LA INFLUENCIA DE SANTA GERTRUDIS SOBRE LOS MÍSTICOS FRANCISCANOS (VI)

Sello de Santa Gertrudis[1] del Real Monasterio de San Clemente de Sevilla, España.

Fotografía del inventario del monasterio. Copyright: Cistercium

Mauro Papalini[2]

4. Santa Verónica Giuliani (Cont.)

Una experiencia común a las dos santas[3] fue la herida del corazón que ambas recibieron: Gertrudis el 25 de marzo de 1289 y Verónica en la noche de Navidad de 1696 de parte del Niño Jesús. Así lo describe santa Verónica:

Alabanza a Dios. Me parece recordar que hace pocos años (1696) la santa noche de Navidad, después de dejar las monjas la iglesia, fui allí a la cuna del pesebre. De repente me pareció ver al Niño del pesebre todo resplandeciente y como una creatura viviente. Yo le rezaba pero con el corazón; lo tomé de la mano. Él se movía y me comunicó un no sé qué. Al final me sentí como loca. En ese momento le decía más y más cosas: ya de afecto, ya de amor, de ofrecimiento, de oración. No recuerdo todo claramente y por eso no lo escribo. Sé que lo tomé con mis manos y lo estrechaba contra mi pecho rogándole que quisiera tomar mi corazón. Sentía algo nuevo en el centro de mi corazón. Tenía cierto conocimiento de mí misma y de mi impotencia; y sentía que todo esto me encendía más a amarlo. Le decía así: “Mi Señor, no puedo nada, hazlo tú por mí”. Tenía mi cabeza apoyada en la suya. No hablaba con la lengua, sino que sentía que mi alma se unía toda a Él con su amor. Me parecía que Él me cambiaba toda en otra. De repente fui elevada sobre mis propios sentidos y me parecía entender que Jesús quería hacerme la gracia de herir mi corazón. ¡Oh Dios! Aquí sí que no puedo decir con la pluma nada de lo que experimenté en ese momento. Solo recuerdo que el niño Jesús tenía en la mano como un arco con una flecha y me parecía que apuntaba directo a mi corazón. Sentí gran dolor. Y mientras volvía en mí, encontré que mi corazón estaba herido y sangraba. No puedo describir con la pluma, ni decir con palabras nada de lo que el Señor me comunicó en ese momento. Solo recuerdo que tuve una íntima unión con Él y me hizo comprender que esta herida era nada (en comparación) con la que me quería hacer pronto[4].

Gertrudis en cambio, pedía con insistencia a Jesús que le traspasara el corazón con una flecha de amor y reveló su deseo a una hermana, invitándola a ayudarla en este pedido. Así prosigue la santa:

Igitur cum post suscepta vivifica sacramenta, ad locum orationis reversa fuissem, videbatur mihi quasi de dextro latere crucifixi depicti in folio, scilicet de vulnere lateris, prodiret tamquam radius solis, in modum sagittae acuatus, qui per ostentum extensus contrahebatur, deinde extendebatur, et sic per moram durans, affectum meum blande allexit. Sed nec sic quidem satisfactum est desiderio meo usque in feriam quartam dum post Missam a fidelibus recolitur tuae adorandae Incarnationis et Annuntiationis dignatio; cui et ego quamvis minus digne intendebam; et ecce tu aderas velut ex improviso infigens vulnus cordi meo cum his verbis: “Hic confluat tumor omnium affectionum tuarum verbi gratia: summa delectationis, spei, gaudii, doloris, timoris, caeterarumque affectionum tuarum stabiliantur in amore meo”[5].

Al retirarme al lugar de la oración tras recibir tan vivificantes sacramentos, me parecía que del costado derecho de un crucifijo pintado en una hoja, es decir, de la herida del costado, salía como un rayo de sol en forma de dardo afilado que se dilataba y se encogía; así durante un tiempo, y excitó tiernamente mi afecto. Pero aún no quedó satisfecho mi deseo hasta el miércoles siguiente, cuando después de la misa se recordaba a los fieles la condescendencia de tu adorable Encarnación y Anunciación aunque no muy dignamente también yo me uní a ellos. Y he aquí que tú te presentaste como de improviso y abriste una herida en mi corazón con estas palabras: “Que se concentre aquí el conjunto de todas las afecciones de tu corazón, por ejemplo: la suma del placer, de la esperanza, del gozo, del dolor, del temor; que todos tus afectos se concentren en mi amor”.

Como san Francisco y santa Gertrudis, también santa Verónica Giuliani tuvo la experiencia de la estigmatización y la describe muy extensamente en su diario. Era el viernes santo, 5 de abril de 1697; la santa se sentía invadida de un gran deseo: ser totalmente conformada al Cristo crucificado y recurrió a la mediación de la Virgen Dolorosa. Después de una serie de ardientes peticiones a Jesús y a María, he aquí el momento culminante:

En un instante vi salir de sus santísimas llagas cinco rayos brillantes, todos dirigidos hacia mí. Los vi venir como pequeñas llamas. En cuatro de ellas había clavos, y en uno, una lanza como de oro, toda encendida, que me traspasó el corazón de parte a parte. Y los clavos me traspasaron las manos y los pies. Sentí gran dolor, pero en el mismo dolor me veía y me sentía totalmente transformada en Dios. Una vez que fui herida, aquellas llamas volvieron de nuevo como rayos brillantes; y los vi posarse en las manos y pies y costado del Crucificado. El Señor me confirmó como esposa suya, me confió a su Madre, me dedicó para siembre bajo su custodia, y me entregó de nuevo a mi ángel de la guarda. Luego me dijo: “Yo soy todo tuyo, pídeme la gracia que quieras y te complaceré”. Yo le respondí: “Concédeme no separarme jamás de ti”. Y en seguida todo desapareció[6].

Como santa Gertrudis, también Verónica pide que Jesús le imprima sus heridas, pero mientras la santa de Helfta las obtiene en el corazón y no habla de dolores físicos, sino que todo acontece en su interior, la capuchina las recibe en su cuerpo y habla insistentemente de dolores agudos, si bien con una alegría inefable: esta estigmatización la acerca mucho a su padre San Francisco.

 

5. La Venerable Clara Isabel Ghersi

Esta religiosa clarisa es uan de las místicas mas importantes del siglo XVIII, aunque no es conocida. Angiola Maria Ghersi nació en Pontedecimo (Genova) el 25 de octubre de 1742 de una familia de buena posición económica y muy piadosa. En su vida se cumplió la visión profética que tuvo a los cinco años, cuando vio al Niño Jesús que continuamente daba vueltas una manzana entre sus manos; ella le pidió llegar a ser su esposa y Él lo aceptó para que ella pudiera ser como aquella manzana que él giraba continuamente. Cuando era una religiosa madura aquella manzana fue para ella el “puro abandono”.

Después de muchas dificultades, el 20 de junio de 1758 entró en el monasterio de la Santísima Trinidad de Gubbio de las Clarisas urbanistas. El 8 de diciembre del mismo año hizo la vestición tomando los nombres de Clara Isabel de la Santísima Concepción. Un año más tarde emitió su profesión. En el monasterio comenzó una vida exteriormente tranquila: siempre puntual en las actividades comunitarias, se destacó particularmente como enfermera.

El 17 de septiembre fe elegida abadesa y continuó siéndolo hasta su muerte. A partir de 1782 su salud se agravó cada vez más a causa de diversas enfermedades, hasta que, a partir de 1787 quedó postrada y ya no pudo levantarse, continuando sin embargo en el gobierno de la comunidad. Murió el 27 de octubre de 1800 en gran concepto de santidad. Su vida mística en cambio fue muy viva y conoció diversas fases: recibió su vocación en una visión de los santos Francisco y Clara, que la destinaron al monasterio de Gubbio. En los primeros siete años tuvo grandes tentaciones, que combatió con gran fortaleza. El 8 de diciembre de 1767 experimentó el compromiso espiritual con Jesucristo, y un año después, en la misma fecha, el matrimonio espiritual; y desde aquel momento las tentaciones cesaron. Vivió sus graves enfermedades con un sentido de expiación por los muchos pecados de la sociedad de su tiempo, la segunda mitad del siglo XVIII: la edad del iluminismo, de los trastornos provocados por la revolución francesa y las invasiones napoleónicas.

La Venerable Clara Isabel Ghersi no dejó produjo intencionalmente ningún escrito, pero por orden de sus confesores fue obligada a escribir cuatro largos relatos, aún hoy inéditos. En ellos se pueden rastrear las influencias a las que estuvo expuesta por las lecturas de las obras que había en la biblioteca de su monasterio, donde no faltaban los escritos de santa Gertrudis. Muy probablemente ella los leyó y apreció, aún cuando en aquella época era muy fuerte el influjo carmelitano de santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz.

Uno de los componentes más interesantes de su experiencia mística es el “puro abandono” que ella explica así:

Pero lo resulta más atormentador que toda otra cosa es el gran temor que el alma siente de ofender a Dios, temiendo especialmente alejarse del abandono total a su Santísima Voluntad, y por ello en tales circunstancias no hace otra cosa que quedarse fija con toda sus fuerzas, en esta santísima no solo resignación, sino total abandono al divino beneplácito. Parecerá extraño que diga no solo resignación sino abandono, siendo que ambos parecen referirse a la misma cosa, pero no es así para el alma, que los conoce y siente una gran distancia entre ellos. Lo que ella entiende por resignación son los esfuerzos que hace la voluntad para sufrir y abrazar humildemente todas las cosas que Dios permite para nuestro bien, aunque sean contrarias a nuestro gusto. Pero el puro abandono, como es hijo legítimo del amor desinteresado, no admite esfuerzos o violencias, son que amorosamente y sin búsqueda de razones, ciegamente se confía en los brazos de Dios, no para ser consolado por Él, defendido o protegido, sino porque Dios es el Dios que es. In estos actos de simple abandono en Dios, dicha persona siente[7] todo su centro, quiero decir que aquí, como animal silvestre encuentra su guarida para esconderse, y, como carece de razón, no sigue investigando como se ha formado la guarida, así parece que el alma no siente la razón y no puede sentirla. Y sin embargo, sin reflexiones ni consideraciones escapa a su propio escondrijo. Dios quería que supiera explicar una cosa tan interior, pero no tengo términos justos para hacerlo[8].

La venerable distingue entre resignación, que consiente en hacer la voluntad de Dios sabiendo que es justa, pero que puede también ser contraria al propio gusto, y el “puro abandono”, que significa abandonarse a lo que place a Dios, a su “beneplácito”. Ella lo explica con un lenguaje eficaz y hasta a veces poético.

 

6. Conclusión

Hemos analizado solo unos pocos ejemplos para mostrar la vastísima influencia que santa Gertrudis ejerció en la vida espiritual y religiosa franciscana entre la segunda mitad del siglo XVI y hasta fines del siglo XVIII, pero habríamos podido ofrecer otros muchos ejemplos. Leyendo los textos que se han referido, se puede ver que, como el delta de un río, la doctrina gertrudiana se ramificó en muchos canales que se mezclaron con las características de las órdenes religiosas y de las personas individuales, de hecho. En efecto, se encuentran pensamientos, imágenes y expresiones de la santa de Helfta incluso en obras no conscientemente inspiradas en ella pero fruto de la lectura que se hacía de ella en los monasterios o de la predicación de aquellos tiempos, que tendía a presentar a santa Gertrudis como modelo de la amante de Jesucristo a imitar. Pocas figuras en la historia ya bimilenaria de la Iglesia han tenido el impacto que santa Gertrudis ha encontrado en los fieles religiosos y laicos.

 

Para descargar en PDF:

Mauro Papalini - La influencia de santa Gertrudis en los místicos franciscanos.

https://drive.google.com/open?id=18HDWcPdjWuGS_TSypvBCprpdUg_5Xhvm

 


[1] Sello de madera, de superficie convexa, para uso de expedición de documentos para las novenas y culto religioso de santa Gertrudis, con la inscripción: + S. Gertrvdis La Magna Ora Pro n.+. Encontrado en la sacristía del monasterio.

[2] Mauro Papalini es graduado en lengua y literatura extranjeras, especialista en filología románica y en historia de las Clarisas, Terciarias franciscanas, Agustinas y de otras Órdenes. Estudioso de la mística y de los aspectos económico-jurídicos de las comunidades religiosas femeninas, ha publicado numerosos estudios en revistas especializadas. Está trabajando en la publicación de textos relacionados con algunas clarisas y varios monasterios.

[3] Continuamos con la publicación de la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDIS DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[4] V. GIULIANI, “Un tesoro nascosto”, ossia Diario di S. Veronica Giuliani religiosa clarissa cappuccina in Città di Castello scritto da lei medesima, Pubblicato e corredato di note dal P. P. Pizzicaria D.C.D.G., nuova edizione curata dal Sac. O. Fiorucci, Volumen I: 1693-1694- 1695-1696-1697, Monasterio de las Capuchinas, Città di Castello 1969, 66-67.

[5] Gertrude d’Helfta, Le héraut Livres I et II, lib. II, cap. V, 248-250.

[6] V. GIULIANI, “Un tesoro nascosto”, vol. I, 897.

[7] La Venerable Clara Isabel Ghersi escribe casi siempre en tercera persona, “la connota persona” (dicha persona) es una de las expresiones que usa para referirse a sí misma.

[8] M. PAPALINI, “La sposa del supremo Monarca, alcune considerazioni sulla vita interiore della Ven. Chiara Isabella Ghersi clarissa urbanista, abbadessa del monastero della SS.ma Trinità di Gubbio”, en All’ombra della chiara luce, A. HOROWSKI [Ed.] (Biblioteca seráfiico-capuchina 75), Instituto histórico de los Capuchinos, Roma, 2005, 247-248. En dicho estudio se indican los manuscritos de los relatos y la biografía de la venerable Clara Isabel.