DOMINGO 25º. Ciclo "A"

«(...) Este redil de la Iglesia recibe los cabritos con los corderos; pero, según asegura el Evangelio, cuando viniere el Juez, separa de los buenos a los malos, como el pastor separa de las ovejas a los cabritos. No pueden contarse allí en el rebaño de las ovejas los que aquí han sido esclavos de los placeres de su carne. El Juez separa allí de la suerte de los humildes a los que aquí se engríen llenos de soberbia; no pueden participar del reino de los cielos quienes, profesando aquí la fe celestial, buscan con todo afán las cosas terrenas. Y ven en la Iglesia, hermanos carísimos, a muchos tales, pero ni deben imitarlos ni tampoco despreciarlos; puesto que sabemos lo que cada uno es hoy, pero no sabemos lo que ha de ser mañana; y con frecuencia al que vemos venir tras de nosotros se nos adelanta por su agilidad en obrar el bien, y apenas si podemos seguir mañana al que hoy parecía que le llevábamos la delantera. Helo aquí: cuando Esteban moría por la fe, Saulo custodiaba los vestidos de los que le apedreaban; por consiguiente, él mismo apedreaba por las manos de todos los apedreadores, porque él los dejaba a todos expeditos para apedrear; y, sin embargo, con sus trabajos en la santa Iglesia aventajó al mismo a quien, persiguiéndole, hizo mártir.

Dos cosas son, por lo tanto, las que cuidadosamente debemos considerar; la primera es que, puesto que muchos son los llamados y pocos los escogidos, cada uno se guarde de presumir de sí en modo alguno, porque, aunque haya sido ya llamado a la fe, no sabe si es digno del reino eterno; y la segunda es que nadie se atreva a desalentar al prójimo, a quien tal vez encuentra yacer en los vicios, porque desconoce la abundancia de la misericordia divina»[1].

 


[1] San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, I,19,5-6; trad. en: Obras de San Gregorio Magno, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1958, p. 620 (BAC 170). Nació Gregorio hacia 540, en el seno de una familia romana de posición acomodada. Hacia el 572, fue nombrado prefecto de la ciudad de Roma. Pero poco tiempo después, entre 574-575, se convirtió a la vida monástica. Cuatro años más tarde, en 579, el papa Pelagio II le confirió el diaconado y le solicitó estar disponible para el servicio de la Iglesia. Entonces fue enviado como legado papal a Constantinopla, donde residió hasta 585. Al regresar a Roma se desempeñó como secretario y consejero de Pelagio, y a la muerte de éste lo sucedió en la sede romana (año 590). A pesar de no tener buena salud gobernó a la Iglesia, en un momento muy difícil de la historia, hasta su muerte, acaecida el 12 de marzo de 604. Con sus obras marcó el rumbo de la espiritualidad medieval.