TEXTOS PARA LA VIDA MONÁSTICA CRISTIANA (102)

Jesús lava los pies de sus discípulos. 1304-1306. Giotto di Bondone. Padua, Italia.

 

LOS APOTEGMAS DE LAS MADRES Y LOS PADRES DEL DESIERTO

Letra Pi

ABBA PASTOR[1]

1. Abba Pastor, cuando era joven, fue una vez a visitar a un anciano para interrogarlo acerca de tres pensamientos. Cuando llegó adonde estaba el anciano, olvidó uno de los tres y regresó a su celda, pero cuando estiró la mano para abrir el cerrojo, recordó la palabra que había olvidado. Dejando la llave, regresó adonde estaba el anciano. Este le dijo: “Te apresuraste a venir, hermano”. Él le contó: “Cuando estiré la mano para tomar la llave, recordé la palabra que buscaba y no abrí; por eso he regresado”. Era muy grande la distancia de camino. Le dijo el anciano: “Pastor de rebaños, tu nombre será pronunciado en todo Egipto”.

2. Paesio, hermano de abba Pastor, tenía familiaridad con un tal fuera de su celda. Abba Pastor no lo quería, y levantándose huyó adonde estaba abba Amonas y le dijo: “Paesio, mi hermano, tiene familiaridad con uno, y yo no tengo tranquilidad”. Le respondió abba Amonas: “Pastor ¿todavía vives? ve, siéntate en tu celda y pon en tu corazón que llevas un año en el sepulcro”.

3. Vinieron una vez los presbíteros de la región a los monasterios donde estaba abba Pastor. Entró abba Anub y le dijo: “Invitemos hoy a los presbíteros”. Aunque estuvo mucho tiempo de pie, no le dio respuesta. Y salió triste. Le dijeron los que estaban cerca suyo: “Abba, ¿por qué no respondiste?”. Les dijo abba Pastor: “No tengo nada que ver con esto: estoy muerto, y el muerto, no habla”.

4. Antes de que llegasen los que estaban con abba Pastor, había en Egipto un anciano muy conocido y estimado. Cuando subieron desde Escete los que estaban con abba Pastor, los hombres abandonaron al anciano y acudían a abba Pastor. Este se afligió y dijo a sus hermanos: “¿Qué haremos a este gran anciano, porque los hombres nos han puesto en apuros, abandonando al anciano y acudiendo a nosotros, que no somos nada? ¿Cómo podremos aliviar al anciano?”. Y les dijo: “Hagan un poco de comida y tomen un odre de vino, y vamos adonde él está y comeremos juntos; de este modo, tal vez, podamos aliviarlo”. Tomaron el alimento y partieron. Cuando golpearon a la puerta, preguntó su discípulo: “¿Quiénes son?”. Ellos respondieron: “Di al abba que está Pastor, que quiere ser bendecido por ti”. Cuando se lo anunció el discípulo, contestó: “Vete, no puedo”. Ellos, sin embargo, permanecieron bajo el sol diciendo: “No nos alejaremos si no logramos ver al anciano”. El anciano, al ver su humildad y su paciencia, se condolió y les abrió, y entrando, comieron con él. Mientras comían dijo: “En verdad, no sólo es verdad lo que oí de ustedes, sino que en su obra lo he visto cien veces más”. Y fue su amigo desde aquel día.

5. El jefe de la región quiso en cierta ocasión ver a abba Pastor, y el anciano no lo permitía. Pretextando que se trataba de un malhechor, tomó al hijo de su hermana y lo mandó a la cárcel diciendo: “Si viene el anciano y me pide por él, yo lo libraré”. Y llegó su hermana, llorando, ante la puerta, pero él no le dio respuesta. Ella le respondió diciendo: “Entrañas de piedra, ten piedad de mí, pues es mi unigénito”. Él mandó decirle: “Pastor no tuvo hijos”. Y ella se retiró. Al oír esto el jefe mandó decirle: “Al menos manda con una palabra y lo libraré”. El anciano respondió diciendo: “Procede de acuerdo a las leyes: si es digno de muerte, que muera; si no es, haz lo que te parezca”.

6. Pecó una vez un hermano en un cenobio. Vivía en esos lugares un anacoreta, que hacía mucho tiempo que no salía. Vino el abad del cenobio adonde estaba el anciano, y le comunicó lo del hermano que había pecado. El respondió: “Expúlsenlo”. Salió el hermano del cenobio, entró en una cueva, y estaba llorando allí. Sucedió que unos hermanos que iban a ver a abba Pastor, lo oyeron llorar y lo encontraron en grande aflicción. Le rogaron que acudiese al anciano, pero él no quiso diciendo: “Aquí he de morir”. Fueron entonces adonde estaba abba Pastor y le contaron lo sucedido. El los exhortó y los despidió diciéndoles: «Díganle: “Abba Pastor te llama”». El hermano vino y cuando el anciano lo vio tan afligido, se levantó para saludarlo y agasajándolo lo invitó a comer. Mandó después abba Pastor un hermano para decirle al anacoreta: “Desde hace muchos años deseaba verte, porque he oído de ti, pero por la pereza de ambos no nos hemos encontrado. Ahora, si Dios quiere y aprovechando la ocasión, haz el esfuerzo de venir para que nos veamos”. Él no salía de su celda. Al oírlo, dijo: “Si Dios no hubiera inspirado al anciano, no me hubiera mandado a llamar”. Y levantándose fue hacia él. Después de saludarse con alegría, se sentaron. Abba Pastor le dijo: “Dos hombres vivían en cierto lugar y ambos tenían un muerto consigo; uno de ellos dejó a su muerto y se fue a llorar el muerto del otro”. Al oírlo el anciano se entristeció por lo dicho, y recordó lo que había hecho y dijo: “Pastor está muy alto en el cielo, y yo muy abajo en la tierra”.

7. Varios hermanos fueron una vez adonde estaba abba Pastor. Un pariente de abba Pastor tenía un niño, cuyo rostro un mal espíritu había vuelto hacia atrás. Viendo su padre la multitud de Padres, tomó al niño, y fuera del monasterio, se sentó llorando. Uno de los ancianos salió y al verlo le dijo: “¿Por qué lloras, oh hombre?”. El respondió: “Soy pariente de abba Pastor y ha caído sobre el niño esta tentación. Quisimos mostrárselo al anciano, pero hemos tenido miedo. Porque no quiere vernos, Y si ahora supiese que estoy aquí, me haría expulsar. Pero yo, al ver que venían me animé a venir. Si lo quieres, abba, apiádate de mí y lleva al niño al interior, y oren por él”. El anciano, tomando al niño entró y fue prudente, no se lo mostró enseguida a abba Pastor, sino que, comenzando por los hermanos menores decía: “Signen al niño”. Cuando hubo hecho que todos lo signaran por su orden, finalmente lo llevó a abba Pastor. Pero éste no quería signarlo. Ellos le rogaban: “Como lo hicieron todos, debes hacer tú también, padre”. Y gimiendo, se levantó para orar diciendo: “ ¡Oh, Dios, sana a esta criatura tuya, para que no lo domine el enemigo!”. Y signándolo, se curó en seguida, y se lo devolvió curado a su padre (cf. Lc 9,42).

8. Un hermano de los que estaban cerca de abba Pastor, fue al extranjero y encontró cierto anacoreta, que era caritativo y muchos acudían a él. El hermano le habló de abba Pastor. Y al oír su virtud, quiso ir a verlo. Cuando el hermano hubo regresado a Egipto, después de un tiempo se levantó el anacoreta, y fue a lo del hermano de Egipto que él había recibido, puesto que le había indicado dónde vivía. Al verlo se asombró y se alegró mucho. El anacoreta dijo: “Hazme la caridad, llévame adonde se encuentra abba Pastor”. Lo llevó hasta donde estaba el anciano y se lo presentó en estos términos: “Es un gran hombre, que tiene mucha caridad y es muy honrado en su región. Le hablé de ti y ha venido con el deseo de verte”. Lo recibió con alegría y después de saludarse se sentaron. Comenzó el extranjero a hablar de la Escritura, acerca de cosas espirituales y celestiales. Abba Pastor volvió su rostro y no le respondió. Viendo que no hablaba con él, se retiró entristecido y dijo al hermano que lo había llevado: “Inútilmente he hecho este viaje, fui donde el anciano y no ha querido hablar conmigo”. Entró el hermano en lo de abba Pastor y le dijo: “Abba, por ti ha venido este gran hombre, que tiene tanta gloria en su región ¿por qué no le has hablado?”. Y le respondió el anciano: “Él es de las alturas y habla de cosas celestiales. Yo soy de aquí abajo y hablo de cosas terrenales, si me habla de cosas espirituales, yo nada sé de ellas; pero si me habla de las pasiones del alma, le responderé”. Saliendo de allí el hermano le dijo: “El anciano no habla fácilmente de la Escritura, pero si alguien le habla de las pasiones del alma, le responde”. Él, arrepentido, fue adonde estaba el anciano y le dijo: “¿Qué haré, abba, porque me domina la pasión del alma?”. Y el anciano le respondió con alegría, diciéndole: “Ahora vienes bien, abre tu boca para estas cosas y la llenaré de bienes”. Él, muy edificado, dijo: “Este es el verdadero camino”. Y dando gracias a Dios por haber merecido encontrar un santo semejante, se volvió a su región.

9. El gobernador de la provincia apresó a un hombre de la aldea de abba Pastor. Y vinieron todos a rogar al anciano que fuese y lo librase. El respondió: “Denme tres días, e iré”. Oró abba Pastor a Dios diciendo: “Señor, no me concedas esta gracia, ya que de otro modo, no me dejarán vivir en este lugar”. Vino el anciano para rogar al gobernador y éste le dijo: “¿Pides por un ladrón, abba?”. Se alegró el anciano, porque no recibió la gracia.

10. Contaron que estaban trabajando abba Pastor y sus hermanos, haciendo cuerdas, pero no progresaban porque no tenían para comprar el hilo. Uno de sus amigos contó la cosa a un comerciante fiel. Abba Pastor no quería recibir nada de nadie, por la molestia. El mercader, queriendo hacer algo por el anciano, simuló tener necesidad de las cuerdas, y tomando un camello, las llevó. Vino un hermano adonde estaba abba Pastor, y como supo lo que había hecho el mercader, queriendo alabarlo, dijo: “En verdad, abba, las llevó sin tener necesidad, para hacer algo por nosotros”. Al oír abba Pastor que las había llevado sin necesidad, dijo al hermano: “Levántate, alquila un camello y tráelas. Si no las traes, Pastor no vivirá más con ustedes. No quiero hacer injuria a nadie. ni que padezca un daño adquiriendo lo que no precisa, para provecho mío”. Se fue su hermano, y las trajo con mucho esfuerzo. Si no lo hubiese hecho, se hubiera marchado el anciano. Cuando lo vio, se alegró, como si hubiese hallado un gran tesoro.

11. Un presbítero de Pelusio oyó decir que algunos hermanos iban a la ciudad con frecuencia, frecuentaban los baños y no ejercían la guardia sobre sí mismos. Por lo que les quitó el hábito cuando fue a la synaxis. Pero después, sintiéndose afligido en el corazón por esa causa, se arrepintió y fue a ver a abba Pastor, como embriagado por sus pensamientos. Llevó consigo los levitones de los hermanos e informó al anciano sobre lo sucedido. El anciano le dijo: “¿Por ventura, no queda en ti nada del hombre viejo? ¿Lo has apartado de ti?”. El presbítero le respondió: “Aún participo del hombre viejo”. Entonces le dijo el anciano: “Ves, tú también eres como los hermanos. Porque si todavía participas algo de lo antiguo, te hallas de modo semejante sujeto al pecado”. Fue entonces el presbítero y llamó a los hermanos y, pidiéndoles perdón, los vistió con el hábito monástico y los dejó marchar.

12. Interrogó un hermano a abba Pastor, diciendo: “He cometido un gran pecado y quiero hacer penitencia durante tres años”. El anciano le respondió: “Es demasiado”. El hermano le dijo: “¿Y durante un año?”. El anciano volvió a decirle: “Es demasiado”. Los que se hallaban presentes dijeron: “¿Y durante cuarenta días? “Volvió a decirles: “Es demasiado”. Y agregó: “Por mi parte digo que si un hombre se arrepiente de todo corazón y no vuelve a pecar, Dios lo recibe en tres días”.

13. Dijo también: “La señal del monje se manifiesta en las tentaciones”.

14. Dijo también: “Así como la guardia del emperador lo asiste siempre dispuesta, así le conviene al alma estar preparada contra el demonio de la fornicación”.

15. Abba Anub interrogó a abba Pastor acerca de los pensamientos impuros que engendra el corazón del hombre y acerca de los vanos deseos. Abba Pastor le dijo: «“¿Se gloriará acaso el hacha sin aquél que corta con ella? (Is 10,15)”. También tú: no les extiendas la mano y estarán ociosos».

16. Dijo también abba Pastor: “Si Nebuzardán, el jefe de la cocina, no hubiera venido, el templo del Señor no hubiera sido incendiado (cf. 2 R 25,8). Esto significa que si la dejadez de la gula no viniese al alma, el espíritu no caería en el combate con el enemigo”.

17. Decían acerca de abba Pastor que si era invitado a comer iba, aunque llorando y contra su voluntad, por no negarse a obedecer a su hermano y causarle pena.

18. Dijo también abba Pastor: “No vivas en un lugar donde veas que alguien tiene envidia de ti, porque si no lo haces así, no progresarás”.

19. Ciertos hermanos contaron a abba Pastor acerca de cierto monje que no bebía vino. Y él dijo: “El vino no es en absoluto propio de monjes”.

20. Abba Isaías interrogó a abba Pastor acerca de los pensamientos impuros. Abba Pastor le dijo: “Así como se corrompen con el tiempo los vestidos que se dejan olvidados en un arca, también los pensamientos, si no los ponemos corporalmente en práctica, se corrompen, es decir, desaparecen”.

21. Abba José preguntó acerca del mismo pensamiento y abba Pastor le, respondió: “Si alguien arroja una serpiente y un escorpión dentro de una vasija y la cierra, con el tiempo ellos desaparecerán por completo. Lo mismo sucede con los malos pensamientos: sugeridos por los demonios, desaparecen por la paciencia”.

22. Un hermano vino a ver a abba Pastor y le dijo: “Siembro mi campo y hago caridad con ello”. El anciano le dijo: “Haces bien”, y aquél partió con fervor e intensificó la caridad. Abba Anub, al escuchar esto, le dijo: “¿No temes a Dios, que le has hablado así al hermano?”. El anciano guardó silencio. Dos días más tarde, abba Pastor vio llegar al hermano y le dijo, en presencia de abba Anub: “¿Qué me dijiste el otro día? Puesto que tenía la mente en otra parte”. El hermano respondió: “Te dije que siembro mi campo y hago caridad con ello”. Abba Pastor le dijo: “Pensé que te referías a tu hermano que vive en el mundo. Pero si eres tú quien obra así, ello no es propio de un monje”. Al escuchar esto, aquél se entristeció y dijo:”No sé hacer ningún otro trabajo fuera de este, y no puedo dejar de sembrar mi campo”. Cuando se hubo marchado, abba Anub hizo una metanía y dijo: “Perdóname”. Abba Pastor le dijo: “Yo sabía también, desde el comienzo, que ese no era trabajo propio de un monje, pero le hablé conforme a sus ideas y le di aliento para que aumentara su caridad. Pero ahora se ha marchado triste y obrará nuevamente como antes”.

23. Abba Pastor dijo: «Si un hombre ha pecado y lo niega, diciendo: “No pequé”, no lo reprendas, porque tal vez de ese modo lo desanimas. Pero si le dices: “No te desanimes, hermano, pero cuídate de ahora en adelante”, excitas su alma a la penitencia».

24. Dijo también: “La experiencia es una cosa buena, porque ella enseña[2] al hombre paciente”.

25. Dijo también: “Un hombre que enseña y no pone en práctica las cosas que enseña, es semejante a una fuente que abreva y lava a todo el mundo, pero que no puede purificarse a sí misma”.

26. Cierta vez, pasando abba Pastor por Egipto, vio una mujer sentada junto a un sepulcro, llorando amargamente. Y dijo: “Aunque vinieran todos los deleites de este mundo, no podrían apartar su alma de la compunción. De modo semejante, el monje debe tener siempre en sí mismo la compunción”.

27. Dijo también: “Hay un hombre que parece callar, pero que condena a otros en su corazón; ese tal habla constantemente. En cambio, hay otro que habla de la mañana a la noche, y sin embargo guarda silencio; es decir, no dice nada que no sea de provecho”.

28. Un hermano se llegó adonde abba Pastor y le dijo: “Abba, tengo innumerables pensamientos y ellos me ponen en peligro”. El anciano lo llevó fuera y le dijo: “Llena tu pecho y retiene el aire”. Pero aquél le dijo: “No puedo”. El anciano le dijo: “Si no puedes hacer esto, tampoco puedes impedir que lleguen a ti los pensamientos, pero el resistirlos depende de ti”.

29. Dijo abba Pastor: “Si se encuentran tres hermanos, de los cuales uno guarda la paz interior con perfección, el otro da gracias a Dios en las enfermedades y el tercero sirve a otros con un corazón puro, los tres están obrando lo mismo”.

30. Dijo también: «Está escrito: “Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así mi alma te desea a ti, Dios mío (Sal 41 [42],2)”. En efecto, los ciervos en el desierto engullen muchos reptiles, y como el veneno los quema, desean ir a beber a las fuentes para refrescar el ardor del veneno de las serpientes. Del mismo modo, los monjes que permanecen en el desierto son abrasados por los demonios malvados, y suspiran por el sábado y el domingo, para ir a las fuentes de las aguas, es decir, el Cuerpo y la Sangre del Señor, para ser purificados de la amargura del maligno».

31. Abba José preguntó a abba Pastor: “¿Cómo conviene ayunar?”. Abba Pastor le respondió: “Por mi parte, prefiero a aquel que come un poco cada día para no saciarse”. Abba José le dijo: “Cuando eras más joven, ¿acaso no ayunabas durante dos días seguidos, abba?”. Respondió el anciano: “Sí, y aun durante tres, cuatro y toda una semana. Los Padres, hombres resistentes, probaron todas estas cosas y hallaron preferible comer todos los días una cantidad pequeña; y nos legaron un camino real, que es confortable”.

32. Decían acerca de abba Pastor que cuando se disponía para ir a la synaxis, se sentaba en la soledad y examinaba sus pensamientos durante una hora, y después salía.

33. Un hermano interrogó a abba Pastor diciendo: “Me han dejado una herencia, ¿qué he de hacer con ella?”. El anciano le dijo: “Vete, y vuelve dentro de tres días, que te lo diré”. Cuando volvió conforme a lo que se le había mandado, el anciano le habló así: “¿Qué puedo decirte, hermano? Si te digo: Dalo a la Iglesia, harán banquetes con ella; si te digo: Dalo a tus parientes, no te será de provecho alguno; si te digo: Dalo a los pobres (Mt 19,21), no lo harás. Haz, pues, lo que quieras, que no es asunto mío”.

34. Otro hermano lo interrogó, diciendo: “¿Qué significa: No devolverás mal por mal (1 Ts 5,15)?”. El anciano le dijo: “Esta pasión tiene cuatro etapas: la primera es la del corazón, la segunda la del ojo, la tercera la de la lengua y la cuarta es no devolver el mal por el mal. Si purificas tu corazón, la pasión no viene a los ojos; mas si viene a los ojos, cuida de no hablar; pero si hablas, deja inmediatamente de hacerlo, para no devolver mal por mal”.

 


[1] Las colecciones de apotegmas le consagran a abba Pastor (= Poimén) un espacio de una amplitud excepcional: la serie alfabética editada por Cotelier contiene 187 (sentencias), a las que hay que añadir una veintena de piezas complementarias que contiene el alphabeticon normal y las dieciséis diversas de la colección sistemática. Si se añaden las 21 piezas que se encuentran en las diversas colecciones griegas posteriores (colecciones derivadas) se llega a casi los doscientos cincuenta apotegmas, es decir, un cuarto de la serie alfabética normal. Todavía hay que agregar que Pastor es citado en veinticinco apotegmas pertenecientes a otros autores. estamos entonces ante un conjunto muy considerable. Y, sin embargo, a pesar de esta documentación tan generosa, sabemos muy pocas cosas de su vida... Pastor vivió en Escete junto con sus seis hermanos, de los que el mayor se llamaba Anub y otro Paesios. Fue probablemente después de largo tiempo cuando, al producirse la devastación de Escete, se vieron obligados a huir (cf. Anub 1). Esto sucedió en el año 407. Los siete hermanos fueron juntos a Terenuthis (Anub 1). Este lugar será, según parece, su residencia habitual. Sin embargo, al menos una vez, Pastor fue en compañía de Anub a la región de Diolcos. Se sabe asimismo que murió después que Arsenio (+ 449), puesto que lloró al enterarse de su muerte (Arsenio 41). No se puede precisar más el cuadro geográfico y cronológico de su existencia. Pastor aparece como el sabio gestor de un tesoro del cual es heredero. Comprendiendo, tal vez, que con la devastación de Escete se daba vuelta una página de la historia, se esforzó por recoger todos los frutos del gran siglo escetiota, reagrupando los fragmentos para que no se perdiera nada (cf. SCh 387, pp. 77-79). “Con abba Pastor la escuela de la espiritualidad del desierto alcanza verdaderamente su cima y es también con él que el género apotegmático llega a su apogeo” (Sentences, p. 220).

[2] Otra lectura: hace al hombre paciente.