Inicio » Content » REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Prólogo. Cuestión 1

Prólogo[1]

Motivación fundamental: el amor de Dios a la entera humanidad, Él es quien regala-enseña la sabiduría, en el sentido bíblico del término.

Programa del “enseñante”: mostrar cómo permanecer (expresión muy usada por la 1 Jn) en la fe en Jesucristo (cf. 1 Co 15,11).

Método de enseñanza: preguntas y respuestas, iluminadas -sobre todas estas últimas- por la Sagrada Escritura. Se trata, por tanto, de una responsabilidad compartida; cuyo centro, para el discípulo, consiste en aprender a preguntar (cf. Mt 7,7).

Finalidad o meta de la enseñanza: llegar a ser personas preparadas para hacer siempre el bien (cf. 2 Tm 3,17).

Horario: conforme a la primitiva tradición del monacato cristiano, las primeras horas de la madrugada.

Director del curso: el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho (Jn 14,26).

1Dios, que ama al género humano[2] y enseña la ciencia al hombre, a aquellos a quienes dio la gracia de enseñar[3], les ordena por medio del Apóstol permanecer en la doctrina[4]. 2Pero a los que necesitan ser edificados por las instituciones divinas, les declara por medio de Moisés: Pregunta a tu padre, y te lo anunciará, a tus ancianos y te lo dirán (Dt 32,7).

3Por eso es necesario que nosotros, a quienes se ha encomendado el ministerio de la palabra[5], en todo tiempo estemos preparados y dispuestos para la instrucción y la perfección de las almas. 4Algunos puntos acerca de los preceptos del Señor, debemos testimoniarlos a todos juntos, en el auditorio de la iglesia; otros debemos exponerlos más en privado a aquellos que han alcanzado una mayor perfección. 5A los que quieran buscar y preguntar acerca de la fe y la verdad del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y de la vida perfecta, debemos proporcionarles de nuestra abundancia y riqueza, 6para que alguno de estos llegue a ser perfecto y consumado hombre de Dios[6].

7Es conveniente para ustedes no pasar ningún tiempo en la ociosidad, de modo que además de lo que aprenden con toda la comunidad eclesial, investiguen también, más en privado, sobre las cosas eminentes y perfectas, 8de modo que pasen el tiempo de su vida inquiriendo acerca de las cosas mejores e indagando acerca de las más útiles.

9Por tanto, ya que el Señor nos ha reunido, para que separados de las molestias causadas por las multitudes nos dediquemos un poco al silencio y al reposo, 10ni ocupemos nuestro espíritu en otras tareas, ni nos entreguemos de nuevo al sueño o a la restauración del cuerpo en el tiempo que queda, 11sino que consagremos este (tiempo) que queda de la noche a la investigación y la solicitud de las cosas mejores[7], cumpliendo lo que dice el bienaventurado David del que medita en la ley del Señor día y noche (Sal 1,2).

12Si, por tanto, alguno de ustedes juzga que le falta ciencia, expóngalo en la búsqueda común; 13si aparece algo difícil u oculto, es más fácil que se esclarezca cuando varios están conversando juntos, ya que sin duda Dios concede a los que buscan la gracia de encontrar[8].

14Así como a nosotros nos urge la necesidad, y pobre de mí si no evangelizara[9], también ustedes corren un peligro semejante si cesan de interrogar y buscar, o si fueran más remisos e irresolutos para cumplir lo que se considera recto[10]. 15Por eso el Señor también dice: La palabra que les he anunciado, ella misma los juzgará en el último día (Jn 12,48), 16y de nuevo: El siervo que no conoció la voluntad de su señor y no hizo lo que correspondía, recibirá pocos azotes, pero el que la conoció y obró contra la voluntad de su señor, recibirá muchos azotes (cf. Lc 12,48. 47)

17Supliquemos, pues, a la misericordia del Señor que a nosotros nos conceda un irreprensible ministerio de la palabra, y a ustedes una fructuosa asimilación de la doctrina[11]. 18Puesto que saben que estas palabras estarán ante ustedes en el tribunal de Cristo: Te acusaré -dice- y te lo echaré en cara (Sal 49 [50],21 LXX), 19dirijan vigilantemente su ánimo a las cosas que se dicen, y conduzcan rápidamente lo que han oído hacia una obra digna, 20porque no sabemos qué día ni a qué hora vendrá nuestro Señor (Mt 24,42).

 

Cuestión 1[12]

La pregunta inicial puede decirse que es netamente evangélica y rabínica. La respuesta es la misma que el Señor dio a su interlocutor. La unión del primer y segundo mandamientos, y la imposibilidad de separarlos, san Basilio la expresa con tres expresiones: similar por fuerza (per virtutem), lo completa (expleret), depende (penderet). La conclusión de su respuesta es: orden y secuencia (consequentia) en los mandamientos.

Pregunta: Como tu palabra nos dio la ocasión para preguntar, queremos en primer lugar que nos enseñes si existe algún orden y sucesión lógica en los mandamientos de Dios; si hay alguno que sea el primero, y otro el segundo, y así los otros por orden; o bien si todos los mandamientos se relacionan mutuamente y son iguales, de modo que se pueda elegir comenzar por donde uno quiere, como si se tratara de un círculo o de una corona.

Respuesta: 1La pregunta de ustedes es antigua, y fue propuesta en otro tiempo en el Evangelio, cuando un doctor de la Ley se acercó al Señor y le dijo: Maestro, ¿cuál es el primer mandamiento de la Ley? 2Y el Señor le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas: este es el primero y el mayor de los mandamientos. 3El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22,36-39; Mc 12,28-31; Lc 10,25-28). 4Por tanto, el Señor mismo[13] estableció un orden para los mandamientos, al decir que el primero y más grande es amar a Dios con todo el corazón y con toda la mente; 5y que el segundo, en el orden y la sucesión, similar al primero por fuerza, o más bien completando el primero y dependiente de aquel, es el de amar al prójimo como a sí mismo. 6Respecto al orden de los demás, lo encontrarás de modo semejante en las Sagradas Escrituras. Estimo que se conserva un orden en todos los mandamientos, y una secuencia de las prescripciones.

 


[1] Los vv. 1-11 se corresponden con el Prólogo a las PR (col. 1080); en la numeración de Gribomont este es el Prólogo 3 (Histoire, pp. 7 y 238-240). En tanto que para los vv. 12-20 se debe ver el Prólogo a las GR (col. 900 B), que es el Prólogo 4 en la numeración de Gribomont (Histoire, pp. 7 y 238-240). Traducción italiana de ambos textos en Neri, pp. 335-336 (Prólogo 3) y pp. 221-222 (Prólogo 4); de este último hay trad. castellana en Cuadernos Monásticos n. 21 (1972), pp. 198-200: https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-....

[2] Philanthropos.

[3] Cf. Sal 93 (94),10.

[4] Cf. 1 Tm 1,3; 2 Tm 3,14; 1 Co 15,1. 11. Anna Silvas agrega a estas citas: 1 Tm 4,16 y Rm 12,7 (Rule, Prólogo, nota 5).

[5] Cf. Hch 6,4 (Rule, Prólogo, v. 3).

[6] Cf. 2 Tm 3,17.

[7] Se trata del tiempo que restaba después del oficio nocturno, que se celebraba hacia la medianoche. Ver RB 8,3: “Lo que resta después de las vigilias se lo utilizará para la meditación de los hermanos que necesitan aprender del salterio o de las lecturas” (cf. Neri, p. 336, nota 6).

[8] Cf. Jn 14,26; Mt 7,7 (Rule, Prólogo, v. 13).

[9] Cf. 1 Co 9,16.

[10] “Basilio espera que una cierta santa tensión, una ansiedad por las cosas del Señor (1 Co 7,32. 34), distinga al verdadero discípulo”. Se trata de ese lanzarse hacia delante de Flp 3,13, a lo cual se refiere en RBas 82,5 y especialmente 151,1, que Gregorio de Nisa desarrollará en su teología mística de la epektasis (Rule, Prólogo, v. 14, nota 13).

[11] El latín dice “fructuosum doctrinae concedat eventum”.

[12] Cf. GR 1 (cols. 905-908).

[13] Aytos o Kyrios. Este es el procedimiento habitual que adopta Basilio en el Asceticón. La solución a los interrogantes que se le formulan debe buscarse solo en la Sagrada Escritura, en las palabras del “Señor mismo” (Neri, p. 223, nota 77).