Editorial

El Concilio Vaticano II despertó al interior de la vida consagrada un deseo de comunión entre las comunidades pertenecientes a una misma orden religiosa. Ese impulso llevó a  los superiores de los monasterios benedictinos y cistercienses de Argentina, Chile y Uruguay a buscar encontrarse y conocerse mejor, dando así origen a la Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur (SURCO). Uno de los frutos de estas iniciativas y, a la vez, el primer paso hacia la mutua colaboración ha sido el proyecto y la creación de los Cuadernos Monásticos, cuya publicación se inicia en  julio de 1966. Su fundador y primer director fue el P. Antonio Ghiotto, monje de la Abadía del Niño Dios, y para calibrar el tono que desde el inicio se le quiso dar a nuestra revista extraigo esta cita de su primera editorial: “La finalidad de estos CUADERNOS, además de ser un factor de unión entre los centros de vida monástica sudamericanos, es la de hacer accesibles a los monjes y a todo el que quiera interesarse por la vida monástica, la literatura antigua, medieval y moderna sobre el tema, de hecho ausente de nuestros ambientes culturales. … Los CUADERNOS MONÁSTICOS serán impresos a mimeógrafo y circularán como manuscritos, no pudiendo ser puestos en venta; tampoco habrá suscripciones pagas por adelantado, aceptándose únicamente donaciones voluntarias que podrían ser de cien pesos argentinos o un dólar”.

Porque estamos ya cruzando el umbral de nuestro aniversario de oro,  queremos dedicar los cuatro números de este año a esos temas que han sido desde el comienzo importantes para nosotros: la lectio divina, monacato antiguo y Regla de san Benito, monacato actual, liturgia.  Intentaremos favorecer el testimonio de esos monjes y monjas que en nuestras comunidades puedan ser un referente para las nuevas generaciones –entre ellos el de Madre Plácida Zorrilla, osb, Abadesa emérita de la Abadía Madre de la Iglesia, de Uruguay, que abre este Cuaderno como un modo de unirnos a la celebración del Jubileo de oro de la fundación de ese monasterio–, y volveremos también a publicar algunos de aquellos artículos que en su momento fueron muy leídos y continúan siéndolo hoy. Tanto en estos artículos re-leídos como en los testimonios de nuestros monjes mayores podremos ir reconociendo que hay algo que permanece y permanecerá: el Espíritu Santo que guía a su Iglesia, a los grandes y a los pequeños, a sabios e ignorantes, a todo el que quiera seguirlo, porque su amor es eterno.  

En este primer número de este año tomamos entonces como hilo conductor el tema de la lectio divina. En nuestras comunidades la lectio divina es como el contrapunto de la oración comunitaria. Además la lectio divina se prolonga en una oración que a lo largo del día quiere hacerse continua, unificando toda la vida del monje a partir de Cristo, que desde la Escritura se va haciendo visible también en el rostro de los hermanos. Aunque en los monasterios encontramos horarios establecidos para la lectio divina, hay una gran diversidad en la manera como cada monje reza con la Biblia. El P. Mamerto Menapace dirá que “leer la Biblia es como prender un fueguito. Hacer la lectio es como quedarse a su lado mirándolo lento, mientras dejás que el calorcito se te meta dentro. Yo lo hago mientras tomo mi mate tempranero. Mate y Biblia, se me han aquerenciado, haciendo buena yunta”.

En fin,  sea como fuera el modo de nuestra lectio divina, permanecen siempre actual y vigentes esas palabras  de san Jerónimo “lee con mucha frecuencia y aprende lo más posible. Que te sorprenda el sueño con el códice en la mano y caiga tu rostro sobre la santa página”.

Esperamos ofrecer así a nuestros lectores una posibilidad para caminar con la Iglesia en este año dedicado a la vida consagrada, favoreciendo en todos el asombro y la alegría del evangelio.

 

Benito Rodríguez, osb

Presidente de SURCO

 

Tapa: Fra Angélico (Guido di Pietro da Mugello). La Anunciación (detalle). 1437-42. Convento San Marcos de Florencia Fresco. 230 x 312,5 cms. 

 

SUMARIO

Editorial

Artículos

PLÁCIDA MARÍA ZORRILLA, OSB

«Hay algo que permanece y permanecerá: el Espíritu Santo que guía a su Iglesia, a los grandes y pequeños, a sabios e ignorantes, a todo el que quiera seguirlo... “porque su amor es eterno”».

JEAN LECLERCQ, OSB

«En este ensayo me ceñiré a lo que podría llamarse la “unidad de la oración”. En primer lugar trataré de recordar la razón fundamental de esta unidad, y después mostrar de qué manera se ha realizado en las dos formas principales de oración: la liturgia y la oración privada».

MAMERTO MENAPACE, OSB

«No es una simple lectura, ni tampoco un estudio. Leer la Biblia es como prender un fueguito. Hacer la “Lectio” es como quedarse a su lado mirándolo lento, mientras dejás que el calorcito se te meta adentro».

MARTÍN DE ELIZALDE, OSB

“Me parece que puede ser útil recordar algunos momentos de la historia de la lectura bíblica, y distinguir las formas que puede revestir una lectura devota y reflexiva de la Palabra de Dios, con una consideración especial a la espiritualidad y vida de oración de las vírgenes consagradas”.

Fuentes

Decía abba Pastor de abba Nesteros, que como la serpiente de bronce en el desierto curaba a cualquiera del pueblo que la mirara (cf. Nm 21,8-9), así era el anciano: poseía la virtud toda, y en silencio, sanaba a todos.

Libros

BERNARDO ÁLVAREZ, OSB