LA BELLEZA EN LOS ESCRITOS DE SANTA GERTRUDIS (IX)

“La primera que se siente junto a ti, es mi elegida” [1], grabado publicado en el libro “Vida de Santa Gertrudis Virgen”, autor anónimo, Apostolado de la Prensa, Madrid, 1913.

 

Bernard Sawicki, OSB[2]

6. La tercera síntesis – “Entre” impulso y acción: la frescura litúrgica

Al final de la presentación del panorama de la belleza en los escritos de santa Gertrudis[3], debemos necesariamente llegar a una síntesis, que no puede tener otro carácter que el litúrgico. Esto parece natural, dada la pertenencia de Gertrudis a la tradición monástica benedictina. Por otro lado, es propio de la liturgia recoger todos los aspectos y categorías de la belleza que han sido presentados hasta ahora: el espacio que prepara y favorece la acción; los impulsos e irradiaciones, como efectos que encuentran su configuración feliz y definitiva en la celebración litúrgica, la cual, en el ambiente benedictino, brilla e irradia belleza. Así las palabras litúrgicas reciben un marco particular:

Apenas hube alzado la cabeza, vi frente a mí un joven resplandeciente de gracia y de belleza: tendría unos dieciséis años y su aspecto era tal que mis ojos no hubieran podido admirar nada más atrayente. Con un tono de suma bondad  me dijo estas dulces palabras: “Cito veniet salus tua. Quare moerore consumeris? Numquid consiliarius non est tibi, quia innovavit te dolor?, tu salvación llegará pronto ¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Te falta acaso un consejero y por eso se prolonga tu dolor?”[4].

En estas escenas Jesús toma real y concretamente el rol de Liturgo, de Sacerdote-Esposo, pero también de intérprete de la acción litúrgica:

El Señor le respondió: “Ya que acudes a mí y hasta pareces dirigirme un reproche, quiero, amadísima esposa, cantarte un epitalamio lleno de dulzura y de amor: Recuerda que te he rescatado con mi Sangre y que los treinta tres años que pasé trabajando en la tierra, estuvieron consagrados a preparar mis esponsales contigo. Que este pensamiento te sirva como la primera parte de la santa Misa. Escucha, soy yo quien te dice: sabe que has sido enriquecida por mi Espíritu y cuando mi cuerpo trabajaba por treinta y tres años en preparación a mis nupcias contigo, mi alma exultaba en alegres transportes, pensando en los místicos esponsales que debía contraer con tu alma. Que este pensamiento sea para ti como la segunda parte de la santa Misa. Sabe también que mi divinidad se ha difundido en ti y es ella la que, como virtud potente, mezcla cada día dulzuras embriagadoras y delicias sobrenaturales en todos tus sufrimientos físicos. Que esto te sirva como la tercera parte de la santa Misa. Escucha todavía una vez más: ¡fue mi amor el que te ha santificado! Reconoce entonces que ninguno de los bienes que posees es tuyo pero recuerda que has recibido de mí, todo lo que puede hacerte agradable a mis ojos; esto te servirá de meditación para la cuarta parte de la santa Misa”[5].

La belleza acompaña e intensifica la participación personal de Gertrudis en la liturgia. La liturgia permanece como espacio de la presencia del Señor porque, aun cuando Él está junto a ella y se la comenta, lo hace solo para profundizar su participación en ella:

En el momento de la Consagración ella sitió un ardiente deseo de encontrar una ofrenda digna de ser presentada al Padre, como homenaje de alabanza. El Señor le dijo: “Si te preparas hoy para recibir el sacramento vivificante de mi Cuerpo y de mi Sangre, se será posible obtener los tres beneficios que anhelas, es decir: gozar de la dulzura de mi amor, sentir tu alma derretirse de ardor por mi divinidad, de modo que puedas escurrirte en mi como la plata fundida se mezcla con el oro en el crisol; así, finalmente, poseerás un precioso tesoro, dingo de ser ofrecido al Padre omnipotente, en homenaje de eterna alabanza y todos los santos obtendrán por ello un aumento de gloria”[6].

El contexto de los escritos de Gertrudis en cierto modo redefine el rol de la liturgia, la cual, funcionando como emanación y suprema forma sintética dela belleza, retoma y mantiene activa todas las categorías de la belleza aquí analizadas. Así la liturgia se transforma en el espacio real del encuentro entre el Esposo y la esposa, el espacio lleno de su presencia misteriosa y discreta, en la cual, bajo las variadas formas de la acción litúrgica, Él se expone y se ofrece directamente a quienes lo aman. Gertrudis es la testigo privilegiada de esto. Jesús mismo es su guía en las celebraciones litúrgicas:

Durante el canto del Gloria in excelsis Deo (Gloria a Dios en el cielo), el Señor Jesús, Pontífice supremo, exhaló un soplo divino hacia el Padre, semejante a una llama ardiente. A las palabras ‘et in terra pax hominibus bonae voluntatis’ (y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad), dirigió el mismo aliento, bajo la forma de cándida luz, hacia las personas presentes. Al ‘Sursum corda’ (levantemos los corazones), el Hijo de Dios se levantó, pareciendo aspirar con fuerza los deseos de todos los presentes; luego, volviéndose hacia el este, rodeado por una multitud de ángeles que lo servían, sosteniendo las manos alzadas, ofreció al Padre con las palabras del Prefacio, los deseos de todos los fieles.

Al ‘Agnus Dei’ (Cordero de Dios), se alzó en medio del altar con toda la potencia de su Majestad; al segundo ‘Agnus Dei’ parecía recogerse en sí mismo y ofrecer al Padre los votos y deseos de todos. Entonces dejó traslucir la exuberancia de su amor y dio con santísima boca el beso de paz a todos los santos presentes. Quiso enseguida glorificar al coro de las vírgenes con un privilegio totalmente especial; y después de haberlas honrado con el beso de paz, se dignó también estampar en sus pechos, con sus benditos labios, el dulce beso del amor. Difundiendo después en la asamblea de las monjas los rayos vivificantes de su ternura, les dijo: “Yo soy todo vuestro; cada una de vosotras puede gozar de mí según su deseo”[7].

En último análisis, la liturgia no debe ser otra cosa que el lugar del encuentro íntimo del Esposo con la esposa. Así, el espacio respetado resulta la morada segura, domicilio donde se puede encontrar y captar el sentido y la belleza de los sacramentos:

Sostenida por los brazos de su divino Esposo, confiadamente apoyada en su sagrado pecho, le parecía que los esfuerzos de todas las creaturas juntas no lograrían jamás arrancarla de aquel lugar de paz, donde obtenía, de la llaga del divino costado, un licor vivificante más exquisito que el bálsamo[8].

 

7. Conclusión

Hemos tratado de identificar y poner juntos los pasajes del Legatus de Santa Gertrudis que, en su propio carácter, más o menos directamente, evocan la belleza. Reagrupados en varias categorías, constituyen un panorama de la experiencia de la belleza transmitida por la santa: dinámica, simbólica e inseparablemente vinculada a la liturgia. Esta experiencia requiere en su esencia una conmoción. La belleza aparece como un espacio meditativo en el encuentro con Jesús pero también como el fruto de este encuentro. Precisamente por esto, en el contexto existencial, esta debe ser tomada muy en serio:

A todo el que con corazón humilde venga a mí y quiera leer estas páginas con el deseo de mi amor, yo lo pondré junto a mí y le señalaré con el dedo los pasajes que le serán útiles. Además me inclinaré hacia él con gran bondad y, del mismo modo que el aliento de quien ha gustado majares aromáticos se difunde a los que le están cercanos, así también el aliento de mi divinidad realizará en su alma efectos saludables. Pero a aquel que, movido por vana curiosidad, quiera escudriñar en el libro o falsificar su sentido, lo trataré como a un insolente que osara inclinarse a leer por encima de mis espaldas: no soportaré su peso fastidioso ni su presencia, sino que lo confundiré con mi fuerza divina[9].

Para concluir, vale la pena preguntarnos qué significado podría tener para hoy la belleza en los escritos de santa Gertrudis. La respuesta puede expresarse en tres puntos:

1. La sensibilización de cada gesto de amor (recordando que el eros va siempre unido a la caritas).

2. El crecimiento en la cultura del amor, expresada en el respeto de la distancia y de la diversidad, en armonía con la naturaleza y la capacidad de sintetizar y de atraer.

 3. La necesidad recuperar la belleza y de integrarla en nuestra vida. Puesto que el marketing toma elementos de la religión y la caricaturiza, nutriéndose de una belleza fragmentada[10], en la formación y en la práctica de la vida religiosa debemos volver a la belleza primaria, al amor primero, abrazando animosamente su belleza y afrontando sus desafíos, para transmitir al mundo el verdadero mensaje del amor, como bien decía Simon Weil: “Se equivoca quien reprocha a los místicos por usar el lenguaje del amor: ellos son sus legítimos propietarios; los demás tienen solo el derecho de tomarlo prestado”[11].

 

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Bernard Sawicki, OSB - LA BELLEZA EN LOS ESCRITOS DE SANTA GERTRUDIS
 

https://drive.google.com/file/d/13vksXNUltP-2fmitp033-F7TOPz0S_8I/view?usp=sharing

 


[1] El grabado se refiere al siguiente texto del Legatus Divinae Pietatis: Cierta persona bien experimentada en experiencias espirituales, atraída por la fragancia de la buena fama (de Gertrudis), vino de lejanas tierras al monasterio, sin que nadie la conociera en este lugar. Con grandes deseos anhelaba alcanzar del Señor en la oración poder encontrase con ella, para obtener, por benevolencia de Dios, provecho para su alma. El Señor le respondió: “Has de saber que la primera que se siente junto a ti en este lugar es la más fiel de todas y verdaderamente mi elegida”. Tras estas palabras, sucedió de forma admirable que fuera esta sierva la primera en sentarse allí. Pero ella quiso ocultarse por humildad y pasó casi totalmente desapercibida. La visitante se creyó defraudada, y postrada en tierra, exponiendo al Señor la situación con grandes gemidos, le fue confirmado con toda verdad que era aquella, la que el Señor le había garantizado ser la más fiel en todo. Luego esta persona tuvo un encuentro con doña M., cantora del monasterio, de feliz memoria (Matilde de Hackeborn); sus palabras le produjeron tanta dulzura que parecían como empapadas por la miel del Espíritu Santo. Preguntó al Señor por qué exaltaba a ésta (Gertrudis) sobre las demás y no lo hacía con la otra (Matilde). Le respondió el Señor: “Son grandes las cosas que realizo en ésta (Matilde), pero serán aún mayores las que realizaré en aquella (Gertrudis) [Legatus IV,23,4-5].

[2] Bernard Sawicki, osb, es monje de la Abadía benedictina de Tyniec (Cracovia) en Polonia, se graduó en teoría de la música y piano. Es doctor en teología. Fue abad de Tyniec entre los años 2005 y 2013. Desde 2014 es Coordinador del Instituto Monástico de la Facultad de Teología del Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma.

[3] Continuamos con la publicación de la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[4] Legatus, II,1.

[5] Legatus, III,8.

[6] Legatus, III,17.

[7] Ibid.

[8] Legatus, V,4.

[9] Legatus, V,34.

[10] Véase por ejemplo, B. BALLARDINI, Jesús lava mejor, o de cómo la Iglesia inventó el marketing, Minimum fax, Roma, 2014. Como señala BAUMANN, “bellas son las felpas y marcas de moda, los cuerpos modelados en el gimnasio o en la cirugía estética, belleza producida artificialmente con métodos variados” (Z. BAUMAN, Między chwilą a pięknem. O sztuce w rozpędzonymświecie [Entre el instante y la belleza: Sobre el arte en el mundo fugaz.], Officyna, Łódź 2010, 18.

[11] S. WEIL, L’attente de Dieu, 1942, 117; cf. edición electrónica en: http://www.freepdf.info/index.php?post/Weil-Simone-Attente-de-Dieu.