DOMINGO DE PENTECOSTÉS

«Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los Judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

“Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”» (Jn 20,19-23).

«Sobre el Espíritu Santo nos dice san Lucas que después de la Ascensión del Señor descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés, con poder sobre todas las naciones para introducirlos en la vida y abrirles el Nuevo Testamento: también los discípulos, animados del mismo sentimiento, celebraban en todas las lenguas las alabanzas de Dios, mientras que el Espíritu conducía a la unidad a las tribus separadas y ofrecían al Padre las primicias de todas las naciones.

Por eso también el Señor había prometido enviarnos un Paráclito que nos conciliara con Dios. Porque, como de la harina seca, sin agua, no puede hacerse una sola pasta ni un solo pan, lo mismo nosotros, que éramos una multitud, no podíamos llegar a ser uno en Jesucristo sin el Agua venida del cielo. Y como la tierra árida, si no recibe agua, no fructifica, tampoco nosotros, que no éramos al principio más que leños secos, hubiéramos producido frutos de vida sin la Lluvia generosamente venida desde lo alto»[1].

 


[1] Ireneo de Lyon, Contra los herejes, III,17,2; PG 7,929-930 (trad. en: Lecturas cristianas para nuestro tiempo, Madrid, Ed. Apostolado de la Prensa, 1974, H 9). Ireneo fue discípulo de Policarpo, y debe haber nacido entre los años 130-140. Pudo escuchar al gran obispo hasta la edad de quince años. Luego nada se nos dice sobre la vida de Ireneo en la documentación que ha llegado hasta nosotros. Recién aparece de nuevo en Lyon, al final de la persecución de Marco Aurelio (177). Puede ser que antes haya estado en Roma, tal vez por bastante tiempo. Es hacia el año 177 cuando las iglesias de Lyon y Vienne (Francia) le encargan llevar una carta al papa Eleuterio en Roma (174-189?). Es una epístola que se refiere a los mártires de esas Iglesias. Al regreso a Lyon sucede a Fotino (o Potino) en la sede episcopal, y no la abandonará hasta su muerte. En este período se ubican sus escritos más notables. Una carta suya al papa Víctor (189-198/99?) es el último testimonio de Ireneo en la historia. La carta debe datarse a mediados del pontificado de Víctor. Por tanto, la actividad de Ireneo en la sede de Lyon se desarrolló entre los años 178-195.