Inicio » Cuadmon » Cuadernos Monásticos Nº 105

Editorial

Con el envío de los Lineamenta comienza para la Iglesia el año del Sínodo Ordinario de los Obispos sobre la vida consagrada, convocado para 1994. Después de la renovación teológica que procuró el Concilio, y que alcanzó de manera privilegiada a la vida religiosa, esta forma parte de toda consideración que se haga sobre la Iglesia. La participación de los religiosos y religiosas en la vida y la actividad de la misma no consiste tan solo en su Intervención en las iniciativas apostólicas, en la colaboración en las tareas exteriores y en su apoyo espiritual en el ámbito interior, sino que, representando de manera ejemplar la respuesta a la llamada del Evangelio a la santidad por la profesión de los consejos, es una dimensión de la Iglesia. Dimensión que, en variedad de formas, se ha dado siempre, y siempre se habrá de dar. Vocación a la santidad, seguimiento e imitación de Cristo, ya sea en la contemplación o en la obra apostólica, arraigada en el corazón de la presencia de Cristo en su Pueblo en marcha, y que los textos doctrinales y legislativos más recientes han extendido a nuevas formas de vida consagrada y a otras emparentadas con ella, como signo y expresión de un mismo carisma.

La Iglesia, corno Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, es sacramental y jerárquica, es santa y peregrina, es contemplativa y activa, está a la escucha de la Palabra de Dios y la proclama y difunde, espera la Venida del Señor y la anticipa con su propia experiencia del Resucitado, es tradicional y es nueva. La vida religiosa, al testimoniar la radicalidad del Evangelio, busca la unidad de los hombres en la fe de Cristo porque vive en la comunidad de los apóstoles; extiende en la misión el anuncio evangélico. porque tiene su centro en la familiaridad con Cristo cabeza.

Los monjes reconocemos en la riqueza de formas de la vida consagrada la riqueza de la Iglesia y su santidad, y nos sabemos y sentimos comprometidos con sus miembros en la respuesta a la llamada de Cristo.

Esta entrega reúne un material variado, que Incluye la experiencia espiritual de ese gran monje y hombre de Iglesia, teólogo y pastor, que fue san Anselmo, hasta la trayectoria histórica de los c1stercienses reformados o trapenses, en el centenario recién cumplido de su existencia como Orden. La presentación de la liturgia monástica según Casiano, maestro de los monjes de Occidente formado en la escuela de los Padres orientales, y de la iniciación cristiana en otro gran pastor de almas, San Ambrosio, que tanto hizo también por el afianzamiento de la Institución de las vírgenes en su iglesia, nos propone con el ejemplo de la tradición, un modelo de Iglesia en el que la participación de los fieles en los misterios es introducida y presidida por el Obispo, a la vez que los monjes, en sus celebraciones, profundizan la dimensión contemplativa de la misma, según un modelo diversificado pero no incompatible ni divergente, del que importa captar la especificidad de cada uno de los aspectos. Un texto Importante del monacato lerinense, el De laude eremi, de Euquerio, monje del cenobio Insular y después obispo de Lyon, ocupa la sección Fuentes.

En los restantes números del año esperamos continuar la reflexión sobre estos temas fundamentales, vinculados al que ha sido propuesto para el Sínodo de los Obispos, ofreciendo este material a nuestras comunidades y a nuestros lectores en general, y presentando un aporte, aunque parcial y modesto, para esa convocatoria eclesial.

SUMARIO

Editorial

La liturgia monástica en Casiano

Artículo

Liturgia de iniciación cristiana y catequesis mistagógica en San Ambrosio de Milán (II Parte)

Artículo

La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (1892-1992)

Artículo

San Anselmo de Cantorbery. Una Palabra orante

Artículo

Recensiones - Libros recibidos

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