REGLA DE SAN BASILIO. Traducida al latín por Rufino. Cuestiones 71-80

Cuestión 71[1]

Pregunta: ¿Pero si el que obedece murmura, (qué hay que hacer)?

Respuesta: 1El Apóstol dice: Háganlo todo sin murmuración y sin vacilación (Flp 2,14). Por tanto el que murmura sea alejado de la comunión de los hermanos y sea rechazada su obra. 2Pues es manifiesto que ese tal está enfermo por infidelidad[2] y no tiene una fe cierta en la esperanza futura.

 

Cuestión 72[3]

Pregunta: Si un hermano contrista a otro hermano, ¿cómo hay que corregirlo?

Respuesta: 1Si alguno contrista a otro como dice el Apóstol: Se entristecen, pero de nosotros no han sufrido perjuicio alguno (2 Co 7,9), no debe ser corregido el que contristó sino el que se ha contristado; y debe mostrar signos de aquella tristeza que es según Dios[4]. 2Pero si contristó sin motivo, es decir, no según Dios, acuérdese el que contristó del Apóstol que dice: 3Si tu hermano se contrista por algún alimento ya no procedes según la caridad (Rm 14,15). 4Y cuando haya reconocido que éste es su pecado, cumpla aquello que dijo el Señor: 5Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, luego vuelve y presenta tu ofrenda (Mt 5,23-24).

 

Cuestión 73[5]

Pregunta: Y si no consiente en dar satisfacción, ¿qué se debe hacer?

Respuesta: 1Debemos comportarnos con él según lo que dijo el Señor acerca de aquél que pecó y no hizo penitencia: Si no escucha a la asamblea, sea para ti como un gentil y publicano (Mt 18,17).

 

Cuestión 74[6]

Pregunta: ¿Qué hacer si dando satisfacción el que había contristado a otro, el que fue contristado no quisiera reconciliarse?

Respuesta: 1Acerca de esto es manifiesta la sentencia del Señor referida en la parábola del servidor a quien su consiervo le rogó y no quiso tener paciencia con él, y al oír esto sus compañeros de servicio lo refirieron a su señor (Mt 18,31). 2Airado el señor anuló todas las mercedes que había concedido al deudor, y lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda (Mt 18,34).

 

Cuestión 75[7]

Pregunta: ¿Cómo hay que considerar al que despierta a los hermanos para la oración[8]?

Respuesta: 1Si alguien conoce el daño que proviene del sueño, cuando no tiene conciencia de sí misma[9], y comprende cuál es la ventaja de las vigilias, especialmente cuando se vela para glorificar a Dios con oraciones, 2así debe considerar al que lo invita a ello y lo despierta del sueño, como aquél mediante el cual se obtienen ganancias divinas y dones celestiales, 3tanto si lo invita y lo estimula a la oración como a cumplir cualquier otro mandamiento de Dios.

 

Cuestión 76[10]

Pregunta: ¿Si uno contrista al que despierta, o también se encoleriza, qué merece?

Respuesta: 1Por de pronto debe ser excomulgado y no comer[11], para conocer si de veras se arrepiente y reconoce de cuántos y cuáles bienes se priva neciamente; y una vez convertido reciba el perdón de aquél que dijo: Me acordé de Dios y me llené de alegría (Sal 76 [77],4 LXX). 2Pero si permanece en su necedad y no entiende la gracia (recibida), sea cortado del cuerpo como miembro putrefacto[12], 3porque está escrito: Es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado en la gehenna (Mt 5,29. 30).

 

La tradición monástica, especialmente aquella eremítica o semi-eremítica, es muy contraria, por no decir opuesta, a la posibilidad de juzgar al prójimo. San Basilio, que legisla para quienes viven en comunidad, deja abierta esa opción, siguiendo la enseñanza paulina, pero únicamente en determinadas y especiales circunstancias. Y ello solo por parte de quienes tienen “autoridad para juzgar al hermano”.

Cuestión 77[13]

Pregunta: ¿Qué significa: no juzguen, para no ser juzgados; no condenen para no ser condenados (Mt 7,1; Lc 6,37)?

Respuesta: 1Cuando el Señor algunas veces dice: No juzguen, para no ser juzgados (Mt 7,1; Lc 6,37), y otras veces: Juzguen con juicio justo (Jn 7,24), no prohíbe de modo absoluto la facultad de juzgar, 2sino que nos enseña a conocer la diferencia en los juicios, para que sepamos en qué cosas hay que juzgar y en cuáles no. 3Sobre esto el Apóstol nos enseña claramente hablando acerca de las causas que deben quedar al arbitrio de cada uno: Pero tú, ¿por qué motivo juzgas a tu hermano? Y de nuevo: No nos juzguemos los unos a los otros (Rm 14,10. 13). 4Pero en las acciones que manifiestamente no agradan a Dios, censura a los que no juzgan, y él mismo expresa su sentencia por esto cuando dice: 5Yo si bien ausente con el cuerpo, pero presente en el espíritu, ya he juzgado como si estuviera presente, a aquél que ha hecho esto, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, 6cuando se habían reunido conmigo presente en el espíritu, por el poder de nuestro Señor Jesucristo; sea entregado este hombre a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el día de nuestro Señor Jesucristo (1 Co 5,3-5). 7Si, pues, algo está incluido en nuestra potestad y arbitrio, no hay que juzgar sobre esto al hermano, según lo que dice el Apóstol, como de cosas que se ignoran: 8Por eso, no juzguen antes de tiempo hasta que venga el Señor, el cual iluminará la oscuridad de las tinieblas y manifestará los designios de los corazones (1 Co 4,5). 9Pero es necesario en todos los casos defender los juicios de Dios, a fin de que no seamos objeto de una ira semejante, si sabiendo algo respecto a los que pecan, callamos. 10A menos que, tal vez, el que hace esto no tenga seguridad para reprender, o no tenga autoridad para juzgar al hermano, porque el Señor dice: 11Quita primero la viga de tu ojo y entonces procura quitar la paja del ojo de tu hermano (Mt 7,5).

 

Cuestión 78[14]

Pregunta: ¿Cómo se puede saber si uno está movido por el celo de Dios o por la propia ira, al actuar contra el hermano pecador?

Respuesta: 1Si respecto a todo pecado del hermano sufre lo que está escrito: Me consume tu celo, porque mis enemigos han olvidado tus palabras (Sal 118 [119],39; cf. 68 [69],10). 2En esto es manifiesto el celo de Dios. Sin embargo, también en estas cosas es necesario que todo se trate con prudencia[15]. 3Pero si no ha tenido antes este afecto en su alma, sepa que sus movimientos provienen más de la pasión que de Dios, y en modo alguno podrá cumplir el oficio (que exige) la piedad.

 

Cuestión 79[16]

Pregunta: Dicen algunos que es imposible que el hombre no se encolerice.

Respuesta: 1Es imposible que un soldado se encolerice en la presencia de su rey, con todo ni siquiera así tiene razón lo que se dice (en la pregunta). 2Si una presencia humana de la misma forma impide la pasión de un hombre contra otro hombre (por causa) de la igualdad de naturaleza, cuando no hay otra superioridad que la de la dignidad, 3cuánto más Dios, que estamos seguros está presente en nuestro corazón y ve todos nuestros movimientos[17]. 4Es manifiesto cuán grande es su superioridad, por el mismo hecho de que examina los corazones y los riñones y ve los movimientos del alma[18].

 

Cuestión 80[19]

Pregunta: ¿Se puede ir a algún lado sin haber advertido al que preside?

Respuesta: 1Puesto que el Señor dice: No he venido a hacer nada por mí mismo, sino (en el nombre) del que me ha enviado (cf. Jn 5,30; 6,38; 7,28), con cuánta mayor razón ninguno de nosotros debe permitirse hacer nada por sí mismo. 2Porque el que hace algo por su (propia) autoridad está aprisionado por la enfermedad de una muy manifiesta soberbia y está sometido a aquella sentencia que dice: Lo que es soberbio en los hombres es abominable ante Dios (Lc 16,15). 3Pero también hacer algo por su propia voluntad y autoridad es siempre culpable.

 


[1] Cf. PR 39 (col. 1108 C).

[2] “Infidelitate aegrotat” (está enfermo por infidelidad): el griego dice apistia (falta de fe), que san Basilio considera como la raíz de todas las faltas: de la murmuración, y también del orgullo (RBas 61), y del pecado en cuanto tal (RBas 45) (Neri, p. 358, nota 128).

[3] Cf. PR 40 (cols. 1108 C-1109 A).

[4] Cf. 2 Co 7,10 (Rule, 72, 1). Se trata del caso en que la tristeza es consecuencia de una corrección justa. La tristeza según Dios es aquella según la cual “nos entristecemos por la negligencia o transgresión de un mandamiento” (RBas 50,1); ver Neri, p. 358, notas 129 y 130.

[5] Cf. PR 41 (col. 1109 AB).

[6] Cf. PR 42 (col. 1109 B).

[7] Cf. PR 43 (col. 1109 C).

[8] “Quomodo debet quis habere eum qui ad orationem suscitat fratres?”.

[9] “Cuando no tiene conciencia de sí misma” (cum neque sui ipsius sensum habet): ¿quién no tiene conciencia de sí misma? El alma, como lo dice el texto griego: “En el sueño del alma (psyché) ni siquiera tiene conciencia de sí misma” (PR 43; col. 1109C). Ver Ep. 2,6: “... estar dominado por un sueño profundo, encadenado a los miembros, es como dar vía libre a las fantasías insensatas, es estar en una muerte cotidiana para los que de esa forma duermen” (trad. castellana en Cuadernos Monásticos no 84 [1988], p. 86).

[10] Cf. PR 44 (cols. 1109 D-1112 A).

[11] Cf. RB 25 (Rule, 76, nota 98).

[12] Cf. RB 28,6 (Rule, 76, nota 99).

[13] Cf. PR 164 (cols. 1189 BC-1192 A).

[14] Cf. PR 165 (col. 1192 AB).

[15] “Que todo se trate con prudencia”, el texto griego de la PR agrega: “para la edificación de la fe” (ver Ef 4,29).

[16] Cf. PR 127 (col. 1168 C).

[17] Ver RBas 46,1.

[18] Cf. Sal 7,10 (LXX) y Jr 11,20; 17,10; 20,12; Hch 2,23 (previo conocimiento de Dios). El Sal 7,10 también lo encontramos en RBas 34,1 y 108,2. En RBas 34,1 se ha traducido “corazones y entrañas”, siguiendo a la Biblia de Jerusalén (ver la nota correspondiente a RBas 34,1). El término nephros (renes; riñones) en el AT indica la parte más oculta del hombre (ver Sal 138 [139],13), allí donde el dolor es más profundo (ver Jb 16,13); donde la conciencia habla (ver Sal 15 [16],7); donde la angustia y la preocupación se hacen sentir al máximo (ver Sal 72 [73],21); ver H. Preisker, art. Nephrós: Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament IV (1942) 912 ss. (trad. italiana, Brescia 1971, cols. 929-932).

[19] Cf. PR 120 (col. 1164 B).