REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestiones 9 y 10

Cuestión 9[1]

 

La abstinencia-templanza debe ser absoluta, total, respecto de los vicios.

En tanto que la medida de la alimentación hay que determinarla, en primer lugar, según las posibilidades de cada uno, aplicando el discernimiento.

Además, se recomienda:

a) no comer hasta la saciedad;

b) evitar la búsqueda del placer en la alimentación;

c) optar por alimentos sencillos, no refinados y que se puedan conseguir en la región.

Respecto de la bebida: debería bastar con el agua, salvo que resulte perjudicial para algunos.

 

Pregunta: ¿Cuál es la medida de la templanza[2]?

Respuesta: 1En lo que se refiere a los vicios y a las pasiones, abstenerse completamente y nunca dejarse vencer; 2en cuanto a los alimentos, su medida y calidad será regulada según lo requieren la costumbre, la edad, el trabajo, las fuerzas del cuerpo, o su debilidad. 3No es posible que todos los hermanos guarden un mismo orden o medida y una sola regla en los alimentos; los que están sanos pueden mantener idéntica medida en la abstinencia. 4Pero es necesario variar (el criterio) cuando se trata de aquellos en quienes existe un motivo que justifique esta diversidad, según la prudencia y previsión de aquellos a quienes ha sido encomendado el cuidado de la distribución. 5No es posible abarcar la consideración de los casos particulares; sólo tratamos aquí lo que se refiere a la regla común y válida para todos. 6Los que presiden proporcionarán un alivio, de acuerdo a la situación y al orden, a quienes tienen inconvenientes con los alimentos, es decir a los que están agobiados por el peso de la temperancia del ayuno o por cualesquiera otros trabajos cumplidos por causa de la religión. 7Tampoco se puede establecer un mismo horario de comida para todos, ni idéntica cantidad ni calidad de alimentos, pero todos deben tener esta única precaución: que no continuemos comiendo hasta la saciedad[3]. 8Porque llenarse el vientre y sobrecargarse con la comida es muy poco útil, aun para el cuerpo (cuando se prepara) para cualquier trabajo, también porque se torna más pesado en el sueño y fácilmente puede ser dañado por estas cosas[4].

9Tampoco hay que buscar lo agradable como finalidad de las comidas, sino que basta con satisfacer las necesidades vitales, rechazando la intemperancia, 10pues servir al placer no es sino hacer de nuestro vientre un dios[5]. 11Como el cuerpo humano continuamente pierde fuerza y se debilita, por esto necesita ser fortalecido y restaurado, por lo cual es natural la necesidad del alimento, 12lo que según un justo orden hace necesario restaurar lo que estuviese exhausto y consumido, y esto tanto con alimentos sólidos como con líquidos. 13Por tanto, si hay algo que puede satisfacer más pronto y más fácilmente esa necesidad del cuerpo en materia de alimentación, ese alimento es el que hay que elegir. 14Pienso que esto lo muestra el Señor cuando alimentó a los hambrientos en el desierto, ya que pudiendo prepararles alimentos más copiosos con un milagro mayor, no hizo nada de esto, sino que les brindó un alimento sencillo[6], 15y les sirvió, según Juan, nada más que unos panes de cebada y unos pececillos[7].

16En cuanto a la bebida, ni se la menciona, con lo cual sin duda se quiere indicar que bastaría y es muy necesario para todos el uso del agua, 17a menos que se la considere perjudicial para alguno por causa de la debilidad del cuerpo, y deba ser evitada según el consejo que el Apóstol Pablo da a Timoteo cuando le escribe[8]. 18También debe ser evitado todo aquello que claramente es dañino para el cuerpo, porque es absurdo tomar alimentos para fortalecer el cuerpo y luego, por esos mismos alimentos, perjudicar al cuerpo y tornarlo inútil para el cumplimiento de los mandatos.

19Es necesario de todos modos usar aquellos alimentos que pueden comprarse más fácilmente y a menor precio, no sea que con la excusa de la abstinencia busquemos los más suntuosos y raros, 20mientras que con la suavidad de los condimentos procuramos convertir en sabrosos y delicados, alimentos que por naturaleza son de poco precio. 21Si en la región hay algo que se pueda comprar más fácilmente y a menor precio, y que la gente usa comúnmente, esto debemos adoptarlo para nuestro uso, 22y de (fuera de la región) traer únicamente los que son absolutamente indispensables para la vida, a saber, el aceite y otras cosas semejantes; también lo que es necesario para el alivio de los enfermos[9].

 

Cuestión 10[10]

En estrecha relación con los temas de la alimentación y la bebida, se plantea ahora la cuestión del orden en que se deben sentar en la mesa. La norma que debe seguirse es la establecida por el Señor en el Evangelio.

 

Pregunta: ¿Cómo debemos proceder respecto a los asientos y a los puestos de la mesa cuando la ocasión lo requiere[11]?

Respuesta: 1Tenemos el precepto del Señor que en toda (situación) nos enseña la humildad, 2y en el cual también trata acerca de esto: que cuando vamos a un banquete busquemos el último lugar y no ocupemos el primero[12]; 3es, pues, necesario saber que cuando todos los que nos reunimos tenemos una misma intención y propósito, principalmente si ya hemos dado pruebas de nuestra humildad en muchas y mayores cosas, es conveniente que cada uno se anticipe a desear el último lugar, según el mandato del Señor. 4Pero si a causa de esto nace una contienda y uno procura sacar a otro del último lugar, esto es muy reprobable; 5de aquí surge un motivo de perturbación e inquietud, si sucede que nadie quiere ceder a otro, y si por esto se promueven contiendas, sería igual que si se pelearan por los primeros puestos. 6Por tanto, también en esto conviene considerar con prudencia lo que corresponde a cada uno, y ciertamente ceder ante aquel que está encargado de esto; 7y por lo demás obedecerle guardando el orden para sentarse a la mesa, a fin de que se cumpla en nosotros aquello que está dicho: Que todo lo de ustedes se haga con orden y decoro (1 Co 14,40)[13].

 


[1] Cf. GR 19, cols. 968 A-969 B.

[2] Ga 5,23.

[3] Cf. RB 39,7-9; 40,6.

[4] BASILIO, Hom. Quod rebus mundanis adhaerendum non sit 4: “La saciedad ha conducido a muchos a la muerte... (La intemperancia) hace que el cuerpo se torne perezoso ante el trabajo necesario y, además, débil” (PG 31, col. 548 BC); Neri, p. 271, nota 354.

[5] Cf. Flp 3,19.

[6] Cf. Mt 14,15 ss.; 15,32 ss.; Mc 6,35 ss.; 8,1 ss.; Lc 9,12 ss.; Jn 6,5 ss.

[7] Cf. Jn 6,9 ss. En su edición de la RBas, Zelzer coloca en el aparato crítico la precisión sobre los cinco panes y los dos peces (quinque hordeacios, duos pisciculos).

[8] Cf. 1 Tm 5,23.

[9] Cf. RB 39; 40,8; 36,9; 37,2-3.

[10] Cf. GR 21, col. 976 BD.

[11] Cf. Mt 23,6; Lc 14,7-8. “Asientos”, el latín dice cathedras, y accubita para “puestos”.

[12] Cf. Lc 14,8 ss.

[13] RB 63.