ellos, alguna gracia y recompensa. 10He cumplido mi servicio según mis posibilidades; cúmplelo tú también y todos los que lean y observen la gracia[21], para que obrando y orando de acuerdo a estas instituciones también se acuerden de mí. 11Ciertamente es incumbencia tuya proveer de copias a los otros monasterios para que, a ejemplo de Capadocia, todos los monasterios vivan según las mismas instituciones y observancias, y no según (otras) diversas.

 


[1] Para una visión más amplia, cf. Françoise Thelamon, art. Rufin d’Aquilée, en Dictionnaire de Spiritualité, T. 13, Paris, Beauchesne, 1988, cols. 1107-1117; y Angelo Di Berardino (Dir.), Patrología. III. La edad de oro de la literatura patrística latina, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1986, pp. 291-300 (BAC 422).

[2] Jean Gribomont, Histoire du texte des Ascétiques de S. Basile, Louvain, Publications Universitaires, 1953, p. 5 (Bibliothèque du Muséon, 32).

[3] Gribomont, op. cit., p. 95.

[4] Gribomont, op. cit., pp. 107 y 237.

[6] Cf. sobre todo la Epístola 223, en la que Basilio resume su relación de varios años con Eustacio; ed. Yves Courtonne, Paris, Les Belles Lettres, 1966, vol. III, pp. 8 ss.; trad. castellana en Cuadernos Monásticos n. 84 (1988), pp. 103-109 (https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-...).

[7] Epístola 223, 3: “... (Yo) no admitía acusaciones sobre sus creencias, aunque muchos afirmaban que no tenían ideas rectas sobre Dios y que, instruidos por el jefe de la herejía actual, esparcían secretamente sus doctrinas... Me animo a vanagloriarme de una cosa en el Señor: que nunca tuve ideas erróneas sobre Dios... La noción de Dios que recibí desde la infancia de mi bienaventurada madre y de mi abuela Macrina, la conservé y la dejé crecer en mí mismo...” (trad. cit., pp. 105-106).

[8] Ver Epístola 2; ed. Y. Courtonne, Paris, Les Belles Lettres, 1957, vol. I, pp. 5-13; trad. castellana en Cuadernos Monásticos n. 84 (1988), pp. 82-86; y Epístola 223, 2: “Admiraba aquella virtud (la de los ascetas y monjes) y declaraba bienaventurada la vida de esos hombres, pues con sus obras mostraban que llevaban en sus cuerpos la muerte de Jesús (cf. 2 Co 4, 10), y yo mismo tenía el deseo, en la medida que yo pudiese alcanzar, de ser émulo de aquellos hombres” (trad. cit., p. 105).

[9] Ver J. Gribomont, Histoire..., p. 252. Algo semejante se puede decir, pero tal vez en menor grado, de las Cuestiones 12-15 del PA (versión latina), las que ofrecen una doctrina de la obediencia aparentemente fundada en una serie de catequesis sistemáticas pronunciadas por el Santo. Por tanto, se puede afirmar que en las primeras 15 Cuestiones del PA latino la forma dialogada es sólo una ficción literaria.

[10] J. Gribomont, Ibid.

[11] J. Gribomont, Histoire..., pp. 252-253 y 323-325.

[12] Cf. la introducción de Umberto Neri a la traducción italiana de las obras ascéticas de san Basilio (Torino, UTET, 1980, pp. 9 ss.).

[13] Sobre la autenticidad de este texto cf. Gribomont, Histoire, pp. 284 ss., donde se ofrece una edición crítica de la “carta de envío” (en las pp. 279-282); nuestras traducciones de dicha carta se basan en esta edición.

[14] Trad. castellana publicada en la colección Biblioteca Patrística, 98, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 2015.

[15] Tal vez, convendría preguntarse si esta forma de leer y entender las Cuestiones no ha sido perjudicial para la cabal comprensión del pensamiento y aporte de Basilio al monacato occidental.

[16] J. Gribomont, op. cit., p. 10. Completamos la lista de las obras de san Basilio que se relacionan directamente con la vida ascética: Prólogos a las GR, a las PR y al Gran Asceticón (PG 31,881-888. 889-901 y 1080); Sermones ascéticos (PG 31,20 ss.); De baptismo (obra que parece ser de Basilio, tal vez escrita en los últimos años de su vida; PG 31,1513-1628); Epitimia (Poena o Penitenciales; no todas pertenecen a Basilio; PG 31,1305-1316); Epístolas (principalmente las ns. 2, 22 y 173, a las que Gribomont añade los ns. 23, 42-45 y 150, PG 32,220 ss.).

[17] Ns. 93 (1990), pp. 219-252; 95 (1990), pp. 517-544; 98 (1991), pp. 367-376; 99 (1991), pp. 435-456; 100 (1992), pp. 57-94; 102 (1992), pp. 365-387. Cf. https://www.surco.org/cuadmon/archivo.

[18] Luján (Pcia. de Buenos Aires, Argentina), 1993, Colección Nepsis, 4.

[19] «Los textos en los tres rollos son: 1. en siríaco, una frase de la Cuestión 87,6 propia del traductor siríaco: “El libre albedrío de la perfección del amor no es cautivo de la necesidad”; 2. En griego, “Pregúntale a tu padre y él te lo contará, a tus mayores, y ellos te lo dirán” (Dt 32,7), texto con el cual Basilio invita a tener presente el método de preguntas y respuestas de su Ascetikon; 3. En latín, un pasaje del prefacio de Rufino: “Traigo del Santo Basilio, obispo de Capadocia ... sus Institutos para los Monjes”. Rufino nunca recibió los honores de la santidad pública, debido a su disputa con Jerónimo sobre Orígenes. Pero “Bienaventurado” en esos primeros siglos a menudo se otorgaba a cualquier cristiano de reputación piadosa que “se durmió en el Señor”. En este sentido se le otorga ese título. Este hermoso ícono celebra la feliz colaboración de las Iglesias cristianas de las tres tradiciones lingüísticas / culturales diferentes en la búsqueda de la vida en Cristo». Icono reproducido con la amable autorización de la Prof. Anna M. Silvas, a quien pertenece también esta explicación.

[20] Tal vez, en Terracina, o algún lugar próximo a esta localidad; a unos 80 kms. al sur de Roma (cf. Rule, nota 2 de la trad. inglesa).

[21] Es decir, la doctrina o enseñanza de la Sagrada Escritura y de san Basilio (Turbessi, p. 148).