LA BELLEZA EN LOS ESCRITOS DE SANTA GERTRUDIS (VI)

Oh luz serenísima de mi alma y mañana resplandeciente,

surge ahora en mí; comienza a brillar sobre mí con tanta claridad,

que en tu luz contemple yo la luz; y que por ti, mi noche se convierta en día (…).

Eres el espejo resplandeciente de la santa Trinidad

que en el cielo, cara a cara, y aquí, sólo en reflejo,

nos es permitido contemplar, con los ojos de un corazón puro.

Santa Gertrudis, Ejercicio V

 

Bernard Sawicki, OSB[1]

4. La Segunda síntesis - “Entre” e intercambio: ternura

El estar juntos en el espacio, que separa pero también une[2], enriquecido por la acción, nos conduce hacia la nueva cualidad de la “ternura”. La relación amorosa, no perdiendo nada de su nobleza y delicadeza, busca la dimensión de la cercanía. Así, el amor busca nuevos medios para expresarse todavía más y siempre mejor. En esta acción se vuelve creativo, pero siempre muy respetuoso de la alteridad y la distancia. Sin embargo, la perspectiva de la unión poco a poco va emergiendo en el horizonte.

 

4.1. “Escondimiento”

El motivo de la búsqueda y el descubrimiento pertenece a las figuras clásicas de la literatura del amor. Allí la cercanía de los enamorados se realiza en una acción cumplida y acabada. La alteridad se acoge, se honra y acepta, no sin algún momento de transformación de las propias inseguridades y temores en un sentido de protección y de paz. Allí, las imágenes, frecuentemente tomadas de la naturaleza, se encuentran y entrecruzan para mostrar la belleza del estar juntos en seguridad y confianza. En la introducción al Legatus leemos que “como un grano de polvo oculto bajo una pluma u otro objeto está preservado por esa sombra ligera de los rayos solares, así Gertrudis se esforzaba por huir del honor que se le habría podido prodigar por las gracias sublimes de las que era favorecida”[3].

Ya en la imagen de la paloma antes mencionada aparecía esta dimensión de escondimiento íntimo y seguro. He aquí otro ejemplo, todavía más significativo:

Al segundo versículo, Benedic et noli oblivisci[4] (bendice y no olvides) me fue dado lavar en aquella fuente amorosa de la cual proviene la sangre y el agua de la redención, toda mancha carnal y amor efímero. Al tercer versículo: Qui propitiatur (Él perdona), como la paloma que hace su nido en la grieta, vine a refugiarme en la llaga de la mano izquierda, para gustar el reposo del alma. Al cuarto versículo, Qui redimit de interitu (Él rescata de la muerte), acercándome a tu mano derecha, obtuve con confianza en los tesoros que ella encierra, todo lo que me faltaba para la perfección de las virtudes[5].

La yuxtaposición del ave y su reposo en la llaga de la mano derecha de Jesús es muy fuerte y expresiva: es precisamente una de estas síntesis valientes que abren a nuevas dimensiones de la belleza.

El escondimiento al que se atreve el amor lleva en sí también un deseo de unión con el amado, que parece obvio en la relación amorosa. Esta unión sin embargo, tiene más bien un carácter existencial, más que erótico. Se vuelve una forma de solidaridad y empatía:

He aquí la adorable respuesta de Jesús: “Si un pobre enfermo que ha ido con fatiga a exponerse al benéfico rayo del sol, fuera de repente sorprendido por un temporal ¿no experimentaría consuelo esperando que pronto el tiempo volverá al sereno? Y bien, también yo, vencido de amor, he establecido en ti mi morada y entre todas las tormentas de los vicios que te inundan, me consuelo esperando el momento bendito del arrepentimiento que devolverá la calma a tu corazón y te guiará hacia las regiones fecundas de la humildad”[6].

De nuevo es bella esta síntesis armoniosa de varias imágenes, porque comunica el amor feliz, profundo, sereno y sublime, y en este caso también emblemático y ejemplar para el proceso espiritual cristiano. De este momento de cercanía íntima y concreta nacen otras acciones que pondrán en relación otras imágenes.

 

4.2. Abrazos

Para la amada, el estar escondida, aun siendo una acción, tiene un carácter más bien pasivo. Un paso más adelante, que intensifica la cercanía íntima de la relación amorosa, llevándola a un plano más activo, son los abrazos, es decir la acción que resulta de la confianza que trae la cercanía. Aquí la persona escondida no solo se siente segura en su refugio sino que también recibe de su amante los signos concretos de la cercanía y estos se vuelven también parte del refugio: “Por eso, cuando envíe hacia ti los corazones cansados y afligidos para procurarles alivio, diles que me reciban con confianza. Por amor a ti les abriré mi paterno seno y los estrecharé en los brazos de mi ternura para darles el dulce beso de la paz”[7].

Aquí la armonía y el sereno estar juntos no bastan: evolucionan, pidiendo precisamente una acción de intercambio y de confirmación. Por otro lado la serenidad parece todavía más intensa. Sus varios componentes se entrecruzan y vibran. Delicadamente la cercanía comienza su transformación hacia una unión nunca plenamente conseguida, pero que honra y explora tanto la alteridad como la distancia:

Después de haber pasado toda la noche sin dormir suplicó al Señor que le quitara esta molestia y le concediera para su gloria la alegría de delicias pasadas. El Señor le respondió: “Si tú quieres aligerar mi carga, debes llevar la tuya y ponerla a mi izquierda, a fin de que yo pueda reposar sobre tu pecho. En efecto, cuando me recuesto sobre el lado izquierdo, reposo sobre mi corazón, lo que me es de gran alivio para mi fatiga. Además en esta postura puedo mirar directamente en tu corazón y recoger las vibraciones melodiosas de tus deseos que me arroban. La amable variedad de sus sentimientos me fascina, respiro en él la absoluta confianza que te hace tender hacia mí con tanto impulso y estoy dulcemente conmovido por la ardiente caridad, que te hace anhelar la salvación eterna de todos los hombres. El rico tesoro de tu corazón está abierto ante mí, de modo que puedo distribuir sus riquezas al mundo entero, para que todos los necesitados obtengan beneficio. Si tú en cambio te pones a mi derecha, es decir, si tu alma no conoce más que consolaciones, quedaré privado de todas estas dulzuras, porque mi cabeza reposaría sobre tu corazón y tu bien sabes que los objetos que están debajo de la cabeza no pueden ser visto por los ojos, ni percibidos con el olfato, ni tocados con las manos, sin dificultad”[8].

No obstante la acumulación de símbolos, esta imagen ofrece también algunos rasgos realistas tomados de los comportamientos naturales de dos personas que expresan su cercanía recíproca. Todo permanece tranquilo pero está impulsando, a través de varios signos de cuidado y expresiones de amor.

 

4.3. Apoyo

Otra forma de acción, quizás más determinada, es el apoyo: un esfuerzo por sostener o bien para mantener en vida. En la pareja, el que generalmente actúa es él, combinando delicadeza y fuerza, sensibilidad y eficiencia.

Mientras así hablaba, yo miraba y vi entre Él y yo, es decir entre su diestra y mi izquierda, una cerca tan larga que no podía ver su término, ni por delante, ni detrás de mí podía ver su término. La superficie aparecía cubierta de espinas tan tupidas, que en ningún lugar encontraba una brecha que me permitiese pasar para llegar al bello adolescente. Permanecí titubeante, ardiendo de deseo y al punto casi de desfallecer, cuanto Él mismo me tomó de la mano y levantándome sin ninguna dificultad me puso junto a su lado. Vi entonces en aquella mano, que Él me extendía como prenda de fidelidad, las preciosas joyas de las sagradas llagas, que han anulado los derechos de todos nuestros enemigos[9].

A diferencia de los abrazos, donde basta una intuición, en el caso del apoyo se necesita una cierta inteligencia y paciencia. Si bien siempre inmerso en el amor, todo pide un orden. El esposo sorprende con su premura, deleitado a su esposa con las variadas formas de tierno cuidado que desea ofrecerle:

Una vez que debía comulgar y sufría gran desfallecimiento de fuerzas, preguntó al Señor si esta debilidad extrema la habría arrancado de esta miserable vida. El Señor dio a esto la siguiente respuesta: “Si una muchacha observa que los mensajeros del esposo vienen con frecuencia y negocian lo que se refiere a las nupcias, parece coherente que también ella misma se prepare en lo que le concierne respecto a los desposorios. De la misma manera conviene que tú al experimentar la enfermedad no descuides nada de aquello con lo que deseas prepararte antes de la muerte”. Ella: “¿Cómo podré conocer de antemano aquella deseable hora de tu venida en la que me sacarás de la cárcel de este cuerpo?” El Señor: “Haré que dos ángeles de los príncipes de la corte celestial canten a tus oídos con trompetas de oro de dulce tonalidad: Ecce Sponsus venit, exite obviam ei, he aquí que viene el esposo, salid a su encuentro (Mt 25,6)”. Ella: “¿Cuál será entonces, Señor, mi carroza cuando sea conducida por ese camino real para presentarme a ti, mi único dulcísimo?”. El Señor: “Será el arrebato del divino deseo que desde lo más hondo de mi amor dirigiré a ti para atraerte a mí”. Añade ella: “¿Cuál será, Señor, mi silla?”. El Señor: “La total confianza por la que esperas todo bien de mi incondicional benevolencia te servirá de silla en este camino”. Ella: “¿Cuáles serán mis riendas?”. El Señor: “Te servirá de rienda el ardentísimo amor con el que desde lo más profundo de tu corazón anhelas mis abrazos”. Ella: “No sé qué más hay que preparar para esta cabalgadura, y tampoco sé qué más he de pedir para organizar tan deseable viaje”. El Señor: “Por mucho que intentes explorar, será casi infinito el gozo que en realidad vas a encontrar; porque son tantas mis delicias, que jamás ingenio humano podrá conocer todo lo que yo suelo preparar a mis elegidos”[10].

Esta acción puede servir como una buena metáfora del amor salvífico del Señor y de la salvación misma. Aquí nos movemos casi en los confines de la condición humana y la condición divina. La síntesis de las imágenes bíblicas se vuelve más dinámica y expresiva.

 

4.4. Caricias

Hay varios niveles de seguridad. Estando cerca de una persona se descubren cada vez más los distintos estratos de sus necesidades y de sus miedos. Estos, por su parte, suscitan reacciones nuevas y creativas, no solo para mantener la cercanía sino para hacer crecer humanamente y en el amor. Así la debilidad de un amante suscita la creatividad y la valentía en el otro. De este modo los gestos, que desde el punto de vista práctico frecuentemente no significan nada, se vuelve un discurso sutil que, por medio del cuerpo, toca el corazón:

Comprendí que, no obstante mi indignidad, Nuestro Señor me atendía, cumpliendo en mi aquella divina operación que respondía a mis fervientes deseos. Sentí así en espíritu, oh Dios mío, que tú me imprimías en el corazón los estigmas adorables de tus santísimas llagas. Con estas heridas Tú has curado mi alma y me has dado a beber la copa embriagadora del néctar exquisito de tu amor puro[11].

Muy frecuentemente esta acción tiene lugar dentro de un juego de sorpresas. Siempre aparecen nuevas formas de gestos y de comportamientos que calman a través de un encanto profundo. Así, todo puede tener un significado nuevo:

“Con sumo gusto” -responde Gertrudis-. Entonces el Señor la reclinó sobre su Corazón de manera que el corazón de ella se acoplaba a su Corazón divino. Ella descansó allí dulcemente durante un tiempo y sintió en el Corazón el Señor dos latidos admirables y sumamente suaves. Le dice el Señor: “Con cada uno de estos dos latidos se realiza de manera triple la salvación del hombre: el primer latido realiza la salvación de los pecadores; el segundo la de los justos. Por el primero hablo sin cesar a Dios Padre, le aplaco, y le inclino a la misericordia con los pecadores. Por el segundo hablo a todos mis santos, excuso ante ellos al pecador con la fidelidad de hermano y los impulso a orar por él. Por este mismo latido hablo al mismo pecador, le atraigo misericordiosamente al arrepentimiento y espero con inefable deseo su conversión. Con el segundo latido recuerdo continuamente a Dios Padre qué feliz estoy de haber entregado mi sangre para la redención de los justos, y ahora me gozo de encontrar en sus corazones tan variadas delicias. Invito luego a toda la milicia celestial a celebrar conmigo la encomiable vida de los justos, y a que agradezcan a Dios por todos los beneficios que se les han concedido y los que en adelante se les concederán. En fin, este palpitar de mi Corazón es la manera habitual y familiar con que trato con los justos, ya para demostrarles mi amor deliciosamente o para reprenderlos de sus imperfecciones y hacerlos progresar cada día y cada hora más”[12].

Obviamente el corazón continúa siendo del órgano más elocuente para expresar el amor. En este breve pasaje la belleza está en el encuentro inaudito entre simbología y fisiología. Los símbolos, también estos muy presentes en el discurso teológico, son presentados y percibidos como una realidad concreta y tangible. Aun cuando para algunos este tipo de imágenes puede parecerles demasiado literal, no se puede negar su poder expresivo.

Continuará

 


[1] Bernard Sawicki, osb, es monje de la Abadía benedictina de Tyniec (Cracovia) en Polonia, se graduó en teoría de la música y piano. Es doctor en teología. Fue abad de Tyniec entre los años 2005 y 2013. Desde 2014 es Coordinador del Instituto Monástico de la Facultad de Teología del Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma.

[2] Continuamos con la publicación de la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[3] Legatus, I,11,1.

[4] Sal 102.

[5] Legatus, II,4,5.

[6] Legatus, II,12,2.

[7] Legatus, I,14,2.

[8] Legatus, IV,15.

[9] Legatus, II,1,2.

[10] Legatus, V,24,1 y 2.

[11] Legatus, II,4,3.

[12] Legatus, III,51,1 y 2.