DOMINGO 29º. Ciclo "A"

«(A quienes) tratan de conceder preeminencia al Emperador sobre la misma Iglesia... les contestamos lo que les respondió nuestro Maestro y Señor. Cuando Jesús reparó en la astucia de los judíos, les dijo: “¿Por qué me tientan? Muéstrenme un denario”. Y habiéndoselo alcanzado, les siguió interrogando: “¿De quién es esta inscripción?”. Contestaron ellos: “La imagen del César”. Y Jesús les dijo: “Den entonces al César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,18 ss.)... Yo no conozco más que una imagen dentro de la Iglesia: la imagen del Dios invisible, de la que Él mismo ha dicho: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1,26)... Si Cristo ha sido obediente, tengan bien presente (...) los principios de obediencia que siempre hemos tomado como norma: damos al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios. Los impuestos corresponden al Emperador; no le son negados. La Iglesia pertenece a Dios, y por lo tanto no será entregada al Emperador, ya que él no tiene derecho alguno sobre la Iglesia. He hablado con todo respeto al Emperador. Nadie podrá desmentirme. ¿Qué honra mayor puede tributarse a un Emperador que la de llamarle “hijo de la Iglesia”? Al hacerlo así, no se le infiere una ofensa; por el contrario, se le honra. El Emperador está dentro de la Iglesia, no por encima de ella»[1].

 


[1] San Ambrosio de Milán, Epístola 21, 31-32 y 35-36; PL 16,1059-1061. Trad. en: H. Rahner, Libertad de la Iglesia en Occidente. Documentos sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado en los tiempos primeros del cristianismo, Buenos Aires, Eds. Desclée de Brouwer, 1949, pp. 147. 149. San Ambrosio nació hacia 339. Fue miembro de una familia noble. Siguió la carrera política, ocupando cargos importantes, hasta que en torno al año 374 (o 373?) fue elegido intempestivamente para ocupar la sede episcopal de Milán. Recibió la ordenación episcopal, probablemente, el 7 de diciembre de 374 (o el 01.12.373?), ocho días después de haber sido bautizado. Murió el año 397. Fue un modelo de pastor solícito totalmente dedicado a atender los fieles a él encomendados y a defender la fe de la Iglesia.