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EN LA ESCUELA DE UN MAESTRO “SCIENTER NESCIUS ET SAPIENTER INDOCTUS” (IV)

Santa Gertrudis, medallón de monja novohispana, siglo XIX, Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, México.

Mauro Giuseppe Lepori, O.Cist.[1]

 

La ciencia nueva de Gertrudis, su ciencia[2], surgía de su experiencia interior de la escucha de Dios, del Verbo, que la alcanzaba sobre todo a través de la Sagrada Escritura y de la Liturgia, o mejor, de la Sagrada Escritura en la Liturgia.

Para crecer de verdad en un conocimiento es necesaria la actitud humilde de reconocer una ignorancia, un no saberlo todavía todo, un vacío en sí de conocimiento y de experiencia de la verdad. Reconocerse nescius et indoctus es la condición de la verdadera ciencia, de la auténtica sabiduría, y, sobre todo, de un conocimiento que permanece siempre abierto a la realidad como algo siempre más grande que la razón, que nuestra capacidad de captar la verdad. ¡Y cuanto más, esta humilde confesión de ignorancia es indispensable para adentrarnos en el conocimiento de la Realidad que nos trasciende, la realidad de Dios, origen de todo ser y conocimiento!

Santa Gertrudis, cada vez que una palabra de la Escritura la impacta, cada vez que Jesús mismo le habla, cada vez que intuye una verdad teológica, lo vive siempre como un descubrimiento, nunca como una creación o una invención. Lo hace, por tanto, con asombro, sintiéndose indigna y hasta vencida por una belleza, por una verdad que la llena de gratitud, que dilata su corazón y lo abre. Y entonces se expresa, debe testimoniar, debe hablar de ello, debe transmitirlo. La ciencia y la sabiduría que recibe en la capacidad humilde de su conciencia de ignorancia y falta de instrucción, la debe transmitir, porque se siente demasiado pequeña para contener todo en sí misma. Pero lo hace como una niña, pequeña y agradecida, que grita su asombro.

Un solo ejemplo, pero muy bello, del segundo libro del Heraldo del Amor Divino: “Te ofrezco mi acción de gracias, oh Dios mío amantísimo y amante de los hombres, a través de la recíproca gratitud de la siempre adorable y venerable Trinidad, por estas y otras muchas saludables enseñanzas, a través de las cuales tú, el mejor de los maestros, tantas veces has instruido mi ignorancia” (L II,18,12).

El asombro, la maravilla, comenzando por la humildad de reconocerse ignorante e inexperta. Por esto creo que el mayor daño que podemos hacerle a la sabiduría y doctrina de una santa Gertrudis, es hacer de ella solamente una visionaria, una santa de experiencias y revelaciones místicas, anulando de su obra la riqueza de referencias a la Sagrada Escritura y a la tradición litúrgica, patrística y monástica, que Gertrudis ha cultivado en obediencia a la Regla de san Benito.

Sus referencias a la Palabra de Dios y a los textos de la Liturgia no son ornamentales, sino que son la fuente de su doctrina, también de aquellas que las revelaciones sobrenaturales vienen a confirmar, profundizar y dilatar. Es un poco como las citas bíblicas consteladas en la Regla de san Benito No son simples ornamentos, sino la fuente que da a la Regla su autoridad y profundidad.

Gertrudis nos tramite una formación en acto, a las fuentes de la revelación de Dios al hombre. En esto su doctrina, más que transmitirnos contenidos -que también los tiene, y muy ricos y originales- nos transmite el método cristiano y monástico de ser discípulos, de dejarnos formar por el Verbo de Dios hecho hombre, crucificado y resucitado.

 

7. Una opción a actualizar

Hoy es urgente traducir[3] a la situación cultural (e intercultural), psicológica e intelectual del hombre contemporáneo la posibilidad y el modo de hacer nuestra la experiencia de san Benito, como la actualizó Gertrudis, siguiendo la escuela de los cistercienses, para su tiempo, su cultura y sensibilidad.

¿Qué puede querer decir para un joven de hoy -que normalmente deprecia la cultura clásica, sin temer que ésta lo lleve a resbalar en un abismo de perdición- el pasar de la ciencia y sabiduría del mundo a la ciencia humilde de quien desea complacer solo a Dios? ¿Cómo se definirían hoy los “estudios exteriores”, la ciencia mundana, que hoy arrastra al hombre a un abismo de sinsentido y de vacío existencial?

Tampoco es cierto hoy que sea la cultura clásica la que arrastre al hombre a la nada, sino más bien, la cultura superficial que los nuevos medios de masas inculcan y a las cuales [los jóvenes] han sido confiados, “entregados”, desde su infancia. Y estos “estudios exteriores”, hoy entran en la mente y el corazón, sin que siquiera nos demos cuenta. El hombre contemporáneo está habitado de exterioridad, alienado de la intimidad sacra del yo creado a imagen y semejanza de Dios por la comunión con Él.

Quizás tenemos precisamente necesidad de que nuevos Benitos y nuevas Gertrudis renuncien a esta ciencia que para el mundo parece irrenunciable, para vivirla de modo nuevo, libre, desde dentro de una experiencia de Dios y de la vida, que los monasterios están llamados a fomentar y testimoniar.

Cuando Benito dejó los estudios mundanos, lo hizo solo. Probablemente quien lo hubiera visto hacer esta opción lo despreciaría, porque mirado desde el exterior, quien es scienter nescius et sapienter indoctus parece solo nescius et indoctus, parece solo ignorante y sin cultura, ya que la ciencia y la sabiduría a las que esta elección conducen, y que esta opción hace posible, en el silencio y en la paciencia, permanecen frecuentemente ocultas al mundo. También san Pablo fue objeto de burla en el Areópago de Atenas, por haber elegido “la necedad de Dios, más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios, más fuerte que los hombres” (cf. 1 Co 1,25).

Pero si estos hombres y mujeres, si estos santos, no hubieran hecho esta opción mucho más revolucionaria que la del ‘68, hoy el mundo entero estaría quizás privado de sabiduría, y por lo tanto de humanidad; de aquella nueva y divina humanidad, donada al mundo en el Verbo de Dios encarnado.

 

8. Maestro de humanidad

En el silencio y en la soledad de Subiaco, Benito ha crecido en la ciencia nueva del Evangelio, tanto que después de tres años, cuando lo descubren los pobres pastores de la región, a los que Gregorio Magno atribuye poco gentilmente “una mente bestial”, comienzan a venir a buscar en él a un maestro de vida y de piedad que los humaniza. “Sus palabras, sigue diciendo Gregorio, eran un alimento de vida que se llevaban consigo en sus corazones” (Dial. II,1).

Este episodio prueba, en primer lugar, que esos tres años de soledad no fueron sin lectura, estudio y meditación, al menos de la Sagrada Escritura. Pero, sobre todo, que la ciencia ignorante de san Benito se había vuelto ya fecunda por un acontecimiento pascual. La opción de la ciencia ignorante había permitido a Benito una suerte de descenso a los infiernos de la ignorancia bestial de sus hermanos hombres, para resurgir al don y a la transmisión de una sabiduría del corazón capaz de hacer humana la vida.

 

Para descargar en PDF:
 
Mauro-Giuseppe Lepori, O.Cist.: En la escuela de un maestro scienter nescius et sapienter indoctus.
 
 

 


[1] Nacido en Lugano en 1959, D. Mauro Giuseppe se graduó en filosofía y teología en la Universidad de Friburgo; desde 1984 es monje cisterciense en Cauterice. Siendo maestro de novicios, fue elegido abad en 1994. Posteriormente fue miembro del Consejo del Abad General desde 2005 y elegido Abad General de la Orden Cisterciense en 2010. Es autor de numerosos libros y artículos traducidos a varias lenguas.

[2] Continuamos publicando aquí la traducción íntegra de las actas del Congreso: “SANTA GERTRUDE LA GRANDE, “DE GRAMMATICA FACTA THEOLOGA”. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 13-15 aprile 2018. A cura di Bernard Sawicki, O.S.B., Ruberval Monteiro, O.S.B., ROMA 2019”, Studia Anselmiana 178, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2019. Agradecemos el permiso de Estudia Anserina. Tradujo la hna. Ana Laura Forastieri, OCSO. Cfr. el programa del Congreso en: http://surco.org/content/congreso-santa-gertrudis-grande-grammatica-facta-theologa

[3] La palabra aquí traducida por “actualizar” y “traducir” es, en el original, “aggiornare”.

 

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